23 de mayo de 2018

Amstelzicht, junto al mercado de las flores

La entrada
Cuando viajamos a Ámsterdam, el Amstelzicht fue el hotel que elegimos para alojarnos; nos gustó porque tenía muy buena pinta, estaba muy céntrico y no nos salía demasiado mal de precio (teniendo en cuenta que Ámsterdam no es que sea precisamente una ciudad muy barata), así que allí nos fuimos.

Su dirección exacta es Amstel 104, y se encuentra muy cerca de la plaza Rembrandt, la plaza Dam y el Mercado de las Flores, que son algunos de los puntos más conocidos de la ciudad. Además, se trata de un edificio histórico que fue totalmente renovado para habilitarlo como hotel. Algo que hay que tener en cuenta es que la entrada se hace por unas escaleras y al menos cuando nosotros fuimos no había rampa ni nada que se le pareciera (en la foto de la izquierda podéis verlo), así que los que tengan problemas de movilidad deben tenerlo en cuenta. El recepcionista que nos atendió, George, del que por cierto nunca podré olvidarme porque fue un encanto, nos habló en un español casi perfecto; el pobre encima pidiendo perdón porque decía que su español era horrible...

Cuando hicimos la reserva por internet, que fue directamente en la web del hotel, al rellenar el formulario nos daba la posibilidad de elegir el tipo de habitación; las hay dobles, dobles con vistas al canal, triples, e incluso apartamentos para hasta cuatro personas. Eso sí, como te toque en otra planta que no sea la principal, ya sabes que te tocará subir (o bajar, que también hay habitaciones en el sótano) a mano, porque además los holandeses creo que son fans de las escaleras, cuanto más empinadas mejor. Nosotros elegimos una habitación doble con vistas al canal, que estaba en la primera planta, y que resultó genial porque además de ser enorme, tenía a la entrada un recibidor con un armario gigante, en un lateral el cuarto de baño en el que teníamos una bañera que ocupaba casi una pared entera, y al otro lado el lavabo con una bandeja en la que nos habían dejado un montón de cositas, desde gorro de ducha hasta cepillos de dientes y pasta incluida.

Habitación con vistas
Después de pasar el recibidor y el baño, se entrababa en la habitación propiamente dicha, en la que teníamos casi un apartamento en miniatura (si las habitaciones son así, ni me imagino cómo serán los apartamentos); allí teníamos una cama enorme con una mesilla de noche a cada lado, enfrente un escritorio con un mueble bar y la televisión, y en un lateral un ventanal también enorme, desde el suelo hasta el techo, con una mesa y un par de sillas justo al lado; desde aquí era desde donde teníamos esas famosas vistas al canal, en este caso el Amstel, que anunciaban en la web.

También teníamos disponible en la habitación una caja fuerte que no llegamos a utilizar, una plancha y como suele ser habitual conexión wifi. Eso sí, el suelo era de moqueta que es algo que odio con todas mis ganas, pero bueno...

Y menudas vistas...
Como curiosidad, aunque esto no sé si habrá cambiado, cuando nosotros estuvimos alojados en el hotel nos dijeron que en él no se sirven ni desayunos ni comidas ni cenas, ya que no tienen restaurante. Así que lo mejor es o bien buscar en la ciudad sitios donde comer, o bien hacer la compra en cualquier supermercado y, aprovechando que en las habitaciones hay mueble bar, guardar ahí las cosas que puedan estropearse; así se puede por ejemplo desayunar en el hotel, o incluso cenar algún día si es que estás tan cansado de patear que no te apetece ni buscar un sitio. En cualquier caso, si tenéis pensado hacer un viaje a Ámsterdam y el presupuesto os da para alojaros en este hotel, creo que es muy buena opción; está muy céntrico, las vistas al canal son una pasada, el personal es amabilísimo y las habitaciones geniales... La única pega que quizá le pondría es que por el precio que tiene, podrían incluir al menos el desayuno; aunque también es cierto que ellos se desviven por recomendarte sitios, que siempre es un detalle.

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