3 de diciembre de 2014

¡Hipócritas!

Si bien es lamentable la muerte de un seguidor de un equipo de fútbol este pasado domingo en una reyerta, tampoco nos puede sorprender; y mucho menos a los periodistas que ahora dedican y dedicarán horas a eso de "erradicar la violencia en el fútbol".

Porque para quien siga esto del periodismo deportivo, los periodistas son los primeros que alientan a esa violencia en el fútbol, con un lenguaje que tiene poco de deportivo y mucho de bélico. O que si bien no todos lo alientan, tampoco lo condenan; al contrario, se ve esto de las hinchadas violentas como normal, como una parte más de la "masculinidad inherente a la batalla", al "choque futbolístico", al encuentro de las hinchadas que van a jalear a su equipo y a insultar al contrario.

Ya lo vemos hasta en los partidos de fútbol de los equipos de niños de no más de 8 años: padres y madres que gritan e insultan a los críos del equipo contrario, que insultan al árbitro y no me digan que no, que a más de uno y de dos y de tres y cuatro de esos padres y madres he visto yo insultar a críos de las categorías infantiles y hasta llegar a las manos entre padres de unos y otros y encima darle una colleja al hijo propio por no romperle la pierna al del equipo contrario.

Esa es la educación futbolística, ya desde la base. Son los padres y madres los que incitan al odio al equipo contrario, a convertir el fútbol en una batalla donde no solo hay que ganar, sino humillar al contrario. Pues muy bien. Luego nos quejaremos, claro. Porque ahora nos escandalizamos porque una panda de macarras se pegan con barras de hierro y cuchillos con la excusa de ser de uno y otro equipo.

El fútbol es la excusa perfecta para que esa casta de mentecatos e idiotas violentos del mundo se sientan importantes, porque esa gente violenta suele ser lo que se denomina "escoria social" (y no por su componente de capacidad económica, no; no se confundan, no es cuestión de dinero, solo cuestión de escoria mental), una casta que campa a sus anchas con permiso y aquiescencia y hasta palmadita complaciente de los dirigentes de este falso negocio que es el mundo del fútbol. Porque el fútbol ya hace muchos años que dejó de ser un deporte para ser solo un negocio, un negocio millonario a repartir entre muy pocos. Y un negocio de "machos", de hombres para hombres. De hecho, esos mismos dirigentes futboleros muestran sin reparo su desprecio y risita por el fútbol femenino, cuando a nadie se le ocurriría despreciar el tenis o el atletismo femenino.

Nunca he entendido por qué se deja continuar un partido donde desde la grada se oyen gritos racistas o insultos de lo más variopinto o se tiran objetos al campo. ¿Por que un jugador de fútbol debe soportar que se le insulte? Entonces, claro, tenemos el porqué de la llamada violencia doméstica, porque si un hombre debe soportar que medio estadio le insulte o incluso le agreda, ¿cómo nos vamos a molestar porque un hombre insulte o agreda o llegue a matar a una mujer? ¿No aguantan Casillas o Messi o Ronaldo que se les llame de todo y deben conservar la calma? Pues tú más, zorra.

La violencia es contagiosa y la violencia en masa aún más. Y llegamos a verla como algo normal.Y luego todo y cualquier cosa nos parece normal... Hasta que alguien muere, claro. Entonces todo es lamentarse de por culpa de cuatro locos, blablabla. Mentira. Hipócritas. Esa gente no desembarca de una nave espacial de otro planeta, viven entre nosotros y hacen lo mismo todos los días y con cualquier excusa. Estaremos ahora tres días hablando de esa reyerta entre violentos, pero no por ello a nadie se le va a ocurrir suspender un partido a la primera que se oiga desde las gradas cualquier manifestación de violencia. Que es lo que debería ser. A la primera de los de siempre y los que se apunten a eso de "mono, enano, cabrón", el árbitro da por finalizado y anulado el partido y sanción al estadio.

¿Alguien entendería que en un colegio pasase eso, que los alumnos de una clase insultaran a otros y estos otros a los unos y tranquis, no pasa nada? Hipócritas. Pero claro, hay que proteger el negocio y ya los periodistas saben de quién es la culpa de que la gente se hostie en la calle. Ahora resulta que la culpa es solo y exclusivamente de la policía. Esa policía a la que se le llama fascista cuando interviene contra los violentos en manifestaciones. Ahora va a ser que la policía tiene que tener poderes extrasensoriales para adivinar las intenciones ocultas de las hinchadas futboleras. Ya es de vergüenza propia y ajena que para un partido de fútbol se tenga que disponer un dispositivo de cientos e incluso de miles de policías para escoltar a macarras para que puedan, angelicos, ir a desahogar sus pedos mentales a un partido de fútbol.

Mi padre y sus amigos iban al fútbol cuando el fútbol era un deporte y un deporte de señores, de ir como a una boda, con traje y corbata y puro, para estar con los amigos y pasar un rato entretenido. Sería inimaginable que esos episodios violentos pasasen en un partido de tenis o una competición de atletismo, así que ¿por qué lo vemos normal en un partido de fútbol? Pero como además de criticar hay que buscar soluciones, la solución va a ser el poner las entradas para un partido de fútbol al precio del caviar. Que, oiga, ya pasa, que se llega en reventas a precios inverosímiles de miles de euros y la gente viaja a la otra parte del mundo por ver tal o cual partido.

¿Crisis, qué crisis? Pues eso y siempre. ¿No es el fútbol considerado la élite del deporte patrio? Pues precios de élite para quien quiera verlo. Aunque lo que debería pasar es que, equipo de fútbol que sea deudor millonario del fisco, equipo que o paga o desaparece. Y con eso se acaba la liga, porque son todos morosos, pero morosos de miles de millones y, oiga, no pasa nada. Tan contentos.

Cierran empresas a cientos porque no pueden pagar sus ridículas deudas de impuestos de pequeños empresarios, pero ahí están los grandes equipos de fútbol, debiendo miles y miles de millones, más que cualquier famoso defraudador de Hacienda de esos a quien todos insultan, pero nadie protesta por las deudas millonarias del fútbol y la nefasta gestión de sus dirigentes. No veo que a nadie le moleste, y bien al contrario, se organizan los socios y no socios para dar dinero al equipo de sus amores, aunque se lo quiten de dar de comer en su casa. El equipo lo primero.

Sarna con gusto no pica. Porque si nos quitan el fútbol, morimos. Y que esto es como todo, depende del ruido mediático que atraiga más audiencia.

Es muy triste que muera gente por violencia de otros, pero también es triste que se le dé tanto espacio mediático a esta panda de salvajes que se juntan a las 8 de la mañana de un domingo para pegarse con palos y barras de hierro. Toda esa gente que intervino en la reyerta y pudo escapar están ahora encantados de la vida sabiendo y viendo que son los protagonistas de las noticias. Y los que están detenidos, cuando salgan serán recibidos como héroes entre sus colegas; cuando es bien fácil empezar y acabar con la excusa del fútbol para que los violentos hagan de las suyas.

El partido del domingo no debió celebrarse. Debió ser evacuado el estadio y jugarse a puerta cerrada. La gente que va al fútbol solo a pasar un rato agradable con amigos, familia e hijos lo comprende perfectamente, porque la gente de mente sana no puede alentar el compartir espacio con violentos. Y a los violentos se les acaba el chollo. La medida a tomar para la jornada siguiente sería esa, en señal de repulsa y asco a la violencia , todos los partidos a puerta cerrada. Esto es como el cáncer, señoras y señores: para acabar con las células malignas es inevitable que en algo afecte a las sanas, pero es así como se acaba con un tumor. De lo contrario, se enquista y se hace fuerte y acaba expandiéndose.

Y el año que viene vamos a hacer del fútbol un deporte del siglo XXI y no un show sangriento del Imperio Romano. Puesto que el fútbol no es algo imprescindible para la vida humana, vamos a convertirlo en lo que es: un lujo. Cuotas de socio al triple de lo que ahora cuesten y entradas de 200 euros para arriba (las más baratas). Y no se preocupen, que la gente no va por eso de dejar de ir al fútbol. ¿Y qué es eso de destinar cientos y miles de policías a controlar a violentos para conducirlos como lindos corderitos al estadio de fútbol y a la salida lo mismo? No, oiga, no. No con mi dinero. Si hace falta escoltar al público de un espectáculo para que no monten bulla, es que algo huele a podrido en tal espectáculo. Que la escolta a los violentos las paguen los equipos de fútbol, y si hay incidentes, que se les haga responsables.

La policía es muy mala cuando no nos deja romper escaparates en una manifestación y tiene que aguantarse si les rompen la cabeza con un ladrillo lanzado por alguien en el sacrosanto momento en que manifiesta su libertad de expresión de reivindicación social (aunque sea a base de ladrillazos, ¡policía represión, policía fascista, libertad de expresión!), pero es una inútil si no controla a esas hordas que van a un partido de fútbol. Estupendo. A ver si empezamos a ser personas y no niños que necesitan pañales y niñeras. Y si nos portamos como niños, como niños habrá que tratarnos.

Será todo lo políticamente incorrecto que se quiera, pero, personalmente, yo el domingo habría dejado a esas dos pandas a su bola y que se matasen todos entre ellos. ¿No se permite el botellón en las calles, gente borracha y vomitando y metiendo jaleo hasta las tantas por las calles y, en vez de desalojar y disuadir, bien al contrario, se habilitan "botellodrómos" por los Ayuntamientos? ¿No es vergonzoso que se invoque y se permita el derecho humano fundamental a beber alcohol en la calle con la excusa que en los pubs y discotecas las copas son muy caras? Porque cocerse a cubatas en fin de semana es un derecho humano fundamental, por supuesto.

Pues si la gente queda para darse de hostias y matarse... Pues hala, montemos "hostiódromos" donde se den de hostias hasta que se cansen. Ah, no, no hace falta, que ya existen. Para eso ya están los estadios de fútbol y sus alrededores.

Hipócritas.

2 comentarios:

  1. Plas, plas, plas! Me quito el sombrero, hija. No se pueden decir más verdades.
    Comparto todo lo que dices. Es una lástima que haya pasado esto pero es la consecuencia lógica de tolerar tales barbaridades.
    Besos

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