29 de septiembre de 2011

Exposición de Antonio López. Agotadas las entradas... y agotada mi paciencia



Hace un par de días tuve el inmenso placer de disfrutar de la exposición monográfica que el Museo Thyssen ha dedicado al genial pintor Antonio López.

No tengo más que elogios para la organización del evento, y teniendo en cuenta que el último monográfico dedicado a este pintor tuvo lugar en el año 93, creo que es una oportunidad única para volver a disfrutar de su obra.

No puedo decir lo mismo de la gente asistente a dicho evento.

A pesar de que, en la misma entrada de las salas dedicadas a la exposición, había un cartel bien visible en el que se pedía silencio (dentro de una lógica, claro, tampoco se trata de estar como en misa), y de que se apagasen los teléfonos móviles, la mayoría del público asistente hacía caso omiso de los dos ruegos.

Ya me parece vergonzoso tener que mostrar por escrito estas dos normas, pues yo lo presupongo de cualquier visita a un sitio cultural semejante, pero que, encima de que se especifica por escrito, la gente siga saltándose las normas a la torera, ya me parece inconcebible.

No se trata de ser radical, pero, sinceramente, a mí no me apetece estar intentando disfrutar de unos momentos de tranquilidad, admirando obras de arte, mientras hay un grupo de cotorras a mi lado, paradas enfrente de un cuadro, contándose sus vidas a todo volumen, con absoluta desconsideración hacia el resto de asistentes, o escuchar teléfonos móviles sonar, ¡y gente que los contestaba y se ponía conversar!

No culpo a los vigilantes, porque lo cierto es que mandaron callar y mantener silencio un sinfín de veces, en la hora larga que estuve allí, pero es que ni por esas.

28 de septiembre de 2011

Cuadernos hispánicos: San Vicente de la Barquera

Martes 29 de diciembre de 2009. El día que visitamos Comillas, como hubo sitios a los que no pudimos entrar y acabamos la visita antes de lo previsto, por la tarde decidimos acercarnos a San Vicente de la Barquera. No lo habíamos apuntado en nuestra guía porque no teníamos pensado ir, así que sacamos nuestro espíritu aventurero, sin saber qué lugares podíamos ver allí, y nos plantamos después de comer.

San Vicente de la Barquera siempre ha sido un pueblo marinero, y en la Edad Media destacó porque desde aquí salían las expediciones a Terranova para pescar bacalao. Esta localidad es también un importante paso del Camino de Santiago en la ruta costera.

Como siempre, lo primero que hicimos fue buscar un sitio donde aparcar; lo encontramos enseguida, al lado de la estación de autobuses. Además, cerca de allí está la oficina de turismo, pero era aún un poco temprano y la pillamos cerrada, con lo cual decidimos dar una vuelta por nuestra cuenta.

Estábamos bastante cerca del puerto, así que estuvimos dando un agradable paseo por esa zona. Como localidad pesquera que es San Vicente, no podía faltar este lugar; el puerto es más o menos pequeñito (de tamaño me pareció bastante similar, quizá algo más grande, al que habíamos visto por la mañana en Comillas).

Esta vez no tuvimos ocasión, como en otros lugares, de ver regresar a los barcos pesqueros que durante el día salen a faenar. Tampoco visitamos la lonja de pescado para ver en directo la subasta; pero el mal fue menor, porque ya habíamos tenido ocasión de verlo en algún otro lugar. Para los que son de zona marítima y están acostumbrados a verlo será de lo más normal, pero para los que somos del interior es bastante curioso de ver...

Muy cerca del puerto se encuentra el castillo del Rey, que fue lo siguiente que visitamos. Este castillo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura defensiva de Cantabria, y fue construido en 1210, después de que el rey Alfonso VIII le concediera a la villa su fuero. Tras haber sido rehabilitado, el castillo puede visitarse y alberga una exposición permanente sobre la historia de San Vicente de la Barquera.

Merece la pena hacer un hueco para ver la exposición, ya que es muy interesante; además, por los 1'40 euros que te cobran por la entrada, te llevas de regalo unas vistas estupendas de toda la localidad.

Actualmente, el castillo también se utiliza para celebrar diversos eventos culturales.

Una de las cosas que podremos ver en su totalidad desde lo alto del castillo es el famoso puente de la Maza, todo un ejemplo de ingeniería medieval, que comenzó a construirse en piedra durante el siglo XV sobre una construcción anterior realizada en madera.

Hubo un tiempo en el que este puente llegó a tener nada menos que 32 arcos, y fue considerado uno de los más grandes de toda la zona. El puente actual, como lo podemos ver hoy en día, data de la época del rey Carlos III.

Si dejamos el castillo a nuestras espaldas y continuamos la subida, llegaremos hasta la iglesia de Santa María de los Ángeles, construida entre los siglos XIII y XVI sobre otra iglesia anterior, y ejemplo típico del gótico montañés. En sus inmediaciones se encuentran los restos del hospital de la Concepción, que acogía y prestaba asistencia a los peregrinos que realizaban la ruta costera del Camino de Santiago.

Hay algunos otros sitios interesantes que podemos visitar en San Vicente, pero con esto de que hicimos nuestro viaje en invierno, empezaba a atardecer así que nos tocaba volver antes de que se hiciera de noche. Si alguien tiene más tiempo, puede animarse a visitar también el santuario de la Barquera (donde dicen que se apareció la patrona del municipio),el palacio de la familia Corro (que se construyó en el siglo XVI para acoger a los enfermos pobres de la villa, y hoy día alberga la sede del ayuntamiento), el convento de San Luis (un monasterio del siglo XV, donde se alojó Carlos I durante su visita), la muralla (que rodeaba la parte alta de la localidad y de la que hoy día se sigue conservando la mayor parte) y la torre del Preboste (un torreón que defiende una de las antiguas puertas de entrada a San Vicente de la Barquera, y que debe su nombre a que era la sede del preboste, el oficial del rey para la recaudación de impuestos durante la Edad Media).



Nosotros pusimos rumbo a nuestro campamento base, ya que al día siguiente nos esperaba una intensa visita a la ciudad de Santander.


Fotografías: Juan Martínez Jarque.

13 de septiembre de 2011

Reciclar tubos de cartón

Prácticamente todos tenemos en casa guardados un montón de cables, algunos de los cuales a veces ni siquiera somos capaces de recordar de qué cacharro eran o para qué valían. ¿Estás hasta las narices de volverte loco cada vez que buscas uno? ¿Ya no aguantas la forma en la que los cables se enredan entre ellos, que parece que tuvieran vida propia?




Te ofrecemos una idea que puede darte la solución a estos quebraderos de cabeza. No es que la idea sea especialmente glamourosa, pero seguro que la encontrarás de gran utilidad y además para ello vamos a utilizar materiales que hay en todas las casas. Se trata nada más y nada menos que de reciclar los tubos de cartón que solemos tirar a la basura cuando se nos termina un rollo de papel higiénico. Ahora, en lugar de tirarlos, los podrás utilizar para organizar tu lío de cables. ¿Cómo? Muy sencillo: por cada cable que tengas deberás disponer de un tubo; sólo tienes que doblar el cable haciendo un ovillo un poco alargado, y después introducirlo en el tubo. Así:


Una vez que hayas repetido esta misma operación con el resto de cables que tienes, el resultado será bastante diferente; seguirás teniendo los mismos cables, pero al menos no se acabarán liando entre ellos y te será mucho más sencillo encontrarlos cuando los necesites.


¡Más fácil imposible!

2 de septiembre de 2011

Hemos vuelto

Después de algunas semanas veraniegas un poco ajetreadas, que incluyeron médicos y hospitales (de hecho fueron tan ajetreadas que no tuvimos ni tiempo de colgar el cartel de "cerrado por vacaciones" antes de marcharnos), por fin hemos vuelto a la rutina diaria.

Atrás quedan los días de vacaciones, de cambio de aires, de sol, de playa, de montaña... Pero hemos vuelto con energías renovadas, así que muy muy pronto estaremos de nuevo por aquí dando guerra.


Saludos de nuevo para todos aquellos que ya han vuelto, y feliz verano para los que todavía no se hayan marchado de vacaciones.

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