26 de febrero de 2010

Cómo tratar a los perros lazarillos

Nos ha llegado, a través de una persona cercana que colabora con la Fundación ONCE del Perro Guía, un texto muy interesante sobre la forma correcta de tratar a los perros lazarillos. La verdad es que son tan majos que, cuando ves uno, lo primero que se te pasa por la cabeza es ponerte a acariciarlo; sin embargo, no es precisamente lo más idóneo...

Os dejamos con el texto, escrito en primera persona, como si fuera uno de estos simpáticos perros el que nos diera las indicaciones oportunas sobre cómo debemos tratarlos.



Hola:

Soy un perro guía y quiero contarte cómo debes actuar cuando te encuentres conmigo en compañía de mi amo ciego.

Como perro guía, soy un perro de trabajo. No constituyo una mascota ni soy un perro de exhibición. Mi comportamiento y mi trato son totalmente diferentes, y debo ser respetado en mi función de guía y fiel compañero de mi amo ciego.

Por favor, no me toques o acaricies cuando me encuentre trabajando, es decir, con arnés: esto significa distraerme de mi misión. Lo más adecuado es ignorarme: así efectuaré mi trabajo perfectamente.

No sientas temor hacia un perro guía como yo: nunca te haría daño.

Si tienes un perro, por favor, contrólalo, evitando que pueda producir un accidente cuando pase junto a mí en compañía de mi amo ciego.

No me ofrezcas golosinas o alimentos: mi dueño ciego se encarga con esmero de mi alimentación de manera responsable y con cariño. Estoy bien alimentado, y tengo un horario predefinido para ir a comer.

Cuando te dirijas a una persona ciega que se acompaña por un perro guía como yo, háblale directamente a la persona, y no a mí.

Si un ciego con perro guía necesita ayuda, la solicitará. Acércate por su lado derecho, de modo que yo quede a la izquierda. Pregúntale si necesita asistencia; si acepta, me ordenará que te siga o te pedirá que le ofrezcas tu codo izquierdo, o lo tomará y me hará una seña para indicarme que estoy temporalmente fuera de trabajo.

Si un ciego con perro guía pregunta por una dirección, dale indicaciones claras del sentido en el que debe girar o seguir para ubicar el lugar al cual se dirige.

No corras ni tomes el brazo de una persona ciega en mi compañía sin antes hablarle.

Nunca toques mi arnés; sólo es para mi amo ciego, a quien acompaño.

Como perro guía, estoy habituado a viajar en cualquier medio de transporte, echado a los pies de mi amo ciego sin causar molestias a los pasajeros, ya sea en viajes dentro o fuera de la ciudad o del país.

En virtud de mi riguroso entrenamiento, estoy habituado y capacitado junto a mi amo para acceder y permanecer en todo tipo de establecimientos y lugares públicos, tanto de salud como centros comerciales, restaurantes u otros locales: supermercados, cafeterías, cines, teatros, centros de estudio o trabajo, etc., sin causar alteración al normal funcionamiento de los mismos ni molestias al personal o al público.

En el lugar de trabajo, un usuario de perro guía se encuentra capacitado para ejercer sus funciones conmigo a su lado. En ningún momento un perro guía deberá vagar a su capricho por el recinto.

Por favor, colabora en la difusión de este mensaje.

'Los ojos del ciego son su perro guía, o sea, YO'

Muchas gracias por tu atención y espero que pongas en práctica lo que te acabo de contar, ya que si lo haces, ¡moveré mi rabito de felicidad!

23 de febrero de 2010

No avanzamos...

Me acabo de enterar, para mi pasmo, de que en el Centro de Atención Social María Zambrano (en el madrileño barrio de Chamberí) van a tener una forma muy peculiar de celebrar el día de la mujer trabajadora, que como todos sabemos es el próximo 8 de marzo. El evento en cuestión va a consistir en un concurso de postres y un taller de costura, ambos vetados al público masculino.

No voy a entrar en si los eventos los ha organizado tal o cual partido político, porque me parece que eso sobra, y además cada vez tengo más claro que todos los políticos son iguales, sea cual sea su ideología; con lo cual, me da exactamente lo mismo qué afiliación es la que tienen los organizadores.

Pero viendo cosas como esta, el caso es que me pregunto: ¿no queremos igualdad, que hasta nos han puesto un ministerio, independientemente de que su función sea más que discutible? ¿No habrá hombres a los que les guste cocinar o que quieran aprender a coser y estén interesados en estos eventos, que para eso hay también cocineros y modistos? ¿Llegará algún día en el que no sea necesario tener un día de la mujer trabajadora, sino que se nos considere a todos exactamente iguales sin necesidad de rollos así? ¿Pasarán otros cuarenta años y seguirá habiendo machistas (hombres y mujeres, que de éstas también las hay) que piensen que hay cosas exclusivas para cada persona, según cuál sea su sexo?

En fin... Como diría Mafalda, "paren el mundo, que me quiero bajar"...

22 de febrero de 2010

Cuadernos germánicos (VI): Heidelberg

Sábado 22 de agosto de 2009. En algo menos de una hora recorremos los 91 kilómetros que hay entre Maguncia y nuestro siguiente destino: Heidelberg. Llegamos allí sobre las 9 de la mañana y, como siempre, buscamos un sitio en el que dejar el coche, para poder dedicarnos a recorrer la ciudad caminando.

Castillo
Decidimos empezar por el Schloss (castillo) que, como todos los castillos, se encuentra situado en el punto más alto de la ciudad. Casi me da un aire al ver las escaleras tan empinadas que había para llegar hasta allí, pero la verdad es que la subida merece la pena, porque desde allí se puede contemplar todo el centro histórico. El castillo, que se empezó a construir en el siglo XIII, se encuentra medio derruido, aunque todavía queda en pie una parte que data del año 1400 aproximadamente. Por los 4 euros que cuesta la audioguía te dan un plano muy detallado en el que cada lugar está marcado con un número para que puedas tomarte todo el tiempo que quieras en escuchar las explicaciones, así que decidimos hacer la visita por nuestra cuenta. Eso sí, con esta modalidad hay lugares a los que no se puede acceder, como el pabellón de los espejos.

El acceso a los Schlossgarten (jardines del castillo) es posible, de manera gratuita, desde las 8 de la mañana hasta el anochecer. Los jardines están situados detrás de la fortaleza, y son un lugar perfecto para pasear, lleno de árboles, bancos de piedra y césped, e incluso una estatua-monumento al Rin y otra a Goethe. Desde aquí se ve la Pulver Turm (torre de la pólvora), que fue tomada por el ejército francés en 1693.

Jardines del castillo
Si lo que queremos es acceder al Schlosshof (patio del castillo), podemos hacerlo también gratuitamente a partir de las 17'30 y hasta el anochecer. Desde la terraza del castillo se puede contemplar una maravillosa vista de la ciudad, situada a las orillas del río Neckar. Como curiosidad, en el patio hay una escultura de dos angelitos; es una representación de los dos hijos del arquitecto que construyó el castillo. Al parecer estaban jugando y uno de ellos resbaló en un andamio; el otro fue a agarrarle y acabaron cayendo los dos y ambos murieron. En su honor, su padre los esculpió en una de las puertas del patio.

Ya fuera del patio, podemos visitar el Deutsches Apotekenmuseum (museo alemán de la farmacia), cuyo acceso es gratuito con la misma entrada del castillo, y que está abierto de 10'15 a 18. En él se exhiben diversas muestras de química y farmacología de siglos pasados. Justo enfrente, al otro lado del patio, podemos ver una especie de bodega donde están la Grosses Fass (gran tinaja), con una capacidad para 220.000 litros, y la Kleines Fass (pequeña tinaja), que tampoco es que sea precisamente pequeña.

Mono en el puente de Carlos Teodoro
Después de visitar el castillo, nos acercamos hacia el casco histórico para ver el Alte Brücke (puente antiguo), que era una de las puertas de acceso a Heidelberg. Justo a la entrada del puente hay una estatua metálica de un mono sujetando un espejo y rodeado de ratones. Dice la leyenda que quien toque el espejo tendrá mucha riqueza; quien toque los dedos del mono volverá a Heidelberg; y quien toque los ratones tendrá muchos hijos. No sé si funcionará eso de tocar al mono o no, pero aquello estaba todo el rato lleno de gente haciéndose fotos, supongo que por si acaso.

Si atravesamos el puente como si fuéramos a cruzar el río, encontraremos una estatua del príncipe Karl Theodor, del cual se dice que tuvo más de 200 hijos ilegítimos. No sé si es por eso por lo que le hicieron la estatua... Aprovechamos las cercanías del puente para dar un paseo a orillas del Neckar.

Una vez que hemos entrado en el centro histórico, encontramos los tres lugares más destacados de esta zona:

Marktplatz
Marktplatz: es una plaza no muy grande, con el suelo empedrado, en ella es donde tiene lugar el mercado municipal, así que suele tener bastante ambientillo. Cómo no, en ella también hay una fuente con una estatua dedicada al dios Hércules. En la época medieval, en esta fuente se encadenaba a los ladrones para dejarlos expuestos al público.

Heiliggeist Kirche (iglesia del Espíritu Santo): fue construida entre 1398 y 1441, y es de estilo gótico. Entre los años 1706 y 1936 hubo en su interior un muro que separaba la parte utilizada por los protestantes de la que utilizaban los católicos; hoy día, esta iglesia es de culto protestante. Para llegar a la aguja de la iglesia hay que pagar 1 euro y subir 204 escalones. El horario de acceso a la aguja es de 11 a 17 de lunes a sábado, y de 12'30 a 17 los domingos y festivos; esto entre mediados de marzo y octubre. A partir de noviembre y de nuevo hasta mediados de marzo, el horario es de 11 a 15 los viernes y los sábados, y de 12'30 a 15 los domingos y festivos.

Universidad
Universidad. Es uno de los lugares más conocidos de Heidelberg. Sus instalaciones se encuentran repartidas por toda la ciudad, pero las más históricas y por lo tanto las más turísticas son las que están en el centro, concretamente en Universitätsplatz. De las instalaciones universitarias, visitamos cuatro:

* Estudiantesenkarzer (cárcel estudiantil): en ella se encerraba a los estudiantes de conducta dudosa. Las condenas duraban como mínimo tres días y los detenidos eran castigados a pan y agua; en algunos círculos, se consideraba una prueba de virilidad haber estado en la cárcel (el síndrome del macho germánico, supongo). Los que estaban allí encerrados se entretenían escribiendo y haciendo dibujos en las paredes, que todavía hoy pueden verse. El acceso a la cárcel estudiantil vale 2,50 euros, y el horario es de 10 a 18 de martes a domingo (entre abril y septiembre) y de 10 a 16 de martes a sábado (entre octubre y marzo).

* Universitätsmuseum (museo universitario): se trata de una pequeña exposición sobre la historia de la universidad. Paseando por las salas y viendo los expositores, descubrimos que Goebbels era doctor en Filosofía y que precisamente dio clases de filosofía en la universidad de Heidelberg.

* Alte Aula (antigua aula): se accede a ella desde el museo, con la misma entrada de la cárcel universitaria. Se puede visitar de 10 a 18 de martes a domingo (entre abril y septiembre) y de 10 a 16 de martes a sábado (entre octubre y marzo) excepto, claro está, cuando se encuentra ocupada.

* Universitätsbibliothek (biblioteca de la universidad): fue construida entre 1901 y 1905, y en ella se pueden encontrar todo tipo de libros y documentos muy interesantes procedentes de la colección de la Ausstellunsgraum. El acceso a la biblioteca es gratuito.

Después de visitar la universidad nos acercamos a Jesuitenkirche (iglesia de los jesuitas), que está junto a la biblioteca universitaria y fue construida entre 1712 y 1750. En su fachada pueden verse relieves de Cristo, la Fe, San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. El acceso es gratuito, pero si queremos visitar la Schatzkammer (tesorería) y ver sus reliquias, deberemos pagar 2 euros. El horario de visitas de esta tesorería es de 10 a 17 de martes a sábado; de 13 a 17 los domingos y festivos entre junio y octubre; y de 13 a 17 los sábados y domingos de noviembre a mayo.

A orillas del Neckar
Para terminar, y antes de despedirnos de Heidelberg, damos un paseo a orillas del Neckar. Por cierto, en una farola que había por allí cerca vimos nada menos que un cartel anunciando un concierto, para noviembre en la ciudad de Manheim, de ZZ Top; yo que pensé que estos ya llevaban años y años jubilados... Mañana nos tomaremos el día en plan más relajado, que hemos decidido hacer un crucero en barco por el Rin desde por la mañana hasta por la tarde. Así descansamos nosotros y el coche también, que lleva ya un buen tute de kilómetros...

17 de febrero de 2010

Leer para ser mejores

Interesante texto de Miquel Desclot, escritor catalán, que recoge algunas de sus sus reflexiones sobre el maravilloso mundo de la lectura.






La mayoría de nuestros antepasados fueron analfabetos. Es verdad. Pero no fueron ignorantes. Ellos, simplemente, disponían de otro sistema de almacenamiento y transmisión del saber. A ellos les bastaba la memoria, que hacía las veces de biblioteca, y la transmisión oral, que hacía las veces de lectura. Y, a su manera, no eran menos sabios que nosotros. A su vez, los niños de aquella sociedad analfabeta, pero no ignorante, estaban en contacto permanente con la literatura de tradición oral, ya fuesen canciones, cuentos o adivinanzas, desde su más tierna edad hasta su madurez. No iban a la escuela, pero heredaban un saber secular. No leían, pero escuchaban la literatura que sabían sus mayores, y jugaban todo el día con las canciones y las fórmulas verbales que les había legado la tribu. En el fondo, eran más literarios que los niños alfabetizados de nuestros días. Eso fue así durante siglos, hasta que la cultura escrita fue extendiéndose y las formas de vida moderna, con todos sus sistemas de memoria artificial, acabaron no hace mucho con la tradición oral. Y los niños perdieron el contacto que con tanta naturalidad habían mantenido hasta entonces con la literatura.

Es aquí, pues, cuando entra en escena la necesidad de una literatura infantil: entre los cuentos y canciones de tradición oral que todavía se cuentan y cantan a los niños más pequeños hasta la narrativa y la poesía que se escribe para los adultos, nuestra sociedad precisa una literatura infantil que llene este vacío y haga posible una transición natural entre ambos extremos.

Este país ha perdido la sabiduría de transmisión oral hace relativamente poco tiempo, pero todavía no la ha sustituido por una generalización de la cultura escrita. De hecho, como seguramente sabréis, España es uno de los países con un índice de lectura más bajo de Europa. No es un índice para enorgullecerse, precisamente. Todo el mundo tendría que luchar para modificar de raíz este estado de cosas que debería preocuparnos tanto como el índice de paro laboral o el índice de crecimiento económico. Los escritores, por supuesto, deben contribuir a ese necesario cambio con una aportación literaria de primera calidad, pero también denunciando y combatiendo las carencias culturales de esta sociedad. Todo el mundo tiene su papel a desempeñar en esta campaña imprescindible.

A la lectura se llega por placer, es cierto. Empezamos a leer por placer, y de hecho sería deseable que ese placer no nos abandonara nunca. Pero llega un momento en que el placer en sí mismo parece insuficiente y hay que plantearse la lectura como una fuente de conocimiento, que a su vez es una nueva fuente de placer. Leer para gozar, leer para conocer, leer para comprender, leer para crecer como ser humano. Eso es dolorosamente necesario en un país donde la lectura todavía parece un lujo prescindible. Un país que no lee es un país inmaduro, un país donde la gente no sabe dialogar porque no sabe comprender, un país donde la gente se echa los trastos a la cabeza por menos de un quítame allá esas pajas. Es decir, un país a medio civilizar, por más ordenadores per cápita que tenga. Yo os invito a soñar en un país donde la lectura nos lleve a la comprensión y al conocimiento. Es decir, a la verdadera libertad. Un país donde el individuo conozca y respete profundamente al otro: al que no tiene su color de piel, al que no piensa como él, al que no habla como él. Desgraciadamente, este sueño todavía queda lejos, pero nunca hay que desfallecer y renunciar a esa meta final. La triste realidad es que en este país interesa muchísimo más el fútbol que la lectura, muchísimo más Operación Triunfo que lo que ocurre en los distintos parlamentos, muchísimo más lo que pueda declarar una supermodelo que lo que pueda decir un escritor o un pensador. Desgraciadamente, en este país se cometen desaguisados culturales hasta en los lugares donde debería reinar el juicio más ejemplar: en una ciudad de tanta tradición sapiencial como Salamanca todavía se guarda con orgullo un botín de guerra fratricida que debería avergonzarnos a todos sin excepción. Y, sin ir más lejos, en esta mismísima casa venerable que nos acoge, se pretende clasificar la literatura en lengua catalana en tres apartados diferentes, según los autores procedan de una comunidad autónoma u otra: una decisión que, pasando por encima de cualquier criterio científico, sólo se explica por el desconocimiento, el menosprecio y la animosidad (algo así como si la biblioteca del Museo Británico clasificara a Cervantes como literatura manchega y a Góngora como literatura andaluza).

Por favor, leed y soñad. Para que el conocimiento nos haga verdaderamente libres y civilizados. El día que las bibliotecas estén más solicitadas que los campos de fútbol, que los telediarios dediquen tanto espacio a los libros como a los goles, que nuestros representantes públicos se sienten a hablar y a escuchar civilizadamente sin insultarse ni despreciarse mutuamente, que la juventud prefiera ir al teatro antes que salir a emborracharse, que la mentira y la corrupción sean perseguidas en todas partes, sea quien sea el que las cometa, que los conflictos no se resuelvan a bombazos ni con abusos de poder, aquel día sí podrá decirse con razón que España va bien.

14 de febrero de 2010

Cuadernos germánicos (V): Colonia

Viernes 21 de agosto de 2009. Colonia nos pilla algo más cerca de Maguncia que otras ciudades que hemos visto, así que madrugamos pero no tanto como días anteriores. Estamos a unos 179 kilómetros, con lo cual el trayecto es de algo menos de dos horas. Llegamos a Colonia sobre las 9 de la mañana, y lo primero que hacemos, como siempre, es buscar un sitio donde soltar el coche y dedicarnos a patear. Encontramos un aparcamiento cubierto con bastante buena pinta, después de cruzar el puente desde el que se ve la catedral al fondo; hay que hacerle una foto desde ahí, se ve preciosa.

Una vez que dejamos el coche vamos andando, plano en mano, hasta que llegamos a Hohestrasse; esta debe de ser la calle más comercial de Colonia, porque es peatonal y tiene un montón de tiendas de ropa, de zapatos, de discos, e incluso una tienda de Lego en la que hasta venden las piezas a granel.

Catedral de Colonia
Justo al final de Hohestrasse, llegamos a una plaza en la que directamente nos encontramos con esa espectacular catedral, la Kölner Dom. Es imposible sacarla entera en las fotos, a no ser que te vayas muy lejos. Tiene unos cuantos andamios (de nuevo los andamios que nos persiguen) y está un poco sucia, supongo que por la humedad y la contaminación, y no sé si influirá lo de que esté justo al lado de la estación...

La entrada a la catedral es gratuita, y sólo hay que pagar 1 euro si quieres coger uno de los folletos que hay junto a la puerta; están en diferentes idiomas, incluido el español. Damos una vuelta por la catedral y vemos las maravillosas vidrieras, las capillas, los mosaicos del suelo, el sepulcro de los Reyes Magos... Pero lo que realmente nos interesa es la subida a la Südturm (torre Sur), desde la que nos han dicho que hay unas vistas espectaculares de toda la ciudad.

Vistas desde la torre Sur
Como están de obras, para subir a la torre Sur hay que salir a la calle y rodear la catedral hacia su izquierda; allí hay unas indicaciones que nos hacen bajar unas pequeñas escaleras, y al final nos encontramos unas taquillas donde poder dejar las mochilas, y el mostrador para sacar las entradas. La entrada para subir a la torre cuesta 2,50 por persona, y una vez que subimos hasta la máxima altura permitida, casi 100 metros y nada menos que 509 escalones (el último tramo me costó un poco y llegué con la lengua fuera y tembleque de piernas), me quedo un buen rato impresionada y con la boca abierta. Realmente, las vistas son espectaculares.

Luego toca bajar, y en la tienda de la torre aprovechamos para echar un ojo a las cosillas que tienen, que si no hay veces que lo de comprar regalitos lo dejas para el último momento y es un estrés. El señor que nos atiende nos habla en inglés, y en cuanto se da cuenta de que somos españoles, se dirige a nosotros en un español impecable. Qué envidia, no me importaría hablar alemán así...

Después de asomarnos a la estación de trenes, rodear la catedral andando y echar un ojillo por la plaza, paramos para enchufarnos un bocata en las escaleras que hay junto a la réplica de los rosetones que rematan las torres. Es una escultura a tamaño natural, y mide nada menos que 9'40 metros. Impresionante... Luego echamos un ojo a la oficina de turismo, que también tiene tienda de recuerdos, y a varias tiendas más que hay por allí cerca. Se nota que Colonia recibe muchísimos turistas habitualmente, porque hay tiendas así por todas partes.

El-De Haus
Seguimos andando y nos acercamos a El-De Haus, una antigua cárcel de la Gestapo en la que se ha habilitado un centro de documentación sobre el Tercer Reich. Dentro de los muros de este edificio se interrogó, torturó y asesinó a un gran número de personas, y la verdad es que pone los pelos de punta ir andando por allí y ver, entre otras cosas, las inscripciones que escribían los prisioneros en las paredes del sótano. Al contrario que en el centro de documentación que visitamos en Nuremberg, que trataba sobre la misma etapa histórica pero era algo más "descafeinado", aquí hubo un momento en el que me entró un poco de mal rollo paseando entre las celdas, los bunkers y los aseos de la antigua prisión. En las dos plantas superiores encontramos todo tipo de muestras de la Alemania nazi (propaganda, fotografías, páginas de periódicos, etc.). Este centro está abierto de 10 a 15 de martes a viernes, y de 11 a 16 los sábados y los domingos. La entrada cuesta 3,70 euros.

Museo Municipal
Enfrente de El-De Haus se encuentra el Kölnisches Stadtmuseum (Museo Municipal de Colonia), que ofrece un recorrido por la historia de la ciudad. Alberga exposiciones sobre el Carnaval (no sabíamos que los alemanes fueran tan aficionados a esto del Carnaval, pero por lo visto celebran unos fiestorros que paqué), la Kölsch (cerveza típica de Colonia que, igual que la ahumada típica de Bamberg, tampoco probamos...), el agua de Colonia y otros elementos característicos de la ciudad. Abre de 10 a 20 los martes, y de 10 a 17 de miércoles a domingo, y la entrada cuesta 4,20 euros. El edificio llama mucho la atención porque tiene en el tejado un coche con alas.

Iglesia de San Martín
Caminamos un poco más, y nos acercamos al Altes Rathaus (ayuntamiento antiguo), que se encuentra muy cerca de la catedral, en el casco antiguo. Sólo pudimos verlo por fuera, ya que justo se estaba celebrando una boda y nos pilló toda la comitiva nupcial en la puerta. Un poco más adelante, nos encontramos la Gross St Martin (iglesia de San Martín), que es la más famosa de las iglesias románicas de Colonia, por tener el exterior más bello. Destaca por sus cuatro torreones que se agrupan alrededor de una torre central. Permanece abierta de 10 a 12 y de 15 a 17 de martes a sábado, y de 14 a 16 los domingos.

Cervecería del valeroso soldado Schwejk
En la misma plaza donde está la iglesia de San Martín, nos encontramos una cervecería con la que simplemente nos topamos, ya que no aparecía en ninguna guía (supongo que es difícil mencionar en cualquier guía todas las cervecerías típicas que hay en Alemania; la lista sería interminable). Esta cervecería en concreto, con un cartel en la puerta en el que se observa a un soldado con una jarra en la mano, me recordó a la novela Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hašek, porque el soldado que aparece en el cartel es el mismo que aparece en la novela, al menos en la edición que yo tengo.

Interior de la catedral
Volvemos hacia Hohestrasse para ir al aparcamiento en el que hemos dejado el coche, y de paso entrar de nuevo en la catedral. Cuando llegamos por la mañana estaba un poco nublado, así que las fotos de las vidrieras no han quedado muy allá, por lo que decidimos repetir la operación, ahora que el día se ha despejado y ha salido el sol. Hacemos una parada técnica en la tienda de Lego para comprarle un par de cosillas a Stefan, que es forofo, y al salir de la ciudad nos quedamos un poco chafados porque no hay manera de parar en el mismo puente por el que habíamos llegado, para hacer una foto desde allí a la catedral. Otra vez será...

Como son las 3 y algo de la tarde y hemos visto en el mapa que para volver a Maguncia nos pilla de paso una pequeña ciudad que se llama Remagen, decidimos parar allí para visitar el Friedensmuseum Brücke von Remagen (Museo de la Paz Puente de Remagen).

Para aparcar en Remagen
Remagen es un sitio bastante pequeño y lo único que visitamos allí es el museo. Increíblemente, en un sitio tan pequeño hay una oficina de turismo, y nos dirigimos allí para preguntar si hay alguna cosa más para ver, y de paso para que nos expliquen cómo funciona lo del aparcamiento, porque hay zona azul pero no encontramos ninguna maquinita en la que echar monedas. La chica que nos atiende nos cuenta que no hay máquinas ni monedas, sino unos cartones azules con una rueda en la que pones la hora a la que has dejado el coche; a partir de ahí, puedes aparcar dos horas gratis en el mismo sitio. Supongo que, para hacer honor a nuestra fama, habrá más de un español pensando en la manera de no hacer ni caso a que sean dos horas las que te dejan aparcar gratuitamente; cada uno que haga lo que quiera, nosotros colocamos el cartón en el cristal delantero del coche y miramos la hora para estar allí de vuelta dos horas después...


El Museo de la Paz fue construido en lo que queda del antiguo puente Ludendorff, destruido por el avance de las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. Es un museo no muy grande con fotografías, maquetas e incluso carteles de la famosa película El puente de Remagen, basada en estos hechos. El museo cierra a las 6 de la tarde y nosotros llegamos sobre las 5 y media; cuando le pedimos dos entradas a la señora de la taquilla, nos suelta una parrafada de la que no entendemos nada más que sechs (seis); suponemos que nos está diciendo que cierran a las seis, porque se toca el reloj. Como ve que aun así queremos las entradas, nos las da pero cuando nos da las vueltas, nos damos cuenta de que nos ha cobrado la mitad y vuelve a tocarse el reloj y a soltar otra parrafada. Rebaja por llegar a última hora, supongo.

Después de la visita al museo que, inevitablemente, no nos lleva más de media hora, volvemos de nuevo hacia Maguncia. Creo recordar que este es el día que cenamos en La perla, el restaurante que tenemos justo debajo de casa. El dueño es italiano pero habla cualquier idioma que se le ponga por delante, así que esta vez no tenemos problemas para entendernos. Tras una cena bastante abundante y nada cara, nos vamos a dormir. Mañana nos espera un día completo en Heidelberg.

10 de febrero de 2010

Esta, nuestra comunidad...

He rescatado esto, que tenía desde hacía ni se sabe guardado por aquí; supongo que es de estas cosas que un día te llegan por correo electrónico y te impactan tanto que ni te planteas borrarlas...

El cartelito en cuestión, que a saber de qué comunidad de propietarios será, no tiene desperdicio. Lo transcribo íntegro a continuación, por si a alguien le da pereza pararse a descifrarlo:

"Cumunidad de Propitarios

Aber por fabor si quereis
acer la Escalera
y a los que se aido de vacaci-
ones hacer el fabor de hacer
la Ecalera.
Y los Amorosos hacer
el fabor de pagar la escalera
que el 18 de Gulio a
llegado lla.
Hustedes perdone las
Molestias"

Lo primero que pensé cuando leí esto por primera vez fue: "Qué dolor de ojos". Es que no han dado ni una, oiga. Eso sí, la escalera debe de ser toda una entidad en esta comunidad de vecinos, porque incluso la ponen con mayúscula dos veces de las tres que la mencionan. Y además en el edificio deben de estar todos muy bien avenidos porque hasta tienen "amorosos"; no todos podemos decir lo mismo de nuestros vecinos...

7 de febrero de 2010

Cuadernos germánicos (IV): Kassel

Jueves 20 de agosto de 2009. De nuevo madrugamos un poco para llegar pronto a Kassel, ya que desde Maguncia hasta allí nos separan unos 220 kilómetros. Aproximadamente a las 10 de la mañana ya estamos por allí.

Como muchas otras ciudades, Kassel fue prácticamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, así que tuvo que reconstruirse casi desde cero. Sin embargo, a pesar de la proliferación de construcciones nuevas, la ciudad sigue conservando unas extensísimas zonas verdes.

Casi todo el centro de Kassel es peatonal y gira alrededor de sus dos plazas principales: Königsplatz y Friedrichsplatz. Sin embargo, nosotros del centro vemos más bien poco, ya que nos dirigimos a la zona típicamente turística, que se encuentra a unos 7 kilómetros, en Schlosspark Wilhelmshöhe, a donde se llega a través de una de las calles principales de Kassel: Wilhelmshöhe Allee.

Puente
Dentro de este enorme parque se pueden encontrar varias zonas de interés, que mencionaré a continuación. Si no nos apetece visitar los edificios y monumentos, solamente la visita al parque y el paseo por el bosquecillo ya merecen la pena. Según nos vamos adentrando por los caminos, veo que algunos rincones me recuerdan a Rivendel, y me da la sensación de que en cualquier momento aparecerá un elfo de detrás de algún árbol. En la foto de la derecha, sin ir más lejos, está claro que faltan Aragorn y Arwen...

Por cierto, la entrada al parque nos resulta un poco estresante, porque no hay manera de encontrar el acceso por ninguna parte. Después de un rato dando vueltas, nos fijamos en que hay un par de coches que entran por un camino de tierra, parando justo antes en una especie de garita pequeña, como las que hay en las entradas de los aparcamientos. Es que claro, por ahí aparentemente no se puede pasar, porque hay un bolardo de estos que sobresalen del suelo y se retraen cuando va a pasar un vehículo.

Después de ver que los coches paran ahí y tocan algo en la garita, nos imaginamos que a lo mejor te dan una tarjeta para poder dejar el coche en el aparcamiento del parque. Así que eso hacemos. Pero cuál es nuestra sorpresa cuando al darle al botoncillo oímos una voz de ultratumba que dice: "Hallo, hallo?". Intentamos explicarle en inglés que queremos acceder al parque, pero quien sea o no nos entiende o no nos oye bien, porque al final sin decir ni pío baja el bolardo y ya podemos pasar. Aunque luego nos pasamos un rato estresados pensando cómo vamos a salir de allí otra vez... Una vez que conseguimos entrar al parque, dejamos el coche por allí y nos disponemos a caminar.

Schloss Wilhelmshöhe
Lo primero que te encuentras a la entrada es el Schloss Wilhelmshöhe, un palacio barroco del siglo XVIII (se construyó entre 1786 y 1798) que fue la residencia del kaiser Guillermo II. Alberga la Galerie Alter Meister (galería de maestros clásicos), abierta de 10 a 17 de martes a domingo. En su interior se encuentra una de las mejores colecciones del país, especialmente de pintura flamenca y barroca holandesa. La entrada a este museo, que vale 3,50 euros, permite el acceso al castillo Weissensteinflügel (situado en el ala sur), pero no a la estatua de Hércules.

Comenzamos a subir por los caminos del parque y vamos pasando por pequeños lagos, parterres preciosos llenos de flores, multitud de árboles por todas partes, lugareños paseando con sus perros... Tiene toda la pinta de que este sitio es uno de los favoritos de los habitantes de Kassel para pasar un día tranquilo, porque hace buen tiempo y nos encontramos a gente incluso tomando el sol tumbada en el césped, o haciendo picnic. Según vamos subiendo, empezamos a vislumbrar el castillo Löwenburg y me doy cuenta de lo alto que está el puñetero Hércules...

Estatua de Hércules
La estatua de Hércules se encuentra situada a 600 metros por encima del nivel del mar, y se construyó entre 1707 y 1717 como símbolo del poder de la zona. Parece que a los alemanes les gusta bastante la figura de Hércules, porque la hemos encontrado en algún que otro sitio más. Esta estatua está construida sobre una montaña desde la que se domina toda la ciudad, y llegamos hasta ella después de subir nada menos que 449 peldaños hasta la cima (a mí me costó un poco, para variar).

Las vistas merecen la pena, aunque la construcción no la vemos por dentro porque está todo lleno de andamios (nos persiguen los andamios y las obras en este viaje). Pongo una foto de lo que se puede ver si nos situamos justo a los pies de Hércules; la estatua está chula, pero los andamios en las fotos no salen muy favorecidos... Para los interesados, la entrada a la estatua cuesta 2 euros, y se puede acceder a ella de 10 a 17 horas, de marzo a noviembre.

Una vez que hemos llegado arriba del todo, nos tomamos un descansito y ya sólo queda volver a bajar. Hay un autobús que recorre todo el parque, aunque no llega hasta la estatua porque la única manera de subir hasta ella son los 449 escalones diabólicos; pero la opción del autobús, si uno está cansado, es una posibilidad.

Una cosa que seguro que merece la pena, y que nosotros no tenemos ocasión de ver, son las fuentes en funcionamiento: cada miércoles, domingo y todos los días festivos desde abril al 3 de octubre, puede contemplarse el Wasserspiel, que ocupa toda la ladera del parque Wilhelmshöhe. A las 14,30 el agua empieza a caer de Hércules, desde donde se puede descender a pie hasta la Grosse Fontäne (gran fuente) y verla emerger de un surtidor de 52 m de altura una hora más tarde. La cascada propiamente dicha es un sistema de 12 km de superficie con canales subterráneos. El primer sábado de mes desde junio a septiembre, los saltos se iluminan al anochecer. Como es jueves, nosotros nos lo perdemos. Pero seguro que será digno de ver; mientras tanto, siempre se puede ir a las fuentes de La Granja de San Ildefonso, que nos pillan un poco más cerca.

Castillo Löwenburg
Vamos siguiendo las indicaciones que nos llevan hasta el castillo Löwenburg, que está hecho a imitación de un castillo escocés medieval y abre de 10 a 17 de martes a domingo, aunque sólo se abre a los visitantes que van en visita guiada. La visita incluye el Rüstkammer (museo de armamento) y el Ritterzeitsmuseum (museo de caballería). Como nosotros vamos a nuestro aire y parece que lo más bonito del castillo es precisamente su exterior, decidimos darnos una vueltas por sus alrededores, ver el patio de armas y poco más.

En la parra
Después de ver el castillo, aprovechamos para darnos un paseo por la zona, que tiene hasta un pequeño jardín chulísimo, con un montón de parras (como se aprecia en la fotografía de la derecha, jaja). En todo el parque hay muchísimos caminos, lagos, sitios donde poder sentarse, etc. Hacemos un alto en el camino para refrescarnos un poco en una fuente que nos encontramos junto a uno de los caminos, y después del paseo decidimos imitar a los lugareños haciendo una sesión de picnic. Eso sí, nosotros, después de comer, nos pegamos una buena siestecita. Haciendo patria.

A media tarde vamos a recoger el coche para salir del parque, un poco a la espera de cómo será la cosa porque no tenemos ni idea de cuál será la forma de salir de allí con aquel bolardo en la entrada. Pero el misterio se resuelve rápido, ya que al parecer lo del telefonillo y la voz de ultratumba es sólo para entrar; cuando nos vamos acercando con el coche hacia el bolardo, vemos que él solo se retrae para dejarnos salir.

Orangerie
Una vez fuera del parque, decidimos visitar un último lugar antes de marcharnos de Kassel: la Orangerie. Por lo visto las orangeries se pusieron de moda durante el Renacimiento en Italia, posteriormente en Francia, y eran un signo de distinción en las residencias aristocráticas. Estas orangeries solían tener unos jardines con arcadas en las que se plantaban naranjos; de ahí su nombre. La Orangerie de Kassel me recuerda un poco al Real Sitio de Aranjuez: un parque enorme con muchos árboles y estatuas de piedra, el río y, al fondo, el palacio.

Dejamos Kassel aproximadamente a las 5 de la tarde, y volvemos hacia Maguncia. Por este día ya está bien, que a lo tonto nos hemos pegado una buena caminata y nos quedan algo más de dos horas para llegar a casa. La ciudad no es que tenga mucha cosa, pero sólo por la visita al parque ya merece la pena conocer Kassel, a pesar de que de momento es el único sitio en el que nos encontramos impacientes al volante; será que están poco acostumbrados a los turistas que no se conocen la zona... Mañana toca Colonia; por fin voy a ver en persona la catedral con la que llevo años soñando...

Fotografías: Juan Martínez Jarque

4 de febrero de 2010

¡¡¡Yo quiero!!!

¡No me lo puedo creer! Hace unos días, a través de Helektron.com, descubrí el alojamiento perfecto para los numerosos fans de El señor de los anillos, en ocasiones también conocidos como frikis (no termino de entender cómo es que se ha acabado llamando friki a todo aquel que tiene afición por Tolkien, por Star Wars, etc.; pero creo que eso daría de sí lo suficiente como para escribir otra entrada). Se trata nada menos que de un "motel hobbit", que está perfectamente ambientado; vamos, como si estuvieras en casa de Bilbo Bolsón. Según indican en Helektron, el precio de una habitación para dos personas es de 140 dólares; de todas formas habría que investigar esto más detalladamente, porque la entrada de Helektron está redactada en un español algo macarrónico (me da que es el efecto "traductor automático") y no queda demasiado claro si hay habitaciones para dos personas, si sólo son casas para alojar a seis, o si hay combinaciones de habitaciones sueltas y casas independientes.

En cualquier caso, ahora que además ya se puede viajar más cómodamente a la Tierra Media, esta es una oportunidad que todo admirador de Tolkien que se precie no se puede perder... Con la ilusión que me haría poder montar una casa rural, creo que si un día me diera por ahí, desde luego tendría claro cómo iba a ser la decoración. Estoy por decorar así mi casa y todo; ¿habrá carpinteros que hagan perfiles de ventana redondos?

3 de febrero de 2010

Todo un descubrimiento

Hasta hace algunas semanas, que una compañera del trabajo me prestó esta novela diciendo que seguro que me gustaría, Mankell era para mí un auténtico desconocido.

LA NOVELA Y EL AUTOR. ALGUNOS DATOS

La quinta mujer es el primer y hasta ahora único libro que he leído de este autor, aunque al parecer ha escrito una veintena más, y también ha recibido algún que otro premio. Por lo visto es, desde hace no mucho, uno de los autores más leídos en Europa. Supongo que el tirón de Millennium ha hecho que se pongan algo más de moda los autores nórdicos, aunque Mankell empezó antes que Larsson; de hecho, La quinta mujer se publicó por primera vez en 1996.

El ejemplar que me prestaron es de la editorial Tusquets, y fue publicado en el año 2000. Tiene 488 páginas, y su precio (en la Fnac, que es lo que ponía en la etiqueta que llevaba puesta) es de 19 euros.

EL ARGUMENTO

La historia comienza en 1983, cuando los componentes de un comando integrista islámico asesinan a cuatro monjas, en un convento en Argel, aparentemente por motivos políticos y racistas. La casualidad quiere que en ese mismo lugar se encuentre también una quinta mujer, concretamente una turista sueca, a la que igualmente deciden matar.

Poco tiempo después, muy lejos de allí, en la ciudad sueca de Ystad, desaparecen dos hombres que, a priori, no tienen ninguna relación entre ellos ni tampoco ningún motivo por el que pudieran ser odiados por alguien hasta el extremo de matarlos. Se trata, por un lado, de Holger Ericsson, de 80 años, que desde hace años se dedica a la observación de aves y también a escribir poemas sobre pájaros; y por otro, de Gösta Runfeld, amante de las orquídeas y dueño de una pequeña floristería.

La policía comienza a trabajar para intentar localizar a los asesinos y en un principio creen que se trata de la misma persona en los dos casos, ya que los crímenes se han llevado a cabo con una minuciosidad y un sadismo bastante parecidos (una de las víctimas muere al caer en un foso en el que previamente se han clavado unas estacas; la otra, estrangulada y atada a un árbol); sin embargo, con cada pista que encuentran se van alejando de la teoría de que existe alguna relación entre estos dos hombres.


LOS PERSONAJES

El protagonista de la novela, y principal encargado de llevar a cabo la investigación, es el veterano policía Kurt Wallander, al que le encanta su profesión; sigue al pie de la letra los métodos policiales, pero tiene tanta experiencia en este terreno que también se deja guiar mucho por su intuición y sus corazonadas. El autor nos lo presenta como una persona normal con sus virtudes y defectos, con vida propia y personas que lo rodean; Wallander es alguien que comete errores, que tiene sentimientos, que empieza a sufrir los primeros achaques de la edad, y que a veces incluso pierde las formas... Este personaje resulta completamente creíble, ya que no se trata del típico "poli duro".

A Wallander le acompaña todo su equipo, que le admira por su gran dedicación y por su forma de llevar a cabo las investigaciones policiales, directamente sobre el terreno en lugar de hacerlo desde el despacho. Debido a esta adicción a su trabajo, se nos presenta a Wallander como un auténtico desastre en su vida personal. Sin embargo, en el terreno laboral, Wallander es un perfecto conocedor de su profesión y su equipo está siempre disponible, a todas horas, para intentar resolver el caso y aportar cada uno su granito de arena. Se ve con claridad que prácticamente todos son policías por vocación, dispuestos a trabajar lo que haga falta (a pesar de sus situaciones personales y familiares, que en alguno de los casos es algo complicada) para ayudar a Wallander a resolver este caso.

Aparecen también otros personajes secundarios, como la empleada que trabaja en la floristería de Runfeld, el padre, la ex mujer y la hija de Wallander, y varios más que van apareciendo a lo largo de la novela.

A todos estos personajes los iremos conociendo según avanzamos en la lectura, y con todos ellos coincido en que están bien definidos; como he dicho antes en el caso de Wallander, resultan totalmente creíbles y tienen sus motivaciones, su modo de ver las cosas, su situación personal y sus miedos. Es una de las cosas que más me suelen gustar cuando leo algo, que los personajes sean "de verdad".

VAMOS AL LÍO

Por supuesto, no voy a desvelar nada de lo que sucede en la novela (me pone de los nervios que me destripen los libros y las películas, así que suelo intentar no hacer lo mismo), aunque sí os contaré aquí varias cosillas sobre la forma en la que se desarrollan los acontecimientos, y también sobre la forma en la que la novela está escrita. La única pega que podría encontrarle a esto es que no puedo comparar La quinta mujer con otras novelas de Mankell, así que no sé si es mejor o peor que las demás.

Una de las cosas que más me ha gustado de la novela es la descripción del trabajo en equipo dentro de la comisaría. Wallander y el resto de policías se reúnen prácticamente cada día, llevan a cabo el reparto de las tareas e intentan aportar datos nuevos a la investigación; cada uno de los miembros de este equipo tiene algún aspecto en el que es especialista o destaca sobre los demás, y esto muchas veces es crucial para aportar nuevas pistas para la resolución del caso.

Sin embargo, cuando se aportan cosas nuevas, esto no sucede porque sí; con algunas novelas me ha pasado que los policías me parecían poco menos que súper hombres, o que averiguaban las cosas por ciencia infusa y de repente llegaban a alguna conclusión y yo me había perdido por el camino. No es el caso de esta novela; cada vez que se aporta un nuevo dato a la investigación, está perfectamente explicado y te queda perfectamente claro que los avances se deben a la colaboración de todo el equipo. Así es bastante más fácil seguir el hilo de la narración e incluso, si me apuras, llegar a las mismas conclusiones que la policía.

En cuanto a la introducción de nuevos personajes, me ha dado la sensación de que cada uno aparece justo cuando tiene que aparecer (como Gandalf, que no llega pronto ni tarde, sino cuando se lo propone). Además, a pesar de que lo más lógico sea que no estemos familiarizados con el idioma sueco (al menos en mi caso), los personajes están tan bien descritos que en ningún momento llegarás a perderte ni a confundir los nombres de unos con los de otros.

Hay una nota del traductor que me llamó bastante la atención; se trata del hecho de que al parecer la costumbre mayoritaria en Suecia, al dirigirse a alguien, incluso personajes relevantes o gente mayor, es el tuteo. Al principio no me pareció que eso fuera importante, pero al ir avanzando en la lectura me di cuenta de que es algo que, si no me lo hubieran explicado, habría hecho que me sorprendiera al leer algunos de los diálogos de la novela.

Además de la trama policiaca, el autor también hace un retrato de la sociedad sueca. A mí los suecos siempre me habían parecido gente fría y pacífica (es lo malo de los tópicos, supongo); sin embargo, el autor nos describe esta sociedad con una violencia bastante arraigada e incluso saca a relucir el tema de los malos tratos, tan de moda hoy día; y eso que La quinta mujer se escribió en 1996...

En cuanto al final, queda todo resuelto y bien resuelto; no queda nada sin explicar, ni nos quedamos con cara de tontos y con la sensación de "¿ya está?" ni de que el autor nos haya engañado.

CONCLUSIÓN

La lectura de esta novela me ha resultado muy amena, y lo más importante, está bien escrita y me ha tenido con la intriga hasta el último momento. Y no ha sido por el hecho de dejarte a medias en un capítulo para que no puedas parar y tengas que leerte el siguiente; lo más curioso de todo es que prácticamente desde el principio ya sabes quién es el asesino. Lo que a partir de entonces te interesa descubrir son sus motivos, y las razones por las que se han cometido los crímenes de esa forma tan despiadada. Igual que Wallander y su equipo, al principio estás completamente desconcertado; y es precisamente eso lo que te anima a tener que seguir avanzando en la lectura.

A priori, una novela policiaca, de un autor sueco que no me sonaba de nada, con un montón de personajes cuyos nombres son parecidos a los artículos del catálogo de Ikea, creo que no me habría llamado la atención. Así que supongo que, de no haber llegado hasta mí de la manera en la que lo hizo, no creo que hubiera llegado a leer este libro. Y desde luego tengo claro que me habría perdido una gran novela y, por supuesto, a un gran autor al que a partir de ahora espero seguir leyendo.

1 de febrero de 2010

Cuadernos germánicos (III): Bamberg

Miércoles 19 de agosto de 2009. Dejamos Nuremberg después de comer y nos dirigimos a Bamberg, que está a unos 62 kilómetros; llegamos allí sobre las 5 de la tarde. No nos va a dar tiempo a visitar demasiados monumentos porque la mayoría de sitios cierra a las 6, pero haremos lo posible. Dejamos el coche en un aparcamiento que hay junto a uno de los puentes que cruza el río Regnitz y, como siempre, nos movemos a pie.

Hay quien dice que Bamberg es una de las ciudades alemanas más bonitas, y de hecho ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Está construida sobre siete colinas, por lo que algunos la conocen con el sobrenombre de "la Roma de Franconia". Esta ciudad también es famosa por su Rauchbier (cerveza ahumada).

Atravesando uno de los puentes que hay sobre el río, llegamos al casco antiguo (Altstadt) de la ciudad, que es donde dicen que radica el encanto de Bamberg, debido a la cantidad de edificios históricos, la mezcla de estilos arquitectónicos y la casi inexistencia de construcciones modernas. En su parte noroeste hay muchas casas típicas, con vigas de madera entramadas, que están situadas junto al río y por ello han hecho que esta zona sea también conocida como Klein Venedig (pequeña Venecia); además, el casco antiguo nos sorprende por la cantidad de gente que hay y por el ambiente tan bullicioso. No lo sabemos con seguridad, pero nos da la sensación de que lo mismo están preparando la Oktoberfest con un poco de antelación, porque al callejear por allí nos encontramos con un montón de puestos callejeros de comida y cerveza.

Catedral
Dejamos atrás los tenderetes y nos dirigimos, en primer lugar, hacia la catedral (Dom), que abre de 9 a 18. Está situada en la Domplatz, en la orilla sur del río, y es la estructura dominante de la ciudad. Su construcción fue el resultado de un "duelo" entre el románico y el gótico, librado por los arquitectos de la época después de los dos incendios que acabaron con el edificio original, que databa del siglo XII. El elemento más destacado, y a la vez más misterioso, de la catedral es la estatua del Bamberger Reiter (jinete de Bamberg). Nadie sabe con exactitud a quién representa este caballero, aunque existen varias teorías e incluso se sabe que los nazis se valieron de su imagen para tomarla como símbolo de la perfección aria.

Rosengarten del palacio episcopal
Justo enfrente de la catedral, cruzando la Domplatz, se encuentra el palacio episcopal, también llamado Neue Residenz. Se encuentra justo enfrente de la catedral, cruzando la plaza, y destaca su Rosengarten (jardín de rosas). El palacio episcopal está abierto de 9 a 18 horas de abril a septiembre, y de 10 a 16 de octubre a marzo. La entrada al edificio cuesta 4 euros, y al Rosengarten se puede acceder gratuitamente. Nosotros no es que tengamos especial interés por ver el interior del palacio, pero sí entramos al Rosengarten, desde el cual hay unas vistas espectaculares de los tejados rojos del casco antiguo.

Después nos dirigimos, por una cuesta muy larga y muy empinada (bueno, en realidad mi percepción de las cuestas es un poco subjetiva; con esto de estar en baja forma las veo peor de lo que son en realidad...), hacia el Kloster St Michael (monasterio de San Miguel), un antiguo monasterio benedictino que en la actualidad se ha rehabilitado como asilo de ancianos y que, por cierto, es uno de los que cita Adso de Melk en El nombre de la rosa.

Todo el exterior del monasterio está rodeado por unos jardines preciosos y realmente bien cuidados, y cerca hay una terracita que tiene pinta de ser super pija, viendo las pintas y los cochazos de la gente que está allí tomando algo. Damos la vuelta a todo el perímetro del monasterio y, nuevamente, nos encontramos con otro sitio desde el cual hay unas vistas estupendas de toda la parte antigua de la ciudad.

Monasterio de San Miguel
En uno de los rincones de la barandilla de piedra que rodea al monasterio, vemos que hay unas escaleras que bajan en dirección al casco antiguo; pero como no tenemos muy claro dónde nos llevarán exactamente, decidimos desandar nuestros pasos y volver por el mismo sitio por el que hemos llegado al monasterio. Tomamos la misma calle de antes, aunque esta vez se hace menos dura por aquello de que es cuesta abajo...

Llegamos de nuevo a la plaza de la catedral, y damos un pequeño rodeo por el Museo de la Historia, que está justo al lado. Eso sí, ya han cerrado y no podemos verlo por dentro. Para terminar nuestra visita a Bamberg, decidimos pasear un poco por el casco antiguo, por las calles en las que antes habíamos visto todas esas cervecerías ambulantes que tanto nos habían llamado la atención. El ambiente es aún más animado que a nuestra llegada a la ciudad.

Ayuntamiento antiguo
Después caminamos por la orilla del río, hasta llegar a otro de los puentes que lo cruzan. Justo encima del puente se encuentra el edificio más emblemático de Bamberg, que sale en casi todas las fotografías y postales de esta ciudad: el Altes Rathaus (ayuntamiento antiguo). Es un edificio de lo más curioso, situado encima del río sobre dos puentes gemelos. La duda que me queda es la de saber qué pasará si un día el caudal del río se desmanda y le da por subir demasiado...

Volvemos a buscar nuestro coche, al otro lado del río, y nos disponemos a regresar a Maguncia; nos separan de nuestro campamento base unos 244 kilómetros, así que decidimos tomarnos el viaje de vuelta con calma. Dejamos Bamberg con la sensación de haber visitado una ciudad con mucho encanto, y totalmente recomendable para recorrerla caminando. Al día siguiente, es Kassel quien nos espera...

Fotografías: Juan Martínez Jarque

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