8 de noviembre de 2016

Basura blanca

El término "basura blanca" no es nuevo ni lo ha inventado ningún periódico estadounidense; ya viene de muy lejos y servidora lo leyó por primera vez en la novela de Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó, por ser el término con el que se referían los "negros de casa", es decir, los esclavos de las plantaciones de los grandes terratenientes, a los blancos pobretones que malvivían en casas destartaladas con un pequeño terreno que apenas les daba para vivir. Ese término, con carácter peyorativo de definir a quien tenía menos y vivía peor que los esclavos, aparece y desaparece de la sociedad americana pero nunca ha dejado de existir y, curiosamente, en estos extraños tiempos que vivimos vuelve a aparecer, pero con una nueva característica de "reinvidicación".

De un tiempo a esta parte estamos descubriendo nuevos términos étnicos, de esas cosas que se pueden decir y no se pueden decir porque son o no son ofensivas y es todo muy complicado porque, hasta con la mejor intención, casi nadie se libra de decir algo que a alguien le parecerá ofensivo. Porque, la verdad, vivimos en una época del mundo en la que todo es susceptible de ser ofensivo, absolutamente todo, y nos tenemos que plantear el hablar y exponer nuestros pensamientos no como personas libres y anónimas que somos y sí como si fuéramos altos cargos de la administración, ya que tal parece que todo lo que digamos en cualquier momento nos puede estallar en la cara y podemos ser "acusados" de casi cualquier cosa terrible. Sin embargo, a los que ocupan altos puestos públicos parece que lo que les hace simpáticos a su público es, precisamente, lo contrario, y ese uso y abuso del lenguaje ofensivo y el "dale caña" ya es, desgraciadamente, una premisa fundamental para hacerse popular.

Pero a ustedes y a mí, ciudadanos tan encantadores como anónimos, no solo no nos viene bien ese tipo de lenguaje; casi todos tenemos nuestro rastro personal, como brillante baba de caracol, en las redes sociales, y cualquiera puede usarlo como "ofensa", también porque puede que esté usted de cordial y alegre conversación con las amistadas en una cafetería y alguien de la mesa de al lado le oiga y no solo ponga la oreja a la conversación; también puede grabar todo lo que se dice con un teléfono móvil y ¡quién sabe!, puede usted acabar siendo el involuntario protagonista de esa tontería que se llama "vídeo viral". Y es que vivimos en la época del mundo en que todos podemos y somos y hasta ejercemos de agentes secretos, y tal parece que todo lo que digamos en nuestra vida corriente y moliente de ciudadanos puede fiscalizarse y convertirse en arma arrojadiza o en eso que se llama "viral" , ya que están las redes sociales llenas de las cosas más cotidianas y absurdas y cualquier tontería como una nota de una madre a un profesor, un chiste inoportuno sacado de contexto, una foto de las vacaciones, una gracieta sin gracia o cualquier cosa que nos pasaría desapercibida, por arte y magia de las redes sociales se hace más conocida que el desembarco de Normandía y se convierte en "viral". Personalmente me gustaría disponer en mi ordenador de alguna tecla que bloqueara y me librara de ese tortura moderna que son "los vídeos virales".

Y sí, algo parecido al funcionamiento de los virus tienen estos vídeos, porque nos infectan a todos y nos convierten en más tontos y manejables de lo habitual, y hasta hay gentes que se dedican a eso, a buscar o hasta a crear "virales" porque algo, lo que sea, que se haga conocido y reciba muchas visitas, puede proporcionar dinero. Da igual que sea la travesura de un lindo gatito o el atropello múltiple de peatones en un paso de cebra; se comparte, se expande y nos va haciendo más indiferentes y queremos más y más de esos "virales". Y todo esto viene a cuento de la extraña sensación que produce la carrera electoral de Estados Unidos. Desde que empezaron los debates de uno y otro partido (lo habitual en las elecciones USA), algo huele a podrido en todo ello y ya sabemos que si Estados Unidos estornuda, el resto del mundo pilla catarro.

Los partidos americanos están desesperados por captar votos y nos dicen, nos cuentan, lo decisivo que es el voto de tal o cual "minoría relevante". Pero no es cierto. Por lo que se está peleando es por captar, incentivar, provocar el voto de una gran mayoría que nunca vota y nunca vota porque no le interesa un partido republicano, siempre dando vueltas y más vueltas a cuestiones religiosas, ni un partido demócrata, que solo habla de cosas que al americano medio no le interesan. Esa mayoría estadounidense no votante ni interesada por la política, porque la política nunca se ha interesado por ellos, es lo que en Estados Unidos se llama "basura blanca", población étnica más o menos blanca-caucásica que no pertenece ni puede estar incluida en ninguna "minoría relevante" y que sobrevive a todas las desventajas de un sistema social del madeyourself y sin ninguna de sus ventajas, salvo la de la libre tenencia de armas.

Es la población que no existe en los estudios sociológicos pero ahí esta, en permanente eqiilibrio con la bancarrota y no, ya no es solo la gente marginal que dio origen al término "basura blanca", ya no es solo ser ajeno a otra educación que no sean las radicales escuelas religiosas de cada estado y ser más pobre que las ratas; ni siquiera es su ampliación a los que viven en la casi imposibilidad de no poder salir de un gheto de pobreza e ignorancia, del malvivir que da depender de un empleo siempre precario. Nos suena, ¿verdad? Bien, es un amplio grupo social pero que no tiene peso ni influencia como tal, no existe un lobby de la "basura blanca" y, sin embargo, es un gran y heterogéneo grupo a quien los políticos no se suelen dirigir porque un no votante habitual no es motivo para interesarse demasiado, ya que tampoco son ni están organizados como "grupo".

Pero la crisis mundial ha traído el hecho de que mucha clase media e incluso clase media alta ha perdido su empleo, su forma de vida y se ha convertido también en "basura blanca" pero, al contrario que los habituales integrantes de esa clase social abundante pero difusa, la nueva "basura blanca" sí ha pasado por la universidad, sí tenía confortables empleos que le permitía pagar sus créditos universitarios, vivir bien y hasta muy bien y, por tanto, sabe de dónde viene y sabe que existe un tipo de vida que es a donde desesperadamente quiere volver. Y por eso será que en esta campaña electoral americana todos los candidatos, tanto los republicanos como los demócratas, han estado hablando de cosas que al ciudadano medio acomodado, no rico pero que vive en parámetros de poder pagar sus facturas y comer y vestir a diario sin grandes preocupaciones, le suenan muy raras.

Sí, los partidos USA se han dado cuenta, algo tarde y apresuradamente, de que la "basura blanca" ahora tiene conciencia de ser quien es y va a votar. Y hay que captar esos votos como sea. De ahí que la palabra "socialismo" asociada al candidato Sanders no fuese vetada ni causara el pavor y rechazo que les causaba a los del partido demócrata si era aplicada a Obama. NO, no, bajo ningún concepto se aceptaba la palabra "socialismo" aplicada a su candidato afroamericano. Claro que lo de Sanders no es socialismo ni se le parece, y el mismo Sanders no podría explicar a una clase de niños de primaria qué es y qué supone el socialismo. Pero como etiqueta para quien ha gestionado los abundantes recursos de un estado muy rico, con ciudadanos más que acomodados, como Vermont, resulta del todo inofensivo. A un socialista de toda la vida, eso de que a Sanders se le aplique la etiqueta socialista lo puede matar de la risa, pero USA is different. De todas modas ya ven, Sanders puede ser socialista dentro del partido demócrata pero Obama no, no, nunca.

En el partido republicano no hay socialismos de ningún tipo y siempre optan por el valor "religión" como nexo de unión ente sus posibles votantes, y sí, es un valor seguro porque otra cosa no habrá en Estados Unidos, pero las congregaciones religiosas son más numerosas que cualquier otro tipo de actividad, tanto pública como privada. Pero el partido republicano está ahora liderado por Donald Trump, que no es republicano ni demócrata; es simple y llanamente Donald Trump, famoso multimillonario. Y el partido demócrata está liderado por quien ya fue inquilina de la Casa Blanca y que, en su primer intento de volver como titular, perdió en las primarias de su propio partido contra el perfecto desconocido que era entonces el actual presidente. Algo del todo inaudito, porque candidato que pierde en primarias, candidato que desaparece para siempre.

Por tanto, nada de lo que antes funcionaba vale ahora, porque ambos partidos están comandados por candidatos inauditos y es tan fascinante como aterrador ver cómo los dos candidatos a la presidencia, dos personas en edad de estar jubiladas, corretean con inusitada energía de estado en estado apelando, en realidad, ambos a lo mismo, que es eso ya tan conocido de "todo debe cambiar para seguir igual". El mundo ha cambiado, sin duda, y escribo esto a apenas unas horas de saber quién va a ser el que va a alcanzar la presidencia del mundo... en la carrera electoral más extraña y loca que nadie habría podido imaginar jamás. Y con el nuevo añadido y "descubrimiento" de que "basura blanca" ya no son los marginales que malviven en caravanas y casas sin lavadora sin que a nadie le importe; "basura blanca", señoras y señores, ya somos todos.

A unas horas de saber el resultado, tenemos a dos candidatos que, sobre todo, irritan profundamente a sus propios partidos y a quienes sus partidarios no apoyan por ser la mejor opción y sí por ser menos terribles que su contrario. No es muy esperanzador. Las elecciones americanas son una mezcla única de política y show hollywoodiense, pero siempre predominaba el componente político y, aunque sabemos que de todo lo que promete cualquier político de donde sea no llegará a cumplir ni un tercio de lo dicho, y que donde dije digo digo diego, la exposición de ideas y el debate político siempre constituye un buen ejercicio. Pero estas elecciones tienen poco de político y mucho de exposición de entrañas, y ni siquiera cuenta con el componente de show de altura del gran escenario, porque se ha convertido, como casi todo lo que nos rodea, en un vulgar reality show aderezado con abundancia de "vídeos virales" y titulares vergonzantes. Y ya sabemos que los reality shows es como se llama ahora a la oportunidad de ser maleducado y bocachanclas y que te premien por ello.

A pocas horas del final de esta carrera electoral, ya no hay tiempo más que para desear que acabe cuanto antes y lo único positivo (por ver algo positivo a esa especie de carrera loca de rascar votos de donde sea con nulos argumentos de una y de otro) es que me voy a quedar con la idea de que estos dos, Hillary y Donald, Donald y Hillary, multimillonarios los dos y amigos y conocidos desde hace más de 30 años, nos demuestran que hay vida más allá de la reglamentaria edad de jubilación; y que, más que cualquier otra cosa, vamos encaminados a una sociedad donde vamos a estar trabajando hasta los 80 años para pagar nuestras deudas. Y aun así, con algo de ayuda de las industrias farmacéuticas y ese montón de pastillitas para todo que producen por toneladas, tendremos algunos años más para disfrutar del merecido descanso de la jubilación. Es decir, todos seremos "basura blanca" que arrastraremos nuestros culos trabajando hasta tres días antes de morir (y además daremos gracias por ello), que viene a ser lo mismo que en la época de nuestros bisabuelos, cuando llegar a la edad de jubilación era casi un milagro y eso que se ahorraba el erario público en pensiones. Y así va a ser de nuevo, independientemente del color de la piel y el punto del mundo donde se viva.

Y de ahora en adelante, todo candidato que quiera tener alguna oportunidad como tal, además de buscar el buen y conveniente arropado parasitario de los "massmedias" afines, se tendrá que concentrar en discursos elaborados y escandalosos, cuanto más mejor, con palabras vulgares y malsonantes de esas que todos entendemos a la primera y siempre y solo sobre lo que la gente quiere oír, olvidando cualquier programa político; y no importa que mientan porque ¿a quién le importa, si nunca cumplen lo que dicen? Pero no, no desesperemos; en la mayoría de los casos es mucho mejor que no se cumpla nada de lo que nos prometen los políticos, ¡eso sí sería una verdadera tragedia para la humanidad!

A pocas horas del final de la carrera electoral estadounidense, lo único que todos queremos es que acabe ya y que pase lo que tenga que pasar pues, la verdad, a pesar de tanto jaleo mediático, la realidad es que va a dar igual quién gane y tampoco tiene tanta importancia. Pero nos gusta, como ciudadanos anónimos pero mundanos, sentirnos importantes y hasta decisivos en los grandes asuntos de estado del mundo mundial y, con esa vana ilusión que nos reconforta cuando los políticos en campaña nos dicen a los posibles votantes a todas horas lo importantes que somos, cosa que nos hace sentirnos inteligentes y relevantes, con nuestros likes o no likes en las redes sociales nos sentimos de lo más participativos e integrados y eso siempre es gratificante para cualquier ser humano. Y para los periódicos es aún más maravilloso, ya que desde que existen las redes sociales los redactores solo tienen que echar un vistazo a los movimientos de las tales redes sociales y, tratándonos como si fuéramos pececitos en una enorme pecera, nos echan migas y miguitas de los colorines que más nos gustan para hacernos seguir sintiendo "importantes y decisivos". Y se lo pasan pipa viendo cómo nos mordemos entre nosotros, cual pirañas amazónicas, por defender nuestras migas y miguitas...

Sí, es fantástico ser basura blanca o de cualquier otro color, que es la opción general de quien no es una "minoría relevante"; esa gran masa de gente que no aparece en ningún tratado de sociología ni en los estudios de los importantes politólogos, y que resulta que somos todos nosotros, la gran masa de gente de todo tipo sin ninguna característica especial ni "relevante" por la que políticos y "massmedia" solo muestran reciente interés en las épocas de ser vistos como "posibles votantes trasversales". Y entonces ¡hay que ver cómo nos miman!, ¿no es cierto? Pues los políticos ya solo nos dicen lo que queremos oír, los periódicos nos dan la razón en todo, nos preguntan a todas horas nuestra opinión y, además, la elevan a grandes titulares y artículos de opinión... Sí, es fantástico, aunque dure poco. Porque a la semana siguiente de cualesquiera elecciones, ya dejamos de ser mimados "posibles votantes" y pasamos a ser meras estadísticas anónimas de encuesta.

Sí, a pesar de todo, es estupendo que exista esto de las elecciones y, sobre todo, las elecciones USA, que siempre son muy entretenidas y más cuando sabemos que da igual quien gane. Porque Obama era el paladín de la paz mundial y ya ven, guerras y masacres por todos sitios; por tanto ¿qué más da?

Por cierto, ayer hubo elecciones presidenciales en Bulgaria pero ¿a quién demonios le importa?

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