22 de febrero de 2018

Hotel Escale Oceania, en Orleans

Imagen: Google maps
Como el viaje por Alemania ha sido una buena paliza de kilómetros, decidimos que al volver a España va a ser buena idea parar, en el camino de vuelta, dos noches por el camino en lugar de una sola como hemos hecho otras veces. Nos han dicho que Orleans es una ciudad muy chula, así que como hemos encontrado habitación para las fechas en las que volvemos a España, decidimos pasar una noche allí. Por el camino desde Maguncia nos caen todas las lluvias que no nos han llegado a caer en Alemania, así que se nos hace de noche y además no podemos ni ver los castillos que hay por esta ruta; normalmente se ven desde la carretera, pero esta vez no hay forma.

Por fin llegamos al hotel Escale Oceania, que está en Quai Saint Lauren 16; no se encuentra demasiado lejos del centro de la ciudad, pero sí lo bastante como poder considerar que aquello son las afueras. En cualquier caso nosotros lo que buscamos es un alojamiento en el que no tengamos problemas para aparcar, y este sitio es ideal porque dentro del propio hotel hay un aparcamiento para huéspedes, así que lo demás nos importa poco. Y a pesar de estar a las afueras, nos encontramos justo a orillas del río Loira, frente a uno de los puentes nuevos, con lo cual el entorno a priori nos gusta bastante, aunque hayamos llegado de noche.

El edificio no es demasiado grande, con tres pisos, el último de ellos abuhardillado; es totalmente cuadrado y en el centro tiene un patio, que es el espacio que hace las veces de aparcamiento. De todas formas, al llegar hemos visto que en la misma calle hay bastantes huecos donde poder dejar el coche; esto lo digo porque el precio del aparcamiento en el hotel es un poco raro: te cobran por día, pero sólo si tienes el coche aparcado allí entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde; el resto del tiempo, es gratuito. Al acceder al hotel nos encontramos en la entrada con un recepcionista que parece que no tiene demasiadas ganas de hablar en otra cosa que no sea francés; a mí esto me pone de los nervios, porque doy por hecho que en todos los hoteles del mundo y en los sitios turísticos los empleados hablan al menos inglés, pero no nos queda otra más que armarnos de paciencia. Y con algo de dificultad, porque estamos ya cansadísimos de tantos kilómetros en coche y lo que nos apetece es irnos a dormir cuanto antes, conseguimos entendernos...

Nuestra habitación es doble, bastante grande, con un armario empotrado en el que nos cabe absolutamente todo el equipaje, y un cuarto de baño completo también enorme. También tenemos un escritorio y un televisor que ni llegamos a utilizar. Y por último una cama de matrimonio en la que, no sé si por el cansancio o porque además es comodísima, dormimos de un tirón. Sinceramente, no me fijo mucho en los detalles, pero sí veo que en el lado izquierdo de la cama tenemos un ventanal enorme que da a la fachada principal del hotel; y aunque se trata de una calle bastante concurrida, no escuchamos ni un ruido en toda la noche. Y un detalle que me parece de lo más atento es que, encima de la cama, nos encontramos una notita en la que pone el nombre de la persona que nos ha preparado la habitación, deseándonos una feliz estancia.

A la mañana siguiente bajamos muy temprano a desayunar porque queremos dar una vuelta por Orleans antes de poner rumbo a nuestro siguiente destino. El restaurante está en la planta baja, detrás de la recepción; es bastante grande y el desayuno nos gusta mucho porque es muy variado, aunque una cosa que no me hace ninguna gracia es que haya moqueta en el suelo; en las habitaciones puede que tenga un pase, pero en un sitio donde lo más normal es que caigan restos de comida, no me parece muy higiénico.

En resumen, un hotel muy bonito y acogedor, que a mí personalmente me recordó a uno de esos castillos que hay por la zona (en pequeño, eso sí), una habitación que nos resulta amplia y cómoda, un desayuno bastante bueno y además a orillas del río, que le da su encanto. Lo único malo diría que es el precio, aunque ya íbamos advertidos porque nos han dicho que en Francia los hoteles suelen ser malos y caros; en este caso malo no fue, pero caro sí. Aunque, como siempre, es mejor investigar porque lo mismo encuentras una ganga.

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