28/9/16

Cuadernos hispánicos: castillo de Montalbán

Este castillo lo descubrí, como tantas otras cosas en tierras toledanas, a través de los chicos de la Orden del Toledo Oculto. He estado allí ya unas cuantas veces, la primera en invierno en un día bastante frío, y la última en verano casi muertos de calor; pero las visitas siempre han merecido la pena, y eso se debe principalmente a la buena labor que hace Óscar, el guía oficial de la Casa de Osuna (que es quien ostenta la propiedad). El castillo se encuentra en San Martín de Montalbán, como veis en el mapa, bastante cerca de Toledo.



Punto de encuentro.
El castillo se puede visitar por libre; para eso, al llegar al camino de tierra en el que está el acceso, deberemos dejar el coche porque en la entrada hay una valla cerrada con un candado. Sin embargo, si hacemos la visita guiada (que yo recomiendo sin dudarlo; en el enlace están todos los detalles), esta entrada será el punto de encuentro con Óscar, que nos abrirá para que podamos llegar hasta el castillo en nuestro coche. Esto se hace por motivos prácticos, y es que si ya de por sí la visita es larga, al sumarle el rato de ir y volver andando al castillo se haría más larga aún; así que si nos animamos a ir con Óscar, tendremos la opción de llegar motorizados hasta los pies de esta fortaleza que, por cierto, es la más grande de toda la comunidad de Castilla-La Mancha.

Si vamos a ver el castillo por libre, podremos acceder siempre que queramos, aunque está prohibido hacerlo entre el 1 de febrero y el 31 de mayo, ya que en esa época es cuando están criando las águilas que suelen anidar en uno de los lados del castillo, en la orilla opuesta del arroyo Torcón, y lo suyo es no molestar a los animales en esa época. En cualquier caso, insisto en que la visita guiada merece muchísimo la pena, porque normalmente la gente que va por libre entra al castillo por la entrada principal, da una vuelta por la zona central, como mucho sube a la muralla y eso es todo; sin embargo, de la mano de Óscar aprenderás muchísimas cosas no sólo sobre el edificio sino sobre la historia de España, sobre castillología y sistemas de defensa, y por supuesto te llevarás de allí un montón de anécdotas y curiosidades.

Explanada de acceso.
Lo primero que llama la atención siempre que se llega al castillo es, sin duda, su tamaño; ya comentaba que es la fortaleza más grande de Castilla-La Mancha, y la verdad es que impone, porque en el camino de tierra que llega hasta allí vas rodeado de encinas casi todo el tiempo, y no ves el castillo hasta que estás casi a sus pies. Después de dejar los coches en la explanada empezaremos el recorrido, durante el cual iremos haciendo paradas en diferentes puntos, de los que Óscar siempre tendrá algo interesante que contar.

En primer lugar, nos situamos frente al castillo para saber algo más sobre el foso y el baluarte. En realidad actualmente el castillo ya no tiene foso, pero sí podremos ver desde la entrada cómo en algunos puntos el suelo está algo más bajo, y además veremos también los restos de una muralla que lo rodeaba. El foso nunca tuvo agua ni cocodrilos, como sale a veces en las películas, ya que este castillo estaba pensado como construcción básicamente defensiva y no como residencia habitual. Del baluarte también se conservan pocos restos, básicamente varias filas de piedra que forman una torre de contorno pentagonal, justo enfrente de una de las torres.

Muralla y al fondo torre albarrana.
Después de esta primera introducción accederemos al recinto del castillo propiamente dicho, y en la misma entrada conoceremos algunos detalles sobre los materiales que se utilizaron para su construcción, que en su mayoría son la piedra y la madera, aunque esta última no se conserva en prácticamente ningún sitio. Frente a la entrada tenemos la torre albarrana, que es una de las partes más imponentes del castillo, con sus casi 20 metros de altura y que se conserva todavía en bastante buen estado. Desde aquí veremos un tramo de la muralla, que normalmente es lo que suelen ver los que van por libre, porque al otro lado hay unas escaleras que nos permiten subir hasta ella. Si vamos siguiendo el camino que corre paralelo a la muralla, llegaremos a otra de las torres, en este caso la del homenaje, con forma de espigón (es decir, cuadrada pero colocada de manera que uno de los picos dé al exterior del castillo, como forma de protección). Esta torre además tiene varios matacanes, que se utilizaban para vigilar el perímetro del castillo y también para lanzar todo tipo de proyectiles u objetos que sirvieran para alejar al enemigo. Para rematar, la torre tiene además unas cuantas saeteras, algunas de ellas falsas para despistar a los arqueros enemigos, ya que desde el exterior parecen reales pero al disparar hacia ellas, las flechas rebotaban en la pared.

Entrada principal.
Si dejamos esta torre a nuestras espaldas y seguimos rodeando el castillo, llegaremos a la entrada principal, que acaba en un pasillo bastante estrecho pensado precisamente para que los enemigos solo pudieran pasar de uno en uno, y que así fuera más fácil atacarlos. Esta entrada incluye otro sistema más de defensa (como veis, los que vivían en el castillo lo tenían todo pensado), unas saeteras que están en el lado opuesto de la puerta y que también sirven para disparar al enemigo cuando llega a la puerta principal. Como además se supone que los guerreros sujetaban la espada con la mano derecha y el escudo con la izquierda, en ese caso las flechas les llegarían por la derecha con lo cual les sería más difícil defenderse de los ataques provenientes del castillo. Una vez que cruzamos la entrada principal nos encontramos en primer lugar la garita, que es el punto desde el que no solo se protege la entrada principal sino, principalmente, la torre del homenaje, que está justo encima.

Puerta de la mora.
Tras pasar la garita nos encontramos en el interior del castillo, aunque de él quedan ya pocos restos. El recorrido continúa por el interior de los muros, porque aunque solo tendremos precisamente la muralla y todo lo demás es simplemente tierra (al menos lo que tenemos a simple vista), Óscar irá haciendo paradas en diversos sitios para explicarnos más cosas y más curiosidades. Una de ellas son los aljibes, de los que no recuerdo la cantidad exacta en litros pero tienen una capacidad inmensa; también hay un hueco entre el suelo y la muralla, que servía tanto para arrojar los desperdicios como para evitar que alguien pudiera entrar por allí; aunque en este caso es bastante complicado hacerlo, porque toda la parte trasera del castillo da a un cortado desde el que se ve (los que se atrevan a asomarse) el arroyo Torcón, que está a bastantes metros de la muralla y por eso en este lado los elementos protectores no son tantos como en la entrada principal. A continuación encontraremos una entrada de piedra que asoma al desfiladero del arroyo; la llaman puerta de la mora porque dice una leyenda que una musulmana que vivía en el castillo, cuando vio que lo tomaban los cristianos, prefirió arrojarse desde allí al arroyo con su hijo en brazos para evitar que la obligaran a convertirse al cristianismo o cosas peores. La verdad es que impresiona la vista desde esta puerta...

Vistas desde la pared trasera.
Un poco más adelante encontramos, grabadas en la piedra de la muralla, algunas inscripciones árabes de las que se desconoce su significado exacto. Hay varias teorías pero de momento no se ha podido probar ninguna de ellas. Y un poco más adelante, siguiendo el recorrido por la muralla, encontraremos uno de los puntos más interesantes del castillo; se trata de la puerta que pudo cambiar la historia de España. En este tramo estuvimos parados un buen rato mientras Óscar nos contaba la anécdota de esta puerta, y precisamente esta anécdota es la que os decía antes que dio de sí como para hacer un serial radiofónico que dio nada menos que para 33 capítulos. Para resumirlo un poco, porque el relato de Óscar duró cerca de media hora y es un lío de mucho cuidado, simplemente os contaré que estos hechos tuvieron lugar en 1420, después de que el rey Juan II de Castilla hubiera sido hecho prisionero por su primo, el infante Enrique de Aragón, que más tarde fue rey. Juan II pudo escapar y acabó refugiándose en el castillo de Montalbán, que fue asediado por Enrique durante casi dos meses. Los vecinos de la Puebla de Montalbán fueron de gran ayuda durante ese asedio, por lo que Juan II los recompensó con la concesión de un mercado semanal. Y esta puerta tuvo un papel crucial, ya que era desconocida por los que asediaban el castillo y fue por allí por donde se pudo enviar a un mensajero para que avisara de que el rey estaba prisionero; si no hubiera existido esta puerta, o si no hubieran sabido de ella, es posible que Enrique de Aragón hubiera acabado siendo rey también de Castilla.

En esta zona del recinto del castillo tenemos también las antiguas viviendas, tanto las de nos nobles como las de la población civil, que cuando había algún problema en la localidad, se refugiaba dentro de la muralla que rodea al castillo. Se supone que también había una iglesia, aunque hoy día no quedan restos visibles. Y también en esta zona hay una piedra un poco misteriosa, con un hueco en el centro y un dibujo grabado (en principio con forma de pez, pero no está del todo claro), que no se sabe muy bien si se utilizaba para moler grano o si tenía alguna otra función.

En lo alto de la torre del homenaje.
Después de esto, volveremos de nuevo hacia la garita del principio y podremos usar las escaleras que están adosadas a la muralla para subir a la torre del homenaje; normalmente esto se hace cuando el grupo que hace la visita no es demasiado numeroso, o cuando no hay niños muy pequeños, porque la escalera es un poco empinada, con escalones muy estrechos e incluso en algunos puntos muy deteriorados, y además no tiene pasamanos ni nada de nada. Pero la verdad es que la subida merece la pena, no solo por las increíbles vistas sino también por ver una de las pocas estancias que aún queda más o menos en pie dentro del castillo. Al llegar al final de la escalera tendremos que avanzar un poco más, por un pasillo muy estrecho por el que tendremos que acabar pasando agachados, para ir a salir a la parte de la torre en la que podremos ver, entre otras cosas, las saeteras y matacanes de los que os hablaba al principio. Se cree que el espacio inferior de esta torre se pudo utilizar como almacén o cuadra. Y por último, si no hay demasiada gente en el grupo y los pocos que hay se quieren animar, se puede subir también a la planta más alta de la torre; aquí hay que andar con cuidado, primero porque en esta zona no hay paredes ni nada más que el suelo bajo nuestros pies, y segundo porque en el suelo hay un agujero bastante grande y si nos colamos por él y aterrizamos en la primera planta, es probable que nos hagamos algún estropicio...

Junto al pozo.
Con la subida a la torre ya estaremos casi terminando nuestra visita al castillo, aunque nos espera una sorpresa más. Y es que hay una leyenda que dice que, si visitas el recinto la noche del 27 de diciembre, podrás encontrarte con un caballero templario que dirá en voz alta: ¿Quién me ayudará a conquistar Jerusalén? Y si en ese momento hay alguien por allí (tú o quien sea) y lo escucha, deberá contestarle: Yo te ayudaré a conquistar Jerusalén. Y entonces, siempre según la leyenda, el caballero le mostrará, a quien le haya contestado, dónde está escondido el tesoro de los templarios. Pero, como siempre dice Óscar cuando cuenta esta leyenda, el verdadero tesoro lo tenemos aquí mismo, entre los muros del castillo y al tener la oportunidad de visitarlo. Por último, después de bajar de la torre volveremos de nuevo a la entrada principal y veremos la coracha, que es un sistema de fortificación (otro más de los muchos que tiene este castillo) consistente en un muro que suele estar cercano a una toma de agua y avanza hasta una torre albarrana. Y efectivamente, junto a esta coracha tenemos el pozo del castillo, que además se supone que tiene un pasadizo que lo uniría con el pozo de la cercana iglesia de Santa María de Melque, también relacionada con los templarios y que por supuesto también os recomiendo que visitéis si tenéis ocasión.


Como veis, no puedo más que recomendar la visita a este increíble castillo; y desde luego si puede ser con guía mucho mejor, porque desde luego, con Óscar


no verás el castillo; conocerás el castillo.

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