20 de junio de 2018

Cuadernos holandeses (IV): zonas verdes de Ámsterdam

Para completar esta serie de entradas sobre Ámsterdam, en las que ya os he hablado tanto del alojamiento que elegimos como del centro histórico, los museos e iglesias y por supuesto sus canales, he decidido dejar para el final hablaros de sus zonas verdes, que son unas cuantas, y es que en esta ciudad te encuentras un parque casi detrás de cada esquina.

Imagen: Aerophoto Schiphol
Una de estas zonas verdes es Vondelpark, que no sé si es el parque más famoso de la ciudad pero desde luego en extensión sí es el más grande, con sus casi 500.000 metros cuadrados. Como la mejor forma de apreciar bien sus dimensiones es desde las alturas, pongo una foto que no es mía pero que me encanta porque en ella se ve perfectamente el espacio que ocupa este parque dentro de Ámsterdam, que además está al ladito de Museumsplein, zona de la que ya hablé en la entrada correspondiente al centro. Sin embargo, a pesar de estar tan céntrico, cuando paseas por él es como si estuvieras en mitad del bosque y totalmente alejado del bullicio de la ciudad.

Vayas cuando vayas, Vondelpark lo encontrarás siempre lleno de gente paseando, montando en bicicleta (lo de la bici ya sabéis que es lo habitual en Ámsterdam de todas formas, en cualquier lugar), haciendo deporte o incluso más de uno se va allí a pasar el día, con su manta y su cesta de picnic; y no sólo cuando hace sol y el día está despejado, sino en prácticamente cualquier momento. Que precisamente Holanda no se caracteriza porque haya muchos días de sol. Por supuesto, no podían faltar las cafeterías tampoco en esta zona de la ciudad, en caso de que nos apetezca más estar a cubierto. El parque además hace ya unos cuantos años que fue declarado monumento nacional, y si además lo visitáis en verano, es bastante posible que os encontréis con que hay algún concierto al aire libre.

Uno de los invernaderos del Hortus Botanicus
Hay otros parques también muy conocidos; son, entre otros, Rembrandtpark, que está lleno de lagos, senderos y hasta varias zonas infantiles, y además tiene el honor de albergar la granja escuela más antigua de la ciudad; Beatrixpark, muy grande, con un lago y una zona, la más antigua del recinto, que está hecha a imagen y semejanza de los jardines ingleses; y también Oosterpark, al oeste de la ciudad (de ahí su nombre) y que es el más animado, ya que suele estar siempre lleno de gente, se organizan en él conciertos y festivales, y tiene además un rincón muy curioso conocido como la piedra del orador, un podio en el que los sábados a mediodía cualquier persona tiene vía libre para subirse a él y hablar sobre el tema que más le apetezca.

Una cosa de la que nadie me había hablado, pero con la que nos topamos de casualidad y que finalmente resultó ser casi la que más me gustó de la ciudad, fue el Hortus Botanicus, uno de los jardines botánicos más antiguos de todo el mundo. No es demasiado grande en extensión, pero sí muy interesante por la cantidad de variedades de plantas que alberga; como curiosidad, en él se cultivó la primera planta de café que hubo en Europa. Tiene varios invernaderos, zona tropical, desértica, con estanques, mariposario, una orangerie, senderos marcados por los que se puede ir accediendo de un rincón a otro, una cafetería, una tienda de recuerdos, y lo más destacado, varios tipos de palmeras. Además desde hace algún tiempo la visita está incluida en el precio de la Amsterdam Card, así que nos salió gratis; y fue una gozada poder pasear por allí y ver las distintas zonas y diferentes estancias con sus correspondientes plantas.

La zona de los estanques
Y por último, una cosa que no nos podía faltar en nuestra visita a Ámsterdam era su famosísimo Bloemenmarkt (mercado de las flores, inaugurado en 1862), que yo tenía en mente que sería un edificio entero, o un recinto cerrado, o algo así; pero no sé por qué me lo imaginaba enorme y lleno de tenderetes en los que se venden flores. Y sí, está lleno de tenderetes y en ellos se venden flores, pero no es un recinto independiente sino que está en la calle, con los puestos colocados uno en fila a continuación de otro, y con la peculiaridad de que aunque no lo notemos, en realidad están flotando en las aguas del canal Singel. En el país de los tulipanes, desde luego esta flor es la que más abunda en el mercado, y es increíble la cantidad de variedades y de colores diferentes de ellos que hay. Y por supuesto, aquí también encontraremos todo tipo de objetos relacionados con las plantas, desde bulbos y semillas hasta utensilios de jardinería, además de otras cosas que no tienen absolutamente nada que ver con las flores.

De paseo por el mercado de las flores
Como el mercado está en una calle peatonal, en la acera de enfrente hay un montón de tiendas donde puedes comprar desde tazas hasta camisetas y todo tipo de recuerdos de la ciudad. O ya que estás por allí, incluso sentarte a tomar algo en cualquiera de las muchas cafeterías con terracita que hay en esa misma calle. Que aunque lo más típico aquí es comprar flores (los bulbos de tulipán son lo más demandado), no necesariamente hay que hacerlo.

Y con esto termina mi recorrido por Ámsterdam, una ciudad que me sorprendió para bien porque, por lo que me decía casi todo el mundo, me parecía que a lo único que va allí la gente es a ponerse hasta arriba de fumar porros y a pasearse por el barrio rojo; pero afortunadamente, pude descubrir que esta ciudad tiene muchísimos rincones con encanto para descubrir callejeando.

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