7 de agosto de 2011

Madrid, crisol de razas

Ahora que ya se puede volver a pasar por la Puerta del Sol, ayer aprovechamos para dar una vuelta por el centro de Madrid. Y, como era de esperar, todo ha vuelto a la normalidad y por la zona se siguen viendo no sólo multitud de paseantes sino también las mismas cosas curiosas de siempre.

Concretamente en la calle Preciados esquina con Tetuán, estaba la ya famosa señora que lleva allí toda la vida tocando el organillo; pero esta vez estaba muy bien acompañada, en animada charla con uno de estos orcos (o no sé de qué raza serán) que se han puesto de moda últimamente por estos lares... A su lado, un policía que más bien parecía que estuviera haciendo guardia. Y por supuesto, como no podía ser de otra manera, las eternas rebajas de fondo; ya vamos por las segundas.



 ¿Todavía alguien tiene dudas sobre si los madrileños somos hospitalarios o no?

2 de agosto de 2011

Cuadernos hispánicos: Comillas

Martes, 29 de diciembre de 2009. Esta vez es Cantabria el lugar elegido para pasar unos días de relax durante nuestras vacaciones de Navidad. Y el primer sitio que decidimos visitar es Comillas. Como siempre, lo primero que hacemos es buscar un sitio donde poder dejar el coche; no resulta nada difícil, y junto al parque de Sobrellano encontramos un aparcamiento gratuito que además a esas horas está prácticamente vacío.

Aunque llevábamos una pequeña guía que habíamos hecho con las cosas principales que ver, nos acercamos a la oficina de turismo para pedir un plano. La chica que nos atendió nos señaló el lugar en el que nos encontrábamos y nos indicó que, de todos los lugares de interés, los únicos que no se podían visitar eran el capricho de Gaudí y la universidad Pontificia, ya que ambos llevaban algún tiempo cerrados por obras. También nos explicó que la mejor manera de verlo todo era a través de dos rutas marcadas en el plano: la ruta monumental y la ruta modernista. Lógicamente, las dos rutas se van solapando, así que nos pareció que lo más cómodo era llevar el plano a mano e ir marcando en él los lugares que íbamos viendo, independientemente de la ruta a la que pertenecieran. Yo los iré poniendo en el orden en el que los vimos.

En primer lugar y dado que era lo que más cerca nos pillaba, fuimos a ver el Parque de Sobrellano, en cuyo interior se encuentran el palacio y la capilla-panteón del mismo nombre. El palacio se empezó a construir en 1881, y fue encargado por el primer marqués de Comillas.La capilla-panteón está realizada en piedra de sillería labrada y rematada con una torre alta. En su decoración interior destacan también las vidrieras, además de los primeros muebles diseñados por Gaudí y algunos panteones. Es como una catedral en pequeño.

Se puede pasear libremente por los jardines del parque, pero para acceder al interior, tanto del palacio como de la capilla, sólo se puede hacer mediante visita guiada. El precio de la entrada es de 3 euros para cada uno de los edificios, y las visitas son cada media hora, desde la primera a las 10'30 , hasta la última a las 14'30. Esto en teoría, porque nosotros tuvimos un pequeño problema logístico... Como llegamos a Comillas temprano, pensamos hacer la visita a la primera hora. Cuando nos acercamos a Sobrellano eran casi las 11, pero vimos que la verja de entrada estaba cerrada con un candado, y la taquilla no sólo estaba también cerrada, sino que daba la sensación de que por allí hacía años que nadie pasaba ni limpiaba; vamos, que parecía como si estuviera aquello abandonado. Como en la oficina de turismo nos dijeron que la última visita era a las 14'30, decidimos ver el resto de cosas y dejar Sobrellano para el final. Lo malo es que se nos hizo tarde y cuando volvimos a pasar eran las 14'40, así que ya no pudimos entrar. Eso sí, nos fijamos en que la verja ya sí estaba abierta, y los cristales del edificio de la taquilla completamente relucientes. Así que no hemos conseguido resolver el misterio de si es que tuvimos una visión a primera hora o qué, porque entre que era más o menos temprano, no había casi gente y estaba todo en silencio, y para remate aquello cerrado y la taquilla "abandonada", parecía que en cualquier momento iba a aparecer por allí un grupo de zombies sedientos de sangre humana...

Desde allí subimos andando por la carretera hasta llegar a la Universidad Pontificia, que está en lo alto de la Cardosa y se comenzó a construir en 1883, en un principio como edificio para la formación de jóvenes sacerdotes. Ahora es propiedad de Caja Cantabria, así que sólo se puede acceder a los jardines; sin embargo en nuestro caso no pudimos ni hacerlo, porque ya os adelantaba que nos habían dicho en la oficina de turismo que llevaban un par de años en obras. Y de hecho se veían por allí algunas grúas. Así que tuvimos que conformarnos con ver la universidad únicamente desde la puerta, que por cierto es uno de los elementos más destacables del conjunto. Algo es algo...

El edificio de la universidad está en la parte más alta de Comillas, así que ahora lo que tocaba era bajar. Lo siguiente que visitamos fue el cementerio, que aunque está más bajo que la Pontificia se encuentra en lo alto de una colina justo frente al mar, así que es otro de los puntos con mejores vistas de Comillas. Este cementerio es bastante pequeñito y se encuentra situado sobre los restos de una antigua iglesia gótica, por lo que todavía se pueden ver algunos arcos y restos de muro; una de las cosas que más me impresionó fue ver que en una de las paredes había varios nichos y, por lo que observé en las fechas, eran todos de niños muy pequeñitos. La verdad es que da un poco de pena... Lo que más destaca en él es una escultura de un ángel exterminador, que es el símbolo de la villa. Suena de lo más extraño que sea precisamente un ángel exterminador el símbolo de una ciudad, pero por lo visto así es.

Tras la visita al cementerio, bajamos de nuevo y nos acercamos hasta la playa, que es bastante grande (con una longitud de aproximadamente 1 kilómetro) y por lo tanto accesible desde prácticamente cualquier punto de la población. Es de arena dorada y por lo que pudimos ver, está bastante limpia. Tiene servicio de socorrista y duchas, y aunque siempre hay algún valiente, nosotros no vimos a nadie bañándose. Supongo que en verano la playa estará más llena, pero me imagino que, como suele ser habitual en el Cantábrico, no llegará a masificarse. Junto a ella se encuentra el puerto, que fue construido en el siglo XVII y costeado principalmente por los vecinos de Comillas. En el pasado tuvo tradición ballenera (de hecho fue el último puerto de Cantabria con esta tradición), y actualmente tiene poca actividad. No es demasiado grande, y está rematado por un pequeño mirador en el que hay una escultura a modo de mástil de embarcación, así como dos cañones.

Un poco más adelante se encuentra el monumento al marqués de Comillas, al que los vecinos quisieron homenajear, como gran benefactor de la localidad que fue. Para ello se encargó una estatua que se encuentra situada en lo alto de una loma. Las vistas desde el monumento son estupendas y el marqués está justo en el borde de la loma, así que si no os importa que os salga en las fotos dándoos la espalda mejor, porque para inmortalizarlo de cerca no hay otra manera. Frente al monumento se encuentra El Duque, un palacete que se construyó como residencia del duque Almodóvar del Río, de ahí su nombre. Al contrario que otras construcciones, de estilo indiano, en El Duque se aprecia perfectamente la influencia de la arquitectura inglesa. Merece la pena verlo, es un edificio precioso.

Caminando hacia el lado opuesto de donde se encuentran el cementerio y el monumento dedicado al marqués de Comillas, llegamos hasta el mirador de Santa Lucía y nos encontramos con la Portada de la Casa Moro, una obra de Gaudí. Está construida con deshechos de piedra, que se encuentran colocados irregularmente, pero siempre buscando formas redondeadas y huyendo de los picos y las aristas, como era habitual en él. Lo original de esta puerta es que cuenta con tres accesos: uno, el más grande, para carruajes; otro algo más pequeño para personas; y otro redondo, sobre el anterior, para pájaros. Desde luego, está claro que a Gaudí no se le escapaba ni un detalle...

Después seguimos caminando un poco más y llegamos a un edificio que fue construido y costeado por varios vecinos, en principio para albergar la cárcel de la villa, aunque actualmente se ha reformado para convertirlo en albergue para aquellos peregrinos que hacen el Camino de Santiago o la Ruta de Santo Toribio. De hecho, justo frente a este edificio vimos una señal muy curiosa que indicaba las distancias desde Comillas a Roma, Jerusalén, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana.


También pasamos un rato caminando por todo el casco antiguo, donde pudimos ver entre otras cosas el Ayuntamiento antiguo, un edificio cuadrado sostenido por arcos en tres de sus fachadas, por lo que es posible pasar bajo ellos; la iglesia de San Cristóbal, en la cual se venera al Cristo del Amparo, que es el patrono de los pescadores. Fue construida gracias al dinero y al trabajo de los vecinos (parece que los comillenses eran muy apañados, porque ya hay más ejemplos de cosas que se animaban a construir o a remodelar); y la fuente de los tres caños, que también funciona como farola, y está situada en la misma plaza del ayuntamiento nuevo, así que pasaréis por ella si vais a la oficina de turismo. Fue dedicada a Joaquín del Piélago, vecino de Comillas, que fue quien financió la traída de aguas a la localidad.

Dejamos prácticamente para el final el Capricho de Gaudí, un edificio realizado por él durante su primera etapa; se trata de una casa con formas redondeadas y una torre. Llama mucho la atención por los llamativos colores con los que está decorada. Eso sí, esto es lo que pudimos ver desde el exterior, porque como os digo estaba cerrado y nos tuvimos que conformar con estirar el pescuezo para verlo por encima de la valla. Cuando se tiene la suerte de encontrarlo abierto, se pueden visitar los jardines y/o comer en el restaurante en el que lo han convertido, aunque creo que es de precios no aptos para todos los bolsillos...

Desde aquí volvimos a recoger el coche y nos dirigimos a las afueras de Comillas, concretamente a La Coteruca, una casa situada en lo alto de una colina, mirando al mar. Nos costó un poco de trabajo llegar, porque llegaba un momento en el que las indicaciones se perdían. Al final lo conseguimos, pero lo poco que pudimos ver (los restos de las torres y la muralla, ya que el resto fue destruido durante la Guerra Civil) fue sólo desde fuera, porque en la actualidad ha sido rehabilitado como edificio de apartamentos y hay carteles por todas partes en los que se indica bien claro que es una propiedad privada y está prohibido el paso. Muy cerca de aquí está el Asilo-hospital de Comillas, que fue construido en 1888 y recuerda un poco en sus formas al palacio de Sobrellano, aunque algo más animado debido a sus colores: rojo y blanco. En la actualidad sigue funcionando como asilo para ancianos, así que únicamente se puede ver por fuera.

Tras abandonar Comillas y viendo que se nos pasaba la hora de comer, decidimos hacer un alto en el camino y dirigirnos después hacia San Vicente de la Barquera, para rematar nuestro primer día por tierras cántabras.

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