20 de abril de 2018

St Denis, en el barrio latino de Montreal

Imagen: web del hotel
Después de pasar por Quebec y sus alrededores, durante el viaje de vuelta hacia Toronto teníamos pensado parar en Montreal para visitar también esta ciudad. Aquí también nos plantamos a la aventura, sin haber reservado alojamiento; siguiendo los consejos que leímos por el camino en nuestra guía, decidimos acercarnos al hotel St-Denis, que está en un barrio muy bien comunicado. Esta vez tuvimos incluso más suerte con el aparcamiento, ya que en la misma puerta del hotel había sitio; nos dirigimos a la recepción para preguntar si tenían libre una habitación doble para tres noches, y como nos dijeron que sí, nos quedamos allí directamente.

La dirección exacta del hotel es calle St-Denis 1254. Es un edificio de cinco plantas, cuadrado y con ventanas en los cuatro lados de los cuatro pisos en los que se encuentran las habitaciones; intuyo que todas las habitaciones deben de ser exteriores, ya que por la pinta que tenía el interior no parece que haya un patio central ni nada por el estilo. Lo primero que encontramos al entrar fue el mostrador con la recepción, no demasiado grande y con acceso al comedor y a la sala común, donde tenían un rincón para ver la televisión o leer la prensa. El suelo en todo el edificio es de moqueta aunque se veía todo bastante limpio. La gente que nos atendió siempre en recepción eran chicos bastante jóvenes; supongo que eran estudiantes que se habían buscado un trabajillo, porque además la zona universitaria no está demasiado lejos, así que podría ser perfectamente.

La habitación que nos dieron era de las de la última planta; a la entrada, a la derecha, tenía el cuarto de baño, no demasiado grande pero suficiente para nosotros, con bañera, inodoro y lavabo, además de las típicas cosillas que te suelen poner a modo de recibimiento como gorros de baño, peines, vasos para los cepillos de dientes, pastillas de jabón, gel, champú, secador de pelo... A continuación estaba la cama, bastante grande y con una mesilla de noche a cada lado, y que por cierto nos resultó comodísima; y una cosa que me llamó muchísimo la atención fue que en la pared del cabecero había un marco enorme de Ikea; lo gracioso es que habían colgado el marco tal cual, sin haberle puesto ninguna lámina y sin haberlo siquiera desenvuelto del plástico. A la derecha de la cama estaba la ventana que da a la calle principal del hotel; pensé que no conseguiríamos pegar ojo, pero a pesar de la zona tan animada en la que estábamos, no escuchamos ni un ruido.

Enfrente de la cama había, en el lado izquierdo de la pared, un armario bastante grande con almohadas y mantas de sobra; y en el lado derecho, desde el armario hasta la pared de la ventana, una encimera en la que estaban la televisión, el mueble bar, un par de sillas y una cafetera. Hay varios tipos de habitaciones en el hotel, pero la que cogimos nosotros fue una doble estándar; lo digo porque ya sabéis que los precios pueden variar, aunque como siempre, para eso están las páginas de comparación de precios o incluso la propia web del hotel. Aquí no tuvimos la suerte de que organizaran visitas guiadas gratuitas como en el hotel en el que nos alojamos en Quebec, pero como estuvimos allí tres días pudimos ver bastantes cosas por nuestra cuenta.

En todo el edificio había conexión wifi gratuita, y el hotel también tiene aparcamiento, situado en el sótano, y que se paga por días. No llegamos a utilizarlo porque en las calles de detrás solíamos encontrar sitio sin problema; el único detalle que hay que tener en cuenta es que debes quedarte con la copla de lo que indican las señales: en algunas aceras no se puede aparcar ciertos días de la semana o del mes a ciertas horas, y en otras no se puede a otras horas distintas y otros días distintos (me tocó recordar a toda pastilla los nombres de los días de la semana y de los meses en francés, que los tenía medio olvidados). Y en Canadá son de lo más puntillosos con esto de las normas, así que si te pasas de listo y aparcas donde quieres, lo más probable es que te pongan una multa o que la grúa se lleve tu coche.

De cualquier manera, la elección de este hotel me pareció muy acertada, tanto por el precio al que nos salió como por la zona en la que se encuentra, bastante cerca de los puntos de interés del centro de la ciudad. Con lo cual creo que, con bastante probabilidad, volvería a elegirlo.

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