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2 de junio de 2018

Señorías y señoríos con calentón

Imagen: YouTube
Me da pena el gremio periodístico patrio... Sí, porque debe de ser bastante penoso ser periodista y periodisto y tener casi la obligación de tener que considerar como "fascinante" , "emocionante" , y hasta "apasionante" el panorama político que estamos viendo últimamente cuando, primero, no se distingue gran cosa del de hace 30 años atrás, que cambiar estéticas y siglas no significa que haya cambios de ningún tipo; segundo, porque la dialéctica de sus señorías y señoríos no se ha distinguido nunca por una oratoria fluida e inteligente y esto del "tú más, no, tú más, no, tú más" y los argumentos de caca, culo, pedo, pis también están muy vistos y son muy cansinos; tercero, porque es todo una payasada y para ver payasos, que es una profesión muy digna y bien reconocida, se debe ir al circo y pagar la entrada.

Sus señorías y señoríos están incurriendo en un nefasto e impropio intrusismo profesional, con lamentable resultado y fracaso total: no tiene gracia. Es decir, cambiar, lo que se dice cambiar, no ha cambiado nada ni hay nada "fascinante" ni "apasionante" ni "emocionante" en ver a quien se erige como representante de los ciudadanos recurriendo a los mismos modos de hace 30 años pero de las maneras más macarras posibles. Cosa que no tiene ningún mérito, porque todos y todas llevamos un macarra dentro y nada más fácil que dejarlo libre y que corretee. El mérito es, precisamente, lo contrario, domar con educación y erudición al macarra interior y reconvertirlo, si acaso, en algo que diga lo mismo pero con inteligencia e ingenio. Pero claro, eso exige un esfuerzo mental para el que no todos y todas sus señorías y señoríos están capacitadas y capacitados. Por tanto, si algo ha cambiado, es que parece que ahora la gente se mete a política como quien se hace socio de un club de fútbol y con la única intención de formar una peña y montar jaleo; lo de menos es el partido y el resultado, se monta jaleo y punto.

Claro que ¡qué se yo de políticas o de fútbol, si hace 30 años yo estaba muy ocupada con mis cosas de ser "preadolescente" (que ni sabía lo que era) y no me preocupaba nada relacionado con la política ni el fútbol salvo como mera observadora/oyente ocasional. Y si usted, como yo, estaba hace años en edad de no poder votar pero sí de escuchar, no encontrará grandes diferencias entre los modos políticos de entonces y los de ahora, salvo que ahora hay muchos más canales de televisión y las llamadas "tertulias políticas gritonas" proliferan de un modo nunca visto. Eso es lo que sí ha cambiado, que las cadenas de televisión han encontrado un nicho de audiencias en esto de los "debates políticos" y parece que la política ha cambiado pero no es cierto. Si usted no había nacido hace 30 años , es lógico y natural que lo encuentre todo novedoso pero ya le digo yo que no. Las pullas que se dedican sus señorías y señoríos estos días son meros berrinches de guardería con un nivel dialéctico y de una pobreza que sonroja. Y me hace pensar que si toda esta gente "nueva", que se nos presenta como representante de los ciudadanos, es producto de la enseñanza escolar y universitaria de este país de estos últimos años, no tengo más remedio que decir que viendo que se accede a ser señoría y señorío con tan pobre bagaje cultural, habiendo casi todos pasado por la universidad, eso demuestra que la educación pública, privada y concertada de este país es una pura mierda. O la gente hacía muchas pellas o papá y mamá eran muy amigos de la dirección del colegio y pasaban de curso por la pura jeta.

Hay quien se presenta como "el cambio", "el progreso" y "las ganas de hacer las cosas de otra manera", tanto de una bancada como de otra... Señoras y señores, dejémonos de tonterías, ni son tan jóvenes ni mucho menos "jóvenes promesas" porque no son "jóvenes" ya que estar rondando o ya metidos en la cuarentena no es ser joven ni sinónimo de "juventud", por mucho que nos guste a todos y todas ser y sentirnos jóvenes hasta los 70 años y más allá, que ahora no te dejan ser viejo ni aunque lo pidas por favor. ¡El nuevo castigo universal es ser joven para siempre! Dios, ¡qué pereza! Y quien está en la veintena o saliendo de ella tampoco ya es tan joven como se cree, pues a esa edad ya está o debería estar lejos de los comportamientos y lenguajes de la adolescencia y, para colmo, repiten como loritos los comportamientos, las actitudes y el argumentario viejuno y ya oído y solo imitado de sus mayores.

¿Dónde está, entonces, la gran novedad?  Pues, básicamente, en la mala educación generalizada y en el acoso como táctica política. Vaya una "novedad". Treinta años atrás también se hacía esto del acoso político pero de forma aún más agresiva y terrible, con bombas debajo de los coches, secuestros y tiro en la nuca incluido; algo que nos parece muy de tiempos remotos, casi del Imperio Romano, pero ni mucho menos, no hace tanto de todo eso. El "cambio" en este país ya se produjo el día que cesaron los tiros en la nuca en plena calle y los secuestros que fueron, por desgracia, casi habituales en el paisaje patrio durante largos años. Ese ha sido el verdadero cambio, el resto es más de lo mismo con diferentes caretos y la elevación de la mala educación al grado de loa y admiración, algo que tampoco es nuevo pues en este país siempre se ha admirado más al que pega tres gritos aunque diga una bobada que a quien se explica sin levantar la voz. Tampoco es novedoso no llevar traje y corbata, pues las mujeres no llevan ese "uniforme" y no dejan por ello de cobrar lo mismo por ser señoría y, por tanto, encuentro justo y necesario que los señoríos nos alegren la vista con nuevas combinaciones de vestuario y peinados que, por supuesto, analizaré con todo detalle y también, como se ha hecho siempre con las féminas, criticaré los mejores y peores estilismos y sus posibles cambios de humor dependiendo del color de las camisas y demás complementos que elijan, tanto sus señorías como sus señoríos. Porque, por lo demás, nada nuevo bajo el techo del Congreso. Hablan con menos gracia y menos dotes para la oratoria, aunque tampoco a las "nuevas promesas" del cine español se les entiende la mitad de lo que dicen, debe de ser lo que se llama "el signo de los tiempos".

Y no, no insista, comprendo que es molesto; ¡qué nos va a decir a Kate Moss y a servidora! Pero con cuarenta años, año más o año menos, ya no se es joven. Una pena pero también una liberación, ser siempre joven debe de ser de lo mas cansado y agotador y por eso lo de la eterna juventud no funciona ni aunque te vistas de adolescente hasta los 70. La ropa será nueva, lo de dentro no. Hay que saber aceptar que no se es joven toda la vida, o de lo contrario se cae en el infantilismo y de eso vemos mucho últimamente. Y viendo el lenguaje usado en el Congreso estos días, más bronco y acosador de lo ya habitual y que hasta los periodistas y periodistos se han visto sorprendidos en su fascinación de ver y oir peleas dialécticas más propias de niñatos y niñatas acosadores de colegio que de personas adultas, ¿qué capacidad tiene quien usa o consiente el abuso y acoso verbal en el Congreso para decirles a los jóvenes que el acoso y la violencia verbal es inaceptable? ¿Si lo hacen otros es inaceptable pero si lo hacen sus señorías y señoríos es algo normal, no pasa nada, es el calentón del momento? Pues no. Y doy un consejo general a sabiendas de que nadie me hará caso, pero hay que intentarlo: si nota que, irremediablemente, le viene "el calentón del momento", dese usted un cabezazo en una pared o en el mismo suelo, sin necesidad de romperse la cabeza pero de forma que lo note. Es mano de santo, ya verá qué rápido se le pasa. Porque el resto de la humanidad no tiene porqué aguantar ni tolerar los "calentones del momento" de nadie. Pero ya sé que es perder el tiempo pedir educación al personal.

Me voy a hacer un bocadillo antes de sacar a pasear al perro, que seguro que será mi mejor aportación a la paz mundial.

25 de abril de 2018

¿El cambio, o el cambiazo?

No paro de oir, a cuenta de todo este show mediático que nos proporcionan los medios de comunicación por las continuas y cansinas campañas electorales de cualquier parte europea y allende los mares que ya dura como un millón de años, eso de "el cambio". No hay candidato, la opción política carece de toda importancia, pero quien sea que no se presente sin el palabro como consigna básica. Pero en qué consiste o consistirá ese cambio es lo que nadie explica; y parece que tampoco nadie está muy interesado en preguntar.

Porque ¿qué cambio? ¡Si son los de siempre con idéntico equipaje pero distintos caretos! ¿Qué cambio? ¿El cambio climático?, ¿el cambio de bando?, ¿el cambio de divisas?

Si echamos un vistazo a quien más habla y enarbola las supuestas banderas de "el cambio", no hay que ser analista político para ver que el cambio es el cambio de careto, porque yo otro cambio no veo por ningún sitio. O como mucho, el "cambio" será que ahora los políticos deben ser estrellas mediáticas más que conductores y gestores de las cosas públicas; y más que de elecciones políticas parece que estemos de insospechado jurado de un premio cinematográfico y debemos valorar no nuevas ideas, que no hay ni se las espera, sino más bien quién da mejor a cámara, o quién logra mayores picos de audiencia en tal o cual programa... Y todo parece indicar que en vez de a elecciones políticas estamos votando al TP de Oro, al premio Fotogramas del año, al Oso de Berlín y al Oscar mundial.

No sé ustedes, pero yo estoy muy aburrida de todo esto. Y cuando la ciudadanía se aburre, le da por pensar maldades. Y si además de aburrirse ya se cabrea, la ciudadanía puede ser el más fiel enemigo de sí misma. Porque cuando alguien está aburrido y cabreado, se la pela todo y lo que le sale de dentro es mandar a tomar por saco a quien sea, porque ya se nota que mucho que nos están tomando el pelo con estos macro shows mediáticos que tan cachondos ponen a los periodistas y que les ayudan a hacer horas de tv y radio sin mucho esfuerzo y sí mucho regocijo personal para sus propias carreras. Y entonces a la ciudadanía, que buscando información se encuentra el Circo del Sol versión politiqueos, acrobacias y brillos sin fin pero un circo al fin y al cabo, le surge lo de "ya de perdidos al río" y putear con sus votos soberanos a esos que nos amargan la existencia. Y ver cómo se matan entre ellos. ¿Nos dan el cambiazo del circo por la política, como en tiempos de los romanos? Pues mientras no se les pase la tontería a algunos, es lo que hay. No olviden comprar palomitas o salir a dar un paseo largo, muy largo, porque como espectáculo deja bastante que desear.

No deja de ser del todo vergonzoso que la política se haya convertido en una pura telenovela y, lo que es peor, patrocinada con dinero público. Pero tampoco nada de eso es nuevo y si cada uno de estos aspirantes a la galería de premios de "político revelación del año", "mejor político de reparto" , "bocachanclas del año", "político inútil pero qué gracia tiene el jodío", "político experto en donde dije digo digo diego", "político me lo llevo calentito y encima me indigno si me pillan" y demás categorías se pagase sus cosas con sus propios ahorros o patrocinadores conocidos, tipo estrellas del deporte, pues bueno, pues vale. Pero es que ni siquiera se libran los que alardean de financiar sus carreras políticas con solo aportaciones de "anónimos" simpatizantes; pues oiga, qué bien relacionado está usted y qué bien instalados en el euro tienen que estar esos simpatizantes para poder costear una campaña electoral nacional. Porque eso cuesta muchos millones, de los cuales una gran parte está presupuestada como gasto público pagado por todos; y respecto a "generosas aportaciones de simpatizantes" pues qué quiere que le diga, que en este país, como en cualquier otro del mundo mundial, nadie da duros a pesetas y si pones dinero en algo es para que te sea devuelto y con intereses. Simpatizantes sí, tontos del culo va a ser que no.

Por otra parte ¿para qué y por qué se siguen haciendo esas macrocampañas electorales de recorrer el país como compañías de teatro itinerantes con su obra, con agravante de reparto gratuito de banderitas y banderolas, gorras y bolígrafos y regalos varios? ¿Cómo es que en el siglo de las tecnologías y la búsqueda de vida en Marte seguimos con ese modelo de campaña del siglo XIX? Pues por algo muy simple que los políticos-actores saben, y que no es otra cosa que ese gusto de las gentes por ver de cerca a quien sale y ve continuamente en la tele. Da igual que sea un político, un cantante, un concursante de Gran Hermano o un perro que toque la armónica; la curiosidad es más fuerte que cualquier otra cosa y ahí pica todo el mundo, y de ahí que el modelo de campaña electoral siga siendo el mismo de hace dos siglos. Queremos sueldos del siglo XXI pero campañas políticas del XIX. La nostalgia nos puede.

Es lo mismo que ahora se ve tanto, que es llamar a cualquier trasto viejo no por su nombre y sino por el sobrenombre de "vintage". Ahora cualquier cosa vieja es vintage y hasta se pagan fortunas por muebles rotos y apolillados que nuestros abuelos tiraron muy justamente a la basura. Es decir, lo de siempre: el cerebro humano es lo que es y no se puede luchar contra ello, y cuanto más rápido parece que se avanza y más cómoda es nuestra vida, nos entra el pánico vital y más nos empeñamos en volver a modelos ya desechados, apolillados y fracasados y, el afán de "nosotros somos más listos y ahora haremos lo mismo pero mejor " nos puede. Y si a eso le unimos la poca por no decir nula educación histórica que se recibe en los colegios (y universidades) sobre la convulsa historia de Europa y del mundo, pues ya tenemos el cóctel perfecto y de ahí que se presente n como "el cambio" cosas e ideas que son más antiguas que el asar la manteca.

Pues vale, pues bueno, pues me alegro. Bienvenidos a la "política vintage": lo mismo pero más caro.

9 de abril de 2018

Fuego o hielo

Imagen: MeMe
No en todos los sitios de este planeta se da la sucesión de estaciones, pero donde se da, una cosa que parece clara es que la preferencia sobre invierno o verano no es tan personal y voluntaria como nos parece, y sí tiene mucho que ver con ese dicho popular que dice tal que "no eres de donde naces, sino de donde paces".
Es decir, nuestro cuerpo tiene memoria de las condiciones climáticas que lo rodean, sobre todo en la infancia y la juventud, y debido a complicados sistemas bioquímicos se nos queda el termostato vital en un corto recorrido que es lo que se podría llamar "temperatura de confort", y los amplios cambios que se alejen de esa medida no nos resultarán agradables.

El clima y sus condicionantes, o lo que se llama coloquialmente "el tiempo", nos lleva a tramitar nuestras vidas y armarios por los vaivenes estacionales y, además, el invierno o el verano varían según la latitud que nos toque, ya que no es lo mismo el invierno frío de Burgos que, siendo frío, no llegará a ser tan frío como el de, por ejemplo, Helsinki; lo mismo pasa con el verano, que no es lo mismo un verano en Pontevedra que en El Cairo.

En latitudes templadas, donde los cambios de temperaturas son medianamente razonables, tiene su encanto esa transición de estaciones; y si bien a todos nos gusta el calor de veranito y lucir cuerpo y cuerpazo en camiseta o vestidos de finos tirantes, resulta que se da el axioma invariable de que hasta todo lo bueno cansa, y entonces, por mucho que nos guste tomar caipiriñas en el chiringuito de la playa o beber del fresco botijo bajo la reconfortante sombra de la casa familiar, también el calzarse las botas y ponerse un buen abrigo puede ser reconfortante. En realidad, todo tiene su encanto.

El problema de ambas estaciones es solo uno y es el viento. El viento hace que el verano no llegue a ser todo lo reconfortante que debería, y en invierno puede ser una tortura. Y hablo de viento, de ese que estás en la playa y te tienes que poner una chaqueta a la par que te quitas las arenas que se te meten en los ojos y en la boca; o el mismo, pero en invierno, que hace que se volteen los paraguas o que, la casualidad no lo quiera, caigan las tejas de los tejados sobre desprevenidos viandantes. También hay una cosa tan rara como injusta, que vemos que nos cuentan como "desgracia" en los noticiarios sobre el tiempo, y es que parece que esto de que luzca el sol a todas horas es algo maravilloso y fenomenal y el único efecto metereológico deseable y, sin embargo, que llueva es una lamentable tortura que se nos cuenta como si fuera una desgracia bíblica que hay que soportar con paciencia y resignación. Y eso cala en el respetable público que, sin pararse a pensar salvo cuando por la sequía no le sale agua del grifo de la cocina, no se da cuenta o se le olvida eso que estudian nuestros herederos en el colegio y que es tan importante como vital, que se llama el ciclo del agua. Del que dependen nuestras vidas.

No digo yo ahora que si anuncian lluvias sea obligatorio dar saltos de alegría, como sí se hace cuando se anuncia sol radiante; pero hay un realidad de la vida que no se puede obviar y es que lo de los días soleados está estupendo, nadie lo duda, pero como no llueva apañados vamos. Personalmente, soy más de cielos nublados que de grandes jornadas soleadas, ya que mucho sol me agobia y el calor no me sienta nada bien; pero tampoco el frío invernal me entusiasma nada, por lo que ni verano ni invierno. Yo me quedo en el otoño como mejor época del año, esa época en la que las horas del día son espaciosas, se van alternando días soleados y nublados, con lo que supone de belleza un paisaje otoñal, en que la naturaleza va cambiando en inauditos colores. Tampoco está mal la primavera, y eso de ver florecer los arbustos y contemplar el inexorable crecimiento de los capullos.

Ejem, por favor, que no se me ofenda nadie; por capullos me refiero a los brotes de plantas y plantitas, árboles y arbolitos y matojos varios, no es nada personal y que nadie se dé por aludido... El caso es que tanto el verano como el invierno son los periodos del año de más consolidación estacional, en los que menos cambios climáticos se producen y solo queda disfrutarlos o padecerlos mientras que, sin embargo, la primavera y el otoño son una continua transición de colores, olores, nubes, sol y chaparrones y, desde mi punto de vista, es tan entretenido como apasionante verse inmerso en esos cambios constantes. Pero todo cambio debe tener un periodo de descanso y por eso existen, donde existen, las estaciones de invierno y verano, un periodo vital donde todo parece pararse y establecerse para darnos un también merecido descanso mental a tanto cambio que nos rodea y del que muy pocas veces somos conscientes.

Aunque mi preferencia es más invernal, hay que reconocer que se pueden llevar mejor los calores veraniegos que los fríos invernales, además de ser una estación más económica y barata, pues ante el verano nos tomamos un helado y nos ponemos tres trapos y sandalias y ya estamos alimentados y vestidos, mientras que en invierno hay que hacer acopio tanto de aporte calórico alimenticio como de varias capas de ropa y todo se hace más lento, mas incómodo y, por qué no decirlo, más caro. Pero la tranquila degustación de un café irlandés frente al calor chisporroteante de una chimenea también tiene su encanto, no me digan que no. Por tanto, aunque mi particular biología y sistema bioquímico corporal se encuentran más estables en clima frío, hay que reconocer que el veranito es más cómodo y llevadero y, además, la gente está más contenta y divertida y no como cuando llueve que, no sé por qué, hay tanta gente a la que se le amarga el carácter y no te saluda ni en el ascensor, como si cada vecino con el que coincide fuera el culpable de que no luzca el sol...

Bueno, no importa; todos tenemos nuestras manías...

16 de marzo de 2018

Si te sobra dinero...

Imagen: Gettyimages
Esto es una mera anécdota, un ejemplo de cómo las cosas no son siempre lo que parecen, y de que esa extraña costumbre de hacer y mandar capturas de WhatsApp puede llegar a provocar chuscos malentendidos. No suelo comunicarme mediante WhatsApp con mi heredero porque lo tiene petado de grupos de lo más variado con los que, como ansioso broker de la bolsa internacional, no para de compartir mensajes a todas horas; de hecho, cuando veo que no hay hora del día en que no para de recibir y mandar mensajes, no me queda más remedio que preguntarle cómo van sus asuntos de valores en la bolsa de Nueva York y cómo ha abierto la de Hong Kong porque, de otra forma, no me explico de dónde viene esa "obligación" de estar atento al móvil a todas horas del día.

Es que hasta la bolsa mundial descansa unas horas, pero no, los adolescentes están siempre alertas a todas las "cotizaciones"; no hay tregua ni descanso, qué estres, oiga. Y como mi heredero está tan ocupado con tanto mensaje es por lo que no uso esa vía de comunicación con él; pero un día lo mandé de compras a un supermercado cercano y, tras detallarle qué debía comprar y darle dinero para tal compra, cuando se acababa de marchar pensé que seguramente ya estaría saliendo por el portal; y como salir al descansillo de mi casa a pegar voces para pedirle que comprara algo más no iba ser efectivo, se me ocurrió ponerle un mensaje en la famosa aplicación, cuyo texto fue el siguiente: "y si te sobra dinero compra coca cola". Así, tal cual, no me molesté en poner mayúsculas a la bebida carbónica porque era un mensaje de uso doméstico sin más relevancia.

En esta casa no tomamos casi nunca bebidas comerciales efervescentes, pero se me ocurrió darle esa pequeña "recompensa" al heredero por ir a hacer la compra, un detalle maternal que denota que ese día concreto yo estaría de buen humor y me sentía generosa respecto a lo de las bebidas tintadas y carbónicas. Bien, ya ven, una escena o momento doméstico de lo más simple y anodino pero que, por aquello de compartir capturas entre adolescentes, tuvo sus chuscas consecuencias. Lo cierto es que hay algo que no entiendo; ¿por qué eso de compartir capturas? Es un misterio insondable de la adolescencia moderna que no acabo de comprender, pero sigue la variable clásica de que como todos lo hacen, mi heredero también y eso es lo que pasa, que, de vez en cuando, los unos y los otros y los de más allá lanzan lo de "poner captura" y, casualidades de la vida, mi heredero puso una captura de su aplicación donde aparecía mi mensaje junto con otros cuantos de otros usuarios registrados en el móvil de mi heredero. Que ya es casualidad, porque ya les digo que no suelo usar con él ese sistema de comunicación.

Y miren por dónde, siempre le doy al heredero el consejo (bueno, en realidad le machaco de forma muy cansina el consejo) de que nunca escriba en redes sociales de ningún tipo nada que yo no pueda leer, es decir, tonterías las justas, que yo entiendo que puede ser entretenido eso de whassapear chorradas pero sin caer en cosas raras. Pues para una vez que le mando un mensaje, verán ustedes la que se lió... En el proceso de poner capturas, pues mi heredero puso una; sus motivos para poner esa captura concreta no eran que el mensaje fuera mío, creo que ni lo vio y no era de su interés y además ¿qué adolescente pone en su grupo una captura con un mensaje de "mamá"? Pero el caso es que ahí apareció el mensaje de "mamá" y como era una captura, no apareció completo sino que apareció lo siguiente:

"Mamá: y si te sobra dinero compra coca".

Bien, imaginarán la mezcla de sorpresa, asombro y cachondeo de los "compiwhatsapperos" del grupo del heredero al ver el mensaje de la madre que lo parió:

—Joder, ¿sois narcos?
—¿Tu madre es traficante?
—Pero tío, tu madre te manda a comprar droga, qué fuerte.
—¿A cuánto está el kilo?
—Juas, si te sobra trae mañana a clase.
—¿Sólo compras, o también vendes?

Y cosas semejantes, a cuál más espatarrante y descojonante, que hicieron que a mi heredero y a mí se nos saltaran las lágrimas de la risa por el resultado del mensaje-captura. Que como dice mi heredero, menos mal que te conocen y saben que eres rara y siempre es mejor esto de la "coca" y no un mensaje en el que ponga "cielín", "corazoncito de mami" o cualquier otra cosa similar y "humillante". No es un chiste, pero tuvo su gracia...

14 de febrero de 2018

Truco o ramo

Imagen: Gettyimages
A Maripili le pone de los nervios el día de San Valentín; y no porque no esté llena de amor, tiernos sentimientos y buenas intenciones, que ya sabemos que ella es de lo más amoroso del mundo mundial. Pero si hay justo un día en el que no quiere ni saber ni oír a nadie decir que la quiere es, precisamente, el día de San Valentín.

Ya de por sí, tampoco el resto de los días del año es Maripili mucho de decir cosas sentimentales y sí más de hacer ya que, como dice ella, con los hombres es perder el tiempo eso de hablar y para hablar ya tiene amigas. Realmente, Maripili sabe que eso no es cierto y que los hombres tienen su corazoncito sensible y que, aunque lo nieguen, les encantan todas esas tonterías amoroso-sentimentales de los regalitos y los mimitos y tampoco hay que quitarles la ilusión. Pero todo en su justa medida y en horarios razonables, que si bien hubo un tiempo en que hasta cedió al imperativo legal de ser romántica-sentimental (o intentarlo, que en ella tiene mucho mérito), le salió tan rematadamente mal que, como gato escaldado que del agua fría huye, como mucho lo puede tolerar pero, por su parte, no ha puesto nunca más interés en semejante tema.

Y hete aquí que (también es casualidad) Maripili ha tenido la sublime desgracia de atraer siempre a hombres románticos. Y no un poco románticos, no. ¡Muy románticos!, de esos que mandan flores ya a primera hora de la mañana, un terrible error para con Maripili porque si algo hay que le guste y de lo que disfruta es de poder dormir por las mañanas como un camionero con resaca, es decir, profundamente. Y no hay cosa que más la irrite que que algo la saque de ese dulce sopor, y mucho menos el sonido de un timbre. Normalmente, aunque lo oiga, no hace ni caso porque no, porque no son horas de atender ni recibir a nadie y, sea quien sea, que venga más tarde o deje el recado en el buzón. Pero hay un problema con los repartidores de flores, y es que son particular y perniciosamente insistentes. Y, para colmo, no son como los repartidores de publicidad, que molestan pero acaban por irse. No, el repartidor florista cuenta con un arma secreta temible proporcionada por el instigador de la entrega: sabe el número de teléfono de su "víctima" y no duda en usarlo y, cual correo del zar en misión suicida, no cejará en su empeño y cometido de entregar, sea como sea, el ramo.

El puto ramo, que diría Maripili. Bueno, ella diría algo mucho peor, más largo y demasiado malsonante para que yo lo refleje por escrito y con "el puto ramo" ya todos nos damos por enterados de los sentimientos encontrados que provoca el repartidor florista en la mente de Maripili que, por una parte, entiende que ese es su trabajo y el trabajo es sagrado, y nada admira más Maripili que la gente cumplidora con su actividad laboral; pero por otra, se acuerda de toda su parentela, de la del repartidor, de la del florista y de la de todos los cultivadores de flores... Y no, no para desearles felicidad. Y sí, después de más de diez minutos de insistentes llamadas al timbre de casa, de las que se entera toda la urbanización (Maripili incluida, aunque se niega a darse por aludida y mete la cabeza con desesperación debajo de la almohada para intentar volver a dormir), el repartidor florista no duda en usar su arma y sí, llama y llama por teléfono con igual insistencia. Lo que ya resulta no solo irritante sino además el modo más eficaz de que Maripili inicie el día en modo cabreo y se le quede así para el resto de la jornada sanvalentinera. Y eso es algo que luego tenemos que sufrir todos los que la conocemos, por lo que yo rogaría que los enamorados de Maripili se abstengan de tal actividad. Por favor.

Aunque todo lo que puede ir mal puede ir a peor y, dada la peculiar y variada vida sentimental de Maripili, no es nada raro que se le acumulen los ramos y si bien, aunque de muy mal humor, puede esquivar un envío floral mañanero, lo peor sería mandar un amoroso tributo floral a Maripili al trabajo, algo que algún incauto lleno de romanticismo sanvalentinero ya intentó... Y de quien nunca se volvió a saber.

¿Tú te crees que es de gente normal que yo esté concentrada y a mis cosas, rodeada de empleados y clientes, y verme en ese horror sin fin de tener que pasar por la vergüenza de las risitas y sonrisitas del personal cuando se me aparece un repartidor de flores en medio de la sala del restaurante? ¡¡Diossanto, si hasta me aplaudieron y yo me quería morir!! Pero ¿quién se cree "ese" que soy yo, la Callas? Y aunque lo fuera... ¿Alguien se ha atrevido nunca jamás a interrumpir a la Callas mientras cantaba un aria de Norma? ¡Pues no! Y yo no canto ni falta que me hace, pero soy tan seria y profesional en mi trabajo que la diva griega o más, y ¡ni a un inspector de Hacienda le consiento que me venga a molestar en horas laborales, faltaría más! Vamos, ¡que ni el repartidor ni "ese" tienen vergüenza ni educación!

Sí, para Maripili el día de San Valentin es un día atroz, semejante a una jornada de ensayo de apocalipsis nuclear, en el que se ve obligada a desconectar timbres caseros y teléfonos móviles, bloquear WhatsApp y quedarse en casa encerrada a salvo de ramos de flores, reales o virtuales, y memes variopintos que a todo el mundo le da por enviar ese "maldito día".

No, a Maripili no le gusta el día de San Valentín.

14 de diciembre de 2017

Postneocolonialismo

Fotografía: Gettyimages
En esta era cibernética e internáutica todos tenemos la opción y oportunidad de publicar nuestras ideas, impresiones y experiencias vitales a través de muchos medios pero, sobre todo, de eso que se denomina blog y, para el caso que nos ocupa (y preocupa), los blogs viajeros; los hay de todo tipo, unos muy interesantes y otros no, pero en algunos de ellos (demasiados) vemos con frecuencia lo que yo denominaría postneocolonialismo, que es manifestar el profundo desprecio que a algunos les produce eso llamado "destinos exóticos" pero disfrazado bajo una abundante y empalagosa capa de aparente adulación y hasta admiración, y con la guinda final de tener el osado atrevimiento de considerar su estancia ocasional de, pongamos tres meses, como "una total inmersión cultural" en el "exótico" destino de su viaje.

Es muy fácil decir ciertas cosas cuando esa supuesta y ficticia "total inmersión cultural" es con un billete de regreso a casita, con una cuenta corriente solvente, cheques de viaje y acreditada tarjeta de crédito de banco patrio (requisitos habituales, cuando no indispensables, para poder entrar en los "destinos exóticos"); por muy destartalada que sea la economía personal y bancaria del "inmerso", puede llegar a suponer el sueldo de años de "los exóticos y hospitalarios lugareños" de cuya hospitalidad, con la excusa de la "total inmersión cultural", se abusa. Y es que no hay cosa que ponga más cachondo y orgulloso de sí mismo al "inmerso" que compartir casa, comida y uso del baño con "los lugareños". Huy, perdón, quería decir con los lugareños, las lugareñas, los lugareños gays, lesbianas y transexuales, y me disculpen si me olvido de algún género.

Resumiendo, eso de afirmar que ya se tiene una "total inmersión cultural" en no importa qué país por pasar en tal destino un periodo de tres meses, no solo es una majadería digna de risa: eso sería la parte divertida (y yo, que soy entre rara y optimista por naturaleza, siempre le encuentro algo divertido a cualquier cosa); es, sobre todo, un desprecio latente y apenas disimulado, por muy inconsciente e involuntario que sea, a todas esas culturas que se denominan "exóticas" y también a las que no lo son. Porque, para no tener que copiar ciertas cosas que los "inmersos" cuentan en sus publicitados blogs con mal disimulado deleite de sentirse superiores a los "exóticos lugareños", y que me niego a reproducir porque mi religión me lo impide y, además, no me apetece nada, imaginemos un ejemplo que pudiéramos encontrarnos en un blog viajero guiri: "He estado tres meses en España (¿dónde de España? ¿En el sur, en el norte, en la meseta, en las islas, en clima mediterráneo, en clima atlántico...? ¡No importa, España! Como si España entera fuese del tamaño de Mónaco, hala, el bloguero viajero "inmerso" es que es así, sin complejos)... Y blabla de flamenco, tortilla, paella, sangría, olé, "El Clásico" y "La Liga", Zara, Picasso, tapas y vino, y oye, genial todo y, aunque son muy distintos a nosotros, sus lugareños son hospitalarios y por eso me fui con ellos de botellón, comí pimientos de Padrón y hasta dormí en el mismo colchón; y así ha sido total mi cultural inmersión. España es rara pero maravillosa, ¿por qué?, porque lo digo yo que he estado tres meses y de no ser por mí viviríais en la total ignorancia de lo que es España. Agradecedme que os lo cuente y me dan igual vuestros comentario pero no olvidéis el like. Mañana ya os cuento mi total inmersión cultural de tres meses en Argentina. Sí, toda Argentina, en tres meses. Porque yo lo valgo.".

Sí, es un mero y (no tan) exagerado ejemplo pero esto de la era cibernética e internáutica nos descubre que hay mucha gente que va de concienciada, solidaria y "amante de las culturas exóticas" y, por supuesto, que no falte "implicación y entusiasmo por las labores humanitarias" cuando, en realidad, es un nuevo colonialista que encuentra las "exóticas y divertidas aunque extrañas" costumbres que no le son familiares como un ocasional encuentro con la pobreza y la miseria ajena (que seguramente también existen en zonas de su propia ciudad, pero a donde no se acercaría ni obligado por pura supervivencia) y que, gracias a su billete de vuelta y su tarjeta de crédito, le hace sentirse feliz y un ser superior por estar lleno de bondad y empatía respecto a esos "lugareños hospitalarios" (¡ y felices!, la inevitable coletilla es que los lugareños siempre están felices "a pesar de su pobreza" que ya ven, se ve que no hay cosa que más alegre la vida de un lugareño que tener un "inmerso" cerca; es la panacea de la paz mundial, y la ONU sin saberlo...). Y, sobre todo, con la gran suerte de poder salir de allí cuando quiera, volver a casita y dar gracias por no haber nacido en tan "exótico" lugar. Sí, lo que más le gusta al "inmerso" con billete de vuelta en la maleta de su viaje de "total inmersión cultural" es, no lo duden, volver cuanto antes a su casa y poder contarlo. Y recibir muchos likes en su blog, claro. Si le ofrecieran renunciar a su pasaporte y vuelo de vuelta y así vivir el resto de su vida como esos "exóticos y felices lugareños", sí que iba a saber algo de lo que es "inmersión cultural". Pero mucho nos tememos que no, que al "inmerso viajero" ese plan no le iba a gustar tanto...

Señoras y señores, si la mayor parte de nosotros no sabemos ni cuarto y mitad de nuestra propia cultura y de la provincia o el pueblo de al lado, y ni sabemos el gentilicio de sus "lugareños", aun viviendo toda la vida en el mismo y propio país de nacimiento y crecimiento, ¿cómo puede alguien atreverse y tener esa absoluta falta de respeto de proclamar que, por estar tres meses en donde sea, eso ya es una "total inmersión cultural" ? Y de un país entero, nada menos...

1 de diciembre de 2017

En ocasiones veo a Bill Gates...

Sabiendo, como sé, que Bill Gates está vivo y (creo y espero) goza de buena salud, tengo que contarles este extraño suceso paranormal que en ocasiones se produce y es que el espíritu de Bill Gates se sienta a mi derecha, cómoda y serenamente a mi lado, hasta el punto de reclamar compartir manta-de-ver-la-tele cuando estoy en la comodidad e intimidad del sofá negro de mi hogar; o a mi izquierda, levemente apoyado en la mesa, en la menos intimidad del despacho en mis quehaceres profesionales.

No, no es por nada político; es solo una mera cuestión de la lógica espacio-tiempo de la situación de las cosas-muebles en este mi particular espacio del universo. Bill no hace ni dice nada, es todo un caballero y solo se acomoda y me mira con su perenne sonrisa. Y, en ocasiones, con unas mal disimuladas carcajadas. Y si bien no lo veo claramente, sí noto su presencia, su respiración pausada y el aliento fresco de su chicle de sabor a gominola y, sobre todo, esas sus no siempre contenidas ganas de carcajearse de mí. No hace mucho tuvimos uno de nuestros habituales encuentros cuando, aquí servidora, había recibido el encargo de un trabajo con un montón de cositas interesantes a las que me dedico. Un documento de unas 46 páginas lleno de estupendas ideas, fotos variadas, numeritos, dibujitos y un detallado presupuesto económico de cómo hacer la vida más feliz y agradable a un grupito de personas, de esos momentos en que una se siente como un hada madrina que, con sus dulces deditos que recorren el teclado del ordenador, elabora un mundo mágico de luz e ilusión. Vamos, un panfleto publicitario de los de toda la vida para que la gente se gaste el dinero en lo que una hace y que me quedan divinos, se me dan de miedo y aunque luego siempre viene la parte triste de "esto me lo quitas que es muy caro", "esto se lo puedo encargar a mi cuñao que sabe de mecánica" y "me dice mi madre que sobran flores y falta comida", lo que es el proceso creativo, no se lo voy a negar, es muy entretenido.

Luego llega la cruda realidad económica y te lo jode todo, pero ¿y lo bien que me lo he pasado? Y yo, siempre positiva, nunca negativa, y que si no gusta el proyecto lo cambio ―vaya, que tampoco es problema porque el caso es que en algo piquen y me paguen, que una es optimista y vitalista pero tiene la tonta manía de comer cada día y el mal vicio de fumar y todo cuesta una pasta―. Pues me estaba quedando de fábula el proyecto, de esos que te dices cómo molo y que hasta te das besos en la cara tú misma. Y acabado de editar y con todo en su sitio, todo estupendo y maravilloso, solo quedaba el tonto trámite de imprimir y encuadernar. Y, más satisfecha de mí misma que una mona en celo, le di al botoncito de imprimir con toda la solemnidad que precisa ese momento del "deber cumplido". ... Y no pasó nada... En las épocas de mi bisoñez ante un ordenador, esto habría sido un momento de intenso pánico, gritos y sudores fríos incluidos. Siempre se tiene miedo atroz a lo desconocido y que el ordenador no responda a tu razonable a la par humilde petición de imprimir un documento que te ha llevado tu buen tiempo elaborar y que, además de no hacerlo, sea incluso capaz de eliminarlo en menos de lo que dura un pestañeo, es algo por lo que ya he pasado y es realmente aterrador.

Bien, con el paso de los años sigo sin entender gran cosa de cómo funcionan estas malditas máquinas con teclas y pantalla pero, aun sin haber salido de esa ignorancia, ya les he perdido todo miedo y respeto y soy absolutamente dictatorial con los ordenadores: ni el más cruel de los esclavistas de toda la historia ha sido tan sucio, rastrero y falto de moral como yo cuando me enfrento a un ordenador que no responde a mis órdenes. Como ustedes saben, esa actitud de desprecio y crueldad no es más que una forma de tapar la propia ignorancia respecto a cualquier cosa, y nos pasa a todos los dictadores más o menos clandestinos del mundo, que lo que no entiendes lo ignoras o lo destruyes porque no está una para perder el tiempo con tonterías en su triunfal camino profesional. Pero claro, aquí falla un componente clave de la historia entre amo y esclavo, y es que el ordenador pasa de ti como de la mierda y ni se inmuta. Y como no merece la pena ser un cruel dictador ante un esclavo que te ignora y cuya respuesta es la total indiferencia ante tu autoridad, una vuelve de muy mala gana al raciocinio y busca desesperadamente la neurona científico-mecánica con la que pueda solucionar el problema y desfacer el entuerto.

Imagen: Quora.com
Y entonces, cual inspector del CSI, toca que hay que investigar minuciosamente todo ese montón de teclas y cables buscando la causa de este misterio: mi trabajo, mi estupendo trabajo, está aquí dentro, en esta máquina infernal. Eso es un hecho probado; y lo sé porque me he tirado unas cuantas horas y me lo sé casi de memoria, pero malditas las ganas que tengo de volver a hacerlo. Por tanto, ante todo mucha calma e investiguemos. No hace falta ni que les diga que es justo en ese momento, en que le doy a imprimir y no imprime, cuando Bill Gates se acomoda con parsimonia a mi lado y, sonriente, me contempla en todo ese proceso de enfurecerme, volver a la calma, enfurecerme de nuevo por ya dar por perdido el trabajo, y de nuevo volver al optimismo de que, de alguna manera, seré capaz de rescatar mi trabajo de las pérfidas fauces del ordenador.

Y bien, en el proceso en que le das a todo y lo pruebas todo y lo único que pasa es que tu trabajo aparece en pantalla pero escrito en caracteres extraterrestres, y las fotos descolocadas y/o desaparecidas y te quieres morir o matar a alguien (lo que más rápido sea), Bill Gates y su aliento de chicle de gominola están ahí, a mi lado. Y, aunque no apetezca nada eso de tener testigos de la propia y supina ignorancia referente al glorioso y maldito invento de esto de internet y los ordenadores, debo decir y digo que si bien es muy incómodo ser observada por el creador de este sofisticado sistema de tortura humana, a la vez y a la par me ayuda bastante a controlar mis ganas de tirar el ordenador por la ventana. Sí, el tener a Bill a mi lado me reconforta. Porque pienso en todas las sucias trampas que, a lo largo de su carrera, hizo para llegar a ser multimillonario con lo que empezó siendo un mero hobby, en cómo pisoteó sin piedad ni compasión a la competencia mientras le dejaron y en que, cuando lo pillaron, fue obligado a dividir su empresa-imperio y perder gran parte de su inmensa fortuna en indemnizaciones; y, a pesar de, o gracias a todo eso, pues ahí está, tan sonriente y tranquilo con su camisita azul, mascando chicle y diciéndome sin decir nada, pero lo oigo perfectamente:

―No te preocupes, chica , yo también soy un puto friki de los ordenadores que jura en arameo cuando le joden su trabajo.

Y vale que el hombre, a pesar de los "reveses" de la vida, sigue manteniéndose en el glorioso podium de los multimillonarios del mundo y el cuarto de baño de su casa seguro que es más grande que el parque municipal de mi ciudad, mientras que yo soy una friki miserable que bastante suerte tiene con llevar las facturas al día. Pero como entre frikis nos entendemos y no nos envidiamos porque las casas grandes no me gustan, pues la que podría ser molesta presencia de Bill y su sonrisita, por esas cosas de confiar en la bondad de los desconocidos y los sucesos paranormales, hace el efecto de serenarme. Y, entonces, llega ese sublime momento en que, tras probar todo lo probable y lo improbable y ver que el trabajo sigue sin imprimirse, y quién sabe si ya en grave riesgo de desaparecer o desaparecido para siempre, es cuando te pones, brazos en jarras y frente al ordenador, cual vaquero del far west ante su dudoso destino, y dices con toda sinceridad:

―Mi trabajo está ahí dentro y no tengo ni puta idea de cómo sacarlo.

Y recuerdas una tontería de tecla-función a la que aún no le has dado, buscas, abres, das al ratón, cierras los ojos y te encomiendas a Bill Gates y su puta madre (frase hecha y siempre dicha desde el cariño a las sufridas madres de los frikis del mundo, incluida la mía y yo misma), y... funciona. Sí, al final siempre funciona. Y se imprime el trabajo de los cohones que, de estar tan satisfecha, ahora ya has pasado a cogerle un asco que te mueres y ni lo miras ni lo repasas ni hostias en vinagre, que se quede como está y punto y que nadie me pida que mueva ni una coma, que se lo tiro a la cara... Y lo mismo que científico loco que ha conjurado la destrucción masiva del mundo conocido desde el anonimato de su laboratorio clandestino, y que nadie nunca lo sabrá ni falta que hace, respiro hondo y, con calma, estiro mi mano al paquete de cigarrillos, cojo uno y con deliberada parsimonia lo enciendo... Y esa primera calada a ese vicio mortal me hace saborear la misma sensación que, tras la habitual jornada de luchar contra las fuerzas del mal, tiene que sentir Batman encaramado en los tejados de Gotham al saber que la ciudad está a salvo...

Y Bill Gates desaparece en esa primera bocanada de humo y parece que nunca estuvo. Pero él y yo sabemos que sí.

8 de mayo de 2017

¡Mi reino por unos tacones!

No recuerdo qué quería ser de mayor en mi infancia, pero sí sé lo que me habría gustado ser: más alta. Y será por eso que, desde mi más tierna adolescencia, me calcé unos tacones y pocas veces me he bajado de ellos. Pero no por coquetería , sino por pura necesidad...

Les comento.

Estoy mal hecha, soy un producto tremendamente defectuoso. Tengo la cabeza grande, el cuello corto, me sobresale de forma extraña el esternón en el escote, no tengo cintura definida, tengo un culo enorme y unas piernas cortas y regordetas, sobre todo de la rodilla al tobillo. Por supuesto, no tengo unos finos y delicados tobillos, eso que es un dato tan femenino en una mujer: tengo tobillos. Punto. Y mis pies han ido creciendo (inexplicablemente), pues he pasado de usar un 36 a mi actual 39. También mi nariz ha ido creciendo con el tiempo. Es decir, soy un pequeño monstruo andante. Y para colmo, soy un tapón. Y por si eso no fuese suficiente, estoy absolutamente reñida con la fotogenia desde la tierna edad de 8 años. Hasta esa edad yo era una niña bastante normal e incluso guapita, pero fue cumplir 8 años y se jodió el invento.

En lo relativo a la vestimenta no tengo reparo en confesar que soy una hortera total. Mis combinaciones de colores, tejidos y complementos son únicas e inigualables. Si ustedes pudieran ver fotos de mi adolescencia se pasarían un buen rato descojonados de la risa, a la par que sentirían mucha pena por ese ser extraño que sale en las fotos; no podrán ustedes verlas porque han sido convenientemente destruidas... Tampoco ahora soy un ejemplo de elegancia pero soy algo más discreta aunque, inevitablemente, de vez en cuando me sale el ramalazo hortera y vuelvo a mis mezclas imposibles. Y tan contenta, oiga, y visto lo visto de lo que sale en algunas de las más prestigiosas pasarelas de moda, podría decirse que he sido una visionaria.

Pero no les voy a engañar a ustedes, soy una hortera y lo cierto es que me encanta serlo. Aunque muchas blogueras de "supuestas tendencias" me están empezando a coger demasiada ventaja y empiezo a preocuparme. Pero aun siendo un pequeño horror con patas (y tacones) me ha ido bastante bien en la vida. Por ejemplo, y por centrarnos en el capitulo sentimental, pocos hombres me han gustado de verdad en la vida, pero puedo decir y digo, con orgullo y satisfacción, que conseguí rendirlos a mis regordetas piernas y mis toscos tobillos. Y es que está claro que he nacido con el gen del mal gusto para vestir, pero los hombres de mi vida siempre han sido guapos tirando a muy guapos. Y el caso es que ese detalle ha llegado a ser un inconveniente ya que, ignoro la razón, los hombres de mi vida han sido muy guapos pero poco conversadores. Y de ahí sera que, siendo como era casi muda de pequeña, al mismo tiempo que me subí a los tacones comencé a hablar sin parar y esa faceta tampoco me ha favorecido demasiado.

Se acusa a las mujeres guapas de ser vanas y superficiales, más preocupadas de su maquillaje y peinado que de entablar una buena conversación. Y si bien no tiene que ser cierto ni equivalente, desde mi personal experiencia puedo decir que ser espectadora de las cuitas y preparativos de un hombre para decidir qué se pone para salir a cenar es algo realmente interesante. Esa escena recurrente de las películas de un hombre aburrido y hastiado esperando a que su pareja femenina acabe de decidirse y arreglarse la he sentido yo en mis carnes, pero si para un hombre puede resultar tedioso, para una mujer es tan entretenido como desconcertante. Porque el vestuario femenino sí puede admitir múltiples combinaciones: vestidos, blusas con falda, blusas con pantalones, camisetas con pantalones, amén de complementos adecuados: pendientes, collares, cinturón, y capítulo aparte los zapatos, por supuesto. Y no hablemos de tema peinado.

Es decir, puede ser menos culpable el tiempo que se invierte porque hay más campo donde elegir y decidir y más trabajo de chapa y pintura, y eso lleva su tiempo. Yo, la verdad, no tengo esos problemas. El ser una hortera reconocida facilita mucho las cosas ya que, salvo ocasiones especiales y trascendentes, pillo lo primero del armario que no esté demasiado arrugado, los inevitables tacones y ya estoy divina. Se me olvidaba comentarles que soy miope y no es la primera vez que me pongo la ropa al revés o los zapatos desparejados. Del mismo color pero diferente par. Y ni me he enterado hasta volver a casa. Antes era un error, ahora se llama "tendencia".

Pero en un hombre el vestuario es sota, caballo y rey: pantalones, camisa o camiseta, chaqueta o blazer. Y, de momento, no tienen que dedicar tiempo a maquillaje, rímmel y/o alisado de melena. Por eso, cuando mi pareja tardaba (mucho) más tiempo en acicalarse que yo misma pues se me ocurría decir:

- ¿Para qué te arreglas tanto, si cuando volvamos a casa te lo voy a quitar todo a bocaos?
- Niña, con lo dulce que pareces y resulta que eres un camionero.

Es que se me olvidaba mencionar que tengo voz fina y aguda, lo que se denomina vulgarmente "voz de pito", cosa que los hombres, ¡ a saber por qué!, identifican con "dulzura de carácter" en una mujer. Nada más lejos de la realidad. O al menos en mi caso, que soy tan "dulce" como una alambrada de espinos. En mi defensa puedo decir que soy bastante divertida. Y sí, hablo mucho. Los discursos de siete horas que daba Fidel Castro en sus buenos tiempos no es nada comparado con mi verborrea habitual. Y hablo de todo, no hay tema donde no meta baza, con razón o sin ella. Al fin y al cabo, ¿qué nos distingue a los humanos de resto de los animales? Pues la facultad de hablar y reír. Y por eso será que la gente no se fija demasiado en si llevo los zapatos desparejados, debe de ser que aturdo a la gente con mi interminable conversación y exuberante personalidad.

El caso es que sí, me habría gustado ser más alta. ¡Benditos tacones!, no arreglan gran cosa pero disimulan bastante el ser paticorta. Por tanto, en estos tiempos en que todo el mundo se queja por recortes de medicamentos, no hagan ni caso a tanto quejica. Los tacones son mi medicina imprescindible y fundamental y ya saben ustedes a cómo está el precio de los zapatos ¡y sin receta médica ni subvenciones!

Toda una vida gastando una fortuna en zapatos de altos tacones, esa soy yo.

27 de febrero de 2017

Nostalgia, again...

Imagen: IMDB.
En serio lo digo, que el hecho de ir al cine cada vez me está resultando más deprimente y no por lo eso de lo que todo el mundo se queja, que es el precio, y sí porque tengo la impresión de que las supuestas "novedades cinematográficas" son una auténtica estafa.
Esta película en concreto, si bien no se puede negar que está bien hecha pero se queda en mediocre, es totalmente incomprensible que tenga el éxito que está teniendo; y eso va a ser porque el respetable público o no tiene memoria o con tanto emoticono del "wassap" se nos ha reblandecido el cerebro y ya nos vale cualquier cosa.

No sé si ustedes se han fijado, pero los "éxitos" de cartelera de estos últimos años parecen sacados de cualquier década de atrás y muy atrás, y va a ser, quizás, porque el ser humano del siglo XXI, por una parte, está de lo más contento y satisfecho con sus smartphones de última generación y todo tipo de cacharritos de entretenimiento multidigital pero, por otra, ya está muy acojonado con tanto avance tecnológico y busca urgente refugio mental en series y películas que ya tenía algo olvidadas y, además, catalogadas como antiguas y hasta anticuadas. Y, sin embargo y por eso mismo, esta película que hace 20 años causaría risa y mofa y se iría de cabeza a la parrilla de la sobremesa televisiva sin ni siquiera pasar por las pantallas de cine, ahora es engrandecida y loada como si fuera lo nunca visto. Y hagan sus apuestas, señores y señoras, pero la mía es que ya no dentro de 20 años: ni siquiera el año que viene, casi nadie recordará esta película como una de sus favoritas. Y si me apuran, ni la recordará.

Pero, claro, esta es mi personal opinión.

Nos dicen, nos cuentan, que el argumento va de los sueños y de cómo lograrlos y, sin duda, de eso hay pero no en la trama de la película; más bien lo que aquí se cumple, en abundancia y con no pocos y efectistas recursos técnicos, son los sueños del director, un aún muy joven Damien Chazelle que, sin duda, se pasó su infancia y adolescencia viendo películas de Fred Astaire y Ginger Rogers, que adora al gran tipo que era Gene Kelly y que en algún momento se enamoró de la gran Rita Moreno. Y que también debe de ser un gran admirador de la faceta musical de Woody Allen. Y que no sabe o no le interesa saber que Casablanca fue un tormento de rodaje donde nadie sabía cuáles iban a ser sus frases hasta poco menos de media hora antes de rodar las escenas, porque nadie sabía cómo acabar ya "la maldita película". Y que tampoco sabe que Esplendor en la hierba es imposible de copiar sin caer en el más terrible de los ridículos.

Con todo ello y, sin duda, debido a esos sus recuerdos de una niñez cinéfila, Damien se ha montado esta historia-refrito de muchas cosas y cositas que a todos nos suenan, y será por eso que ha sabido llegar al corazoncito nostálgico del gran público al que, de una manera u otra, quizás le afecte la ilusión placentera de salir más joven del cine recordando aquellas antiguas películas de canciones y bailes sincopados sin que la trama importara demasiado, o el mero optimismo que da esto de ver bailar y cantar a un montón de gente y, cómo no, lo de las alegrías y sinsabores de una parejita ilusionada con sus cosas de parejita ilusionada. Eso lo tiene, sin duda, y lo que es aún mejor, ha conquistado los despachos de los jefes del negocio este del cine que, al fin y al cabo, es lo que importa en este negocio. Como en todos. Porque, no lo olvidemos, el cine es un negocio. Y en este caso, Damien sí parece que tenía muy claro lo que quería hacer, que era, sobre todo, un bonito e ilusorio espectáculo visual y, en esa faceta, lo ha conseguido; pero el resto es más que dudoso.

Sí, vivimos en la época en la que es más importante parecer que ser: posar, parecer, contar algo en imágenes tan agradables antes de que nadie se dé cuenta que todo es falso, solo fachada y, como producto de esta su época, esta película parece buena pero no lo es. En absoluto. Aquí el problema ya es que ni Ryan Gosling ni Emma Stone, siendo ambos buenos y solventes actores, no son, ni mucho menos, cantantes ni bailarines. Y ni se les ha dicho ni exigido que se esforzaran demasiado, y se nota, vaya si se nota. Y al presentar "un musical" con protagonistas que no cantan ni bailan lo suficiente para hacer meritorio eso de "un musical", va a ser que ya no vamos bien.

Entonces te dicen que no, que en realidad no es un "musical" al uso sino más bien una película con música y bailes. Pues me da igual, qué más dará arroz con guisantes que guisantes con arroz; esto no será un "musical" al uso pero es un musical que resulta que no lo es. Por lo tanto, ¿qué es? Pues una película falsa, no es nada, solo una historia romanticona como miles de otras que ya hay cada tarde de sábado en la televisión, a la que se le han metido bailes y canciones para disimular que es decepcionantemente mediocre.

No hay que ser un erudito del cine para ver, aquí y allá, "reflejos" (o ligeros espejismos) de escenas de clásicos musicales pero a un nivel mucho más amateur, como si se vendiera (y me temo que de eso se trata) como un pequeño "homenaje" a esas películas clásicas que SÍ emocionaron a generaciones de espectadores (y aún lo hacen, lo bueno es eterno); pero que no son más eso, pequeños guiños para hacerse, sin mucho esfuerzo, con esa nostalgia del espectador y metérselo en el bolsillo antes de que se dé cuenta de que es una (muy) mala copia de otras grandes escenas... Sí, señoras y señores, estamos ya tan acostumbrados a comprar en los mercadillos copias infames de las grandes marcas y a ir por la calle tan contentos con bolsos y gafas de Catalina Herrena, Chanpel y Pior como si fueran los originales, que cualquier cosa que suene o aparente similitud con algo bueno, aunque sea una copia infame, nos parece no solo aceptable sino admirable.

La sorpresa que servidora se llevó cuando esta mediocre copia-refrito de alguno de los clásicos títulos del cine arrasó en los Globos de Oro fue la misma que siento cuando la gente compra bolsos de mercadillo de marcas falsas por un mero sentimiento narcisista de "porque yo lo valgo y me da igual que sea falso": un profundo estupor con un no poco disimulado malestar. Sí, de eso va esta peliculilla, del "porque yo lo valgo", de la complacencia narcisista de esta época que nos acompaña, de los selfies y los multilikes en Instagram, de la mera autosatisfacción por encima de todo, de ser finalista de un reality show como meta sublime, de la fama del yo lo valgo, ahora y para siempre, y si el resto del mundo está equivocado o no entiende nada es porque son ignorantes y, porque yo lo valgo, te lo hago saber. O ambas cosas y todo a la vez.

Por tanto, no es la historia de la ambición por el propio talento, que eso siempre es de admirar, sino la ambición de y por la propia vanidad. Y vanidad y talento pueden ser coincidentes o no, pero la sola obsesión por la propia vanidad sin talento suficiente va a ser que no, no es lo mismo.

8 de noviembre de 2016

Basura blanca

El término "basura blanca" no es nuevo ni lo ha inventado ningún periódico estadounidense; ya viene de muy lejos y servidora lo leyó por primera vez en la novela de Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó, por ser el término con el que se referían los "negros de casa", es decir, los esclavos de las plantaciones de los grandes terratenientes, a los blancos pobretones que malvivían en casas destartaladas con un pequeño terreno que apenas les daba para vivir. Ese término, con carácter peyorativo de definir a quien tenía menos y vivía peor que los esclavos, aparece y desaparece de la sociedad americana pero nunca ha dejado de existir y, curiosamente, en estos extraños tiempos que vivimos vuelve a aparecer, pero con una nueva característica de "reinvidicación".

De un tiempo a esta parte estamos descubriendo nuevos términos étnicos, de esas cosas que se pueden decir y no se pueden decir porque son o no son ofensivas y es todo muy complicado porque, hasta con la mejor intención, casi nadie se libra de decir algo que a alguien le parecerá ofensivo. Porque, la verdad, vivimos en una época del mundo en la que todo es susceptible de ser ofensivo, absolutamente todo, y nos tenemos que plantear el hablar y exponer nuestros pensamientos no como personas libres y anónimas que somos y sí como si fuéramos altos cargos de la administración, ya que tal parece que todo lo que digamos en cualquier momento nos puede estallar en la cara y podemos ser "acusados" de casi cualquier cosa terrible. Sin embargo, a los que ocupan altos puestos públicos parece que lo que les hace simpáticos a su público es, precisamente, lo contrario, y ese uso y abuso del lenguaje ofensivo y el "dale caña" ya es, desgraciadamente, una premisa fundamental para hacerse popular.

Pero a ustedes y a mí, ciudadanos tan encantadores como anónimos, no solo no nos viene bien ese tipo de lenguaje; casi todos tenemos nuestro rastro personal, como brillante baba de caracol, en las redes sociales, y cualquiera puede usarlo como "ofensa", también porque puede que esté usted de cordial y alegre conversación con las amistadas en una cafetería y alguien de la mesa de al lado le oiga y no solo ponga la oreja a la conversación; también puede grabar todo lo que se dice con un teléfono móvil y ¡quién sabe!, puede usted acabar siendo el involuntario protagonista de esa tontería que se llama "vídeo viral". Y es que vivimos en la época del mundo en que todos podemos y somos y hasta ejercemos de agentes secretos, y tal parece que todo lo que digamos en nuestra vida corriente y moliente de ciudadanos puede fiscalizarse y convertirse en arma arrojadiza o en eso que se llama "viral" , ya que están las redes sociales llenas de las cosas más cotidianas y absurdas y cualquier tontería como una nota de una madre a un profesor, un chiste inoportuno sacado de contexto, una foto de las vacaciones, una gracieta sin gracia o cualquier cosa que nos pasaría desapercibida, por arte y magia de las redes sociales se hace más conocida que el desembarco de Normandía y se convierte en "viral". Personalmente me gustaría disponer en mi ordenador de alguna tecla que bloqueara y me librara de ese tortura moderna que son "los vídeos virales".

Y sí, algo parecido al funcionamiento de los virus tienen estos vídeos, porque nos infectan a todos y nos convierten en más tontos y manejables de lo habitual, y hasta hay gentes que se dedican a eso, a buscar o hasta a crear "virales" porque algo, lo que sea, que se haga conocido y reciba muchas visitas, puede proporcionar dinero. Da igual que sea la travesura de un lindo gatito o el atropello múltiple de peatones en un paso de cebra; se comparte, se expande y nos va haciendo más indiferentes y queremos más y más de esos "virales". Y todo esto viene a cuento de la extraña sensación que produce la carrera electoral de Estados Unidos. Desde que empezaron los debates de uno y otro partido (lo habitual en las elecciones USA), algo huele a podrido en todo ello y ya sabemos que si Estados Unidos estornuda, el resto del mundo pilla catarro.

Los partidos americanos están desesperados por captar votos y nos dicen, nos cuentan, lo decisivo que es el voto de tal o cual "minoría relevante". Pero no es cierto. Por lo que se está peleando es por captar, incentivar, provocar el voto de una gran mayoría que nunca vota y nunca vota porque no le interesa un partido republicano, siempre dando vueltas y más vueltas a cuestiones religiosas, ni un partido demócrata, que solo habla de cosas que al americano medio no le interesan. Esa mayoría estadounidense no votante ni interesada por la política, porque la política nunca se ha interesado por ellos, es lo que en Estados Unidos se llama "basura blanca", población étnica más o menos blanca-caucásica que no pertenece ni puede estar incluida en ninguna "minoría relevante" y que sobrevive a todas las desventajas de un sistema social del madeyourself y sin ninguna de sus ventajas, salvo la de la libre tenencia de armas.

Es la población que no existe en los estudios sociológicos pero ahí esta, en permanente eqiilibrio con la bancarrota y no, ya no es solo la gente marginal que dio origen al término "basura blanca", ya no es solo ser ajeno a otra educación que no sean las radicales escuelas religiosas de cada estado y ser más pobre que las ratas; ni siquiera es su ampliación a los que viven en la casi imposibilidad de no poder salir de un gheto de pobreza e ignorancia, del malvivir que da depender de un empleo siempre precario. Nos suena, ¿verdad? Bien, es un amplio grupo social pero que no tiene peso ni influencia como tal, no existe un lobby de la "basura blanca" y, sin embargo, es un gran y heterogéneo grupo a quien los políticos no se suelen dirigir porque un no votante habitual no es motivo para interesarse demasiado, ya que tampoco son ni están organizados como "grupo".

Pero la crisis mundial ha traído el hecho de que mucha clase media e incluso clase media alta ha perdido su empleo, su forma de vida y se ha convertido también en "basura blanca" pero, al contrario que los habituales integrantes de esa clase social abundante pero difusa, la nueva "basura blanca" sí ha pasado por la universidad, sí tenía confortables empleos que le permitía pagar sus créditos universitarios, vivir bien y hasta muy bien y, por tanto, sabe de dónde viene y sabe que existe un tipo de vida que es a donde desesperadamente quiere volver. Y por eso será que en esta campaña electoral americana todos los candidatos, tanto los republicanos como los demócratas, han estado hablando de cosas que al ciudadano medio acomodado, no rico pero que vive en parámetros de poder pagar sus facturas y comer y vestir a diario sin grandes preocupaciones, le suenan muy raras.

Sí, los partidos USA se han dado cuenta, algo tarde y apresuradamente, de que la "basura blanca" ahora tiene conciencia de ser quien es y va a votar. Y hay que captar esos votos como sea. De ahí que la palabra "socialismo" asociada al candidato Sanders no fuese vetada ni causara el pavor y rechazo que les causaba a los del partido demócrata si era aplicada a Obama. NO, no, bajo ningún concepto se aceptaba la palabra "socialismo" aplicada a su candidato afroamericano. Claro que lo de Sanders no es socialismo ni se le parece, y el mismo Sanders no podría explicar a una clase de niños de primaria qué es y qué supone el socialismo. Pero como etiqueta para quien ha gestionado los abundantes recursos de un estado muy rico, con ciudadanos más que acomodados, como Vermont, resulta del todo inofensivo. A un socialista de toda la vida, eso de que a Sanders se le aplique la etiqueta socialista lo puede matar de la risa, pero USA is different. De todas modas ya ven, Sanders puede ser socialista dentro del partido demócrata pero Obama no, no, nunca.

En el partido republicano no hay socialismos de ningún tipo y siempre optan por el valor "religión" como nexo de unión ente sus posibles votantes, y sí, es un valor seguro porque otra cosa no habrá en Estados Unidos, pero las congregaciones religiosas son más numerosas que cualquier otro tipo de actividad, tanto pública como privada. Pero el partido republicano está ahora liderado por Donald Trump, que no es republicano ni demócrata; es simple y llanamente Donald Trump, famoso multimillonario. Y el partido demócrata está liderado por quien ya fue inquilina de la Casa Blanca y que, en su primer intento de volver como titular, perdió en las primarias de su propio partido contra el perfecto desconocido que era entonces el actual presidente. Algo del todo inaudito, porque candidato que pierde en primarias, candidato que desaparece para siempre.

Por tanto, nada de lo que antes funcionaba vale ahora, porque ambos partidos están comandados por candidatos inauditos y es tan fascinante como aterrador ver cómo los dos candidatos a la presidencia, dos personas en edad de estar jubiladas, corretean con inusitada energía de estado en estado apelando, en realidad, ambos a lo mismo, que es eso ya tan conocido de "todo debe cambiar para seguir igual". El mundo ha cambiado, sin duda, y escribo esto a apenas unas horas de saber quién va a ser el que va a alcanzar la presidencia del mundo... en la carrera electoral más extraña y loca que nadie habría podido imaginar jamás. Y con el nuevo añadido y "descubrimiento" de que "basura blanca" ya no son los marginales que malviven en caravanas y casas sin lavadora sin que a nadie le importe; "basura blanca", señoras y señores, ya somos todos.

A unas horas de saber el resultado, tenemos a dos candidatos que, sobre todo, irritan profundamente a sus propios partidos y a quienes sus partidarios no apoyan por ser la mejor opción y sí por ser menos terribles que su contrario. No es muy esperanzador. Las elecciones americanas son una mezcla única de política y show hollywoodiense, pero siempre predominaba el componente político y, aunque sabemos que de todo lo que promete cualquier político de donde sea no llegará a cumplir ni un tercio de lo dicho, y que donde dije digo digo diego, la exposición de ideas y el debate político siempre constituye un buen ejercicio. Pero estas elecciones tienen poco de político y mucho de exposición de entrañas, y ni siquiera cuenta con el componente de show de altura del gran escenario, porque se ha convertido, como casi todo lo que nos rodea, en un vulgar reality show aderezado con abundancia de "vídeos virales" y titulares vergonzantes. Y ya sabemos que los reality shows es como se llama ahora a la oportunidad de ser maleducado y bocachanclas y que te premien por ello.

A pocas horas del final de esta carrera electoral, ya no hay tiempo más que para desear que acabe cuanto antes y lo único positivo (por ver algo positivo a esa especie de carrera loca de rascar votos de donde sea con nulos argumentos de una y de otro) es que me voy a quedar con la idea de que estos dos, Hillary y Donald, Donald y Hillary, multimillonarios los dos y amigos y conocidos desde hace más de 30 años, nos demuestran que hay vida más allá de la reglamentaria edad de jubilación; y que, más que cualquier otra cosa, vamos encaminados a una sociedad donde vamos a estar trabajando hasta los 80 años para pagar nuestras deudas. Y aun así, con algo de ayuda de las industrias farmacéuticas y ese montón de pastillitas para todo que producen por toneladas, tendremos algunos años más para disfrutar del merecido descanso de la jubilación. Es decir, todos seremos "basura blanca" que arrastraremos nuestros culos trabajando hasta tres días antes de morir (y además daremos gracias por ello), que viene a ser lo mismo que en la época de nuestros bisabuelos, cuando llegar a la edad de jubilación era casi un milagro y eso que se ahorraba el erario público en pensiones. Y así va a ser de nuevo, independientemente del color de la piel y el punto del mundo donde se viva.

Y de ahora en adelante, todo candidato que quiera tener alguna oportunidad como tal, además de buscar el buen y conveniente arropado parasitario de los "massmedias" afines, se tendrá que concentrar en discursos elaborados y escandalosos, cuanto más mejor, con palabras vulgares y malsonantes de esas que todos entendemos a la primera y siempre y solo sobre lo que la gente quiere oír, olvidando cualquier programa político; y no importa que mientan porque ¿a quién le importa, si nunca cumplen lo que dicen? Pero no, no desesperemos; en la mayoría de los casos es mucho mejor que no se cumpla nada de lo que nos prometen los políticos, ¡eso sí sería una verdadera tragedia para la humanidad!

A pocas horas del final de la carrera electoral estadounidense, lo único que todos queremos es que acabe ya y que pase lo que tenga que pasar pues, la verdad, a pesar de tanto jaleo mediático, la realidad es que va a dar igual quién gane y tampoco tiene tanta importancia. Pero nos gusta, como ciudadanos anónimos pero mundanos, sentirnos importantes y hasta decisivos en los grandes asuntos de estado del mundo mundial y, con esa vana ilusión que nos reconforta cuando los políticos en campaña nos dicen a los posibles votantes a todas horas lo importantes que somos, cosa que nos hace sentirnos inteligentes y relevantes, con nuestros likes o no likes en las redes sociales nos sentimos de lo más participativos e integrados y eso siempre es gratificante para cualquier ser humano. Y para los periódicos es aún más maravilloso, ya que desde que existen las redes sociales los redactores solo tienen que echar un vistazo a los movimientos de las tales redes sociales y, tratándonos como si fuéramos pececitos en una enorme pecera, nos echan migas y miguitas de los colorines que más nos gustan para hacernos seguir sintiendo "importantes y decisivos". Y se lo pasan pipa viendo cómo nos mordemos entre nosotros, cual pirañas amazónicas, por defender nuestras migas y miguitas...

Sí, es fantástico ser basura blanca o de cualquier otro color, que es la opción general de quien no es una "minoría relevante"; esa gran masa de gente que no aparece en ningún tratado de sociología ni en los estudios de los importantes politólogos, y que resulta que somos todos nosotros, la gran masa de gente de todo tipo sin ninguna característica especial ni "relevante" por la que políticos y "massmedia" solo muestran reciente interés en las épocas de ser vistos como "posibles votantes trasversales". Y entonces ¡hay que ver cómo nos miman!, ¿no es cierto? Pues los políticos ya solo nos dicen lo que queremos oír, los periódicos nos dan la razón en todo, nos preguntan a todas horas nuestra opinión y, además, la elevan a grandes titulares y artículos de opinión... Sí, es fantástico, aunque dure poco. Porque a la semana siguiente de cualesquiera elecciones, ya dejamos de ser mimados "posibles votantes" y pasamos a ser meras estadísticas anónimas de encuesta.

Sí, a pesar de todo, es estupendo que exista esto de las elecciones y, sobre todo, las elecciones USA, que siempre son muy entretenidas y más cuando sabemos que da igual quien gane. Porque Obama era el paladín de la paz mundial y ya ven, guerras y masacres por todos sitios; por tanto ¿qué más da?

Por cierto, ayer hubo elecciones presidenciales en Bulgaria pero ¿a quién demonios le importa?

17 de marzo de 2016

Refugiados, ejército y famosos

No, no se alarmen; no pretendo que ningún ejército de ningún tipo arremeta o desaloje a refugiados de ningún sitio, bien al contrario y les explico. Mi heredero, que con la cabeza metida a todas horas en su pertinaz "whatsappeo" con sus compis colegas y que parece que no se entera de nada, ha tenido el atisbo de cómo no tanto solucionar pero sí aliviar la situación de los 12.000 inmigrantes que se agolpan en la frontera entre Grecia y Macedonia. Pero antes, un detalle.

Entre toda esa gente que está mal establecida en tiendas de campaña se distribuyeron unos folios, octavillas, llámese como quiera, con las instrucciones del lugar concreto, el día y la hora para pasar a Macedonia atravesando un río, con el resultado de que, atravesado el río, fueron conminados por las autoridades macedonias a volver de donde habían salido, es decir, del campamento. ¿Quién o quienes son los responsables de la distribución de esa información falsa? ¿Cómo es que todos los centenares de periodistas que por allí pululan, con mucha cara de pena y desolación, pero que cuando acaban la conexión en directo con su cadena televisiva salen a toda mecha de tal escenario en su todo terreno hacia su más o menos cercano y confortable hotel, no se preocupan de más asunto vital que la conexión del "drama humano" haya salido bien? Umm... ¿No es muy sospechoso que alguien se dedique a repartir octavillas con información tan concreta como falsa entre los moradores del inmenso campamento, parece que solo para que haya un poco de movimiento, y allí están las cadenas de televisión mundiales para grabarlo todo, en vivo y en directo? ¿No es raro, sospechoso y rayando en "si no hay noticia la inventamos, porque esto está muy aburrido"? Porque mi sospecha es que ese movimiento hacia Macedonia atravesando el río, mujeres y niños metidos en el agua, caras de desesperación y frío, es un "logro periodistico" para darle un poco de vidilla al tema y proporcionar imágenes diferentes a las ya habituales de un campamento de 12.000 personas. Yo es que soy así de desconfiada y mala gente, qué le vamos a hacer.

Bueno, a lo que veníamos; que a Heredero eso de las 12 .000 personas le parece del todo factible organizarlo de otra forma para que esa gente, mientras espera qué hacer con su vida, no solo sea "carne de cañón periodistico". Como buen aficionado al fútbol, Heredero ha calculado que muchas más de 12.000 personas se desplazan cada fin de semana para cualquier acontecimiento de fútbol, y de hecho, 12.000 supone una entrada muy pobre en cualquier partido de fútbol en cualquier capital europea. Por tanto, organizar con eficacia y atención considerada y civilizada a 12.000 personas no es algo que la entrenada policía de cualquier país europeo no pueda hacer, porque es algo que hacen cada fin de semana en cualquier ciudad europea.

Por otra parte, vemos imágenes de ese campamento con sus brillantes tiendas de campaña desparramadas por allí y por allá. Bien, tampoco es nada raro ni extraño que el ejército de cualquier país europeo no pueda organizarse de forma que la vida, dentro de las condiciones nefastas de estar en tierra de nadie, pueda ser algo más confortable. Nada más fácil que llamar al ejército para que organice zanjas que evacuen el agua de lluvia, ubique zonas de servicios comunes de higiene y haga una simple y siempre efectiva distribución en cuadrícula para la instalación de las tiendas de campaña. Algo que ya hacían los romanos en tiempos del Imperio, no estamos inventando nada nuevo. Es decir, el problema, por supuesto, es mucho más complejo que organizar un asentamiento eficaz para inmigrantes y refugiados y no es la panacea, pero ya que dentro del problema global lo más cercano es que, al menos, ese asentamiento no se convierta en algo parecido a una atracción turística, nada más fácil que organizarlo; y no es tan complicado, ya que es casi una tarea de rutina para cualquier ejército europeo y, como hay muchos niños, hasta se puede montar una carpa guardería-ambulatorio donde organismos presentes en todas estas contingencias puedan hacer su labor de vigilancia de salud.

Es decir, lo que vemos de lo que nos cuentan como "avalancha de refugiados" no es cierto o, al menos, no es toda la verdad; campamentos similares se llevan organizando como lugares de paso y control médico en las fronteras de cualquier conflicto que implique movimiento ingente y masivo de personas. No es una cosa que nos deba sorprender como si no hubiera ocurrido nunca antes, pues en campamentos similares viven miles de personas, mucho más que esas 12.000 personas en la frontera entre un país de la UE y otro que no lo es. Y desde hace décadas, oiga, allí están; solo hay que echar un vistazo a las noticias sobre África para comprobar que hay campamentos con más de 50.000 personas donde la gente que huye de su país por guerras o hambrunas, y a la que no se le permite volver, lleva instalada en campamentos desde los años 80. Y allí están, ya ven qué cosas, que se nos olvida todo muy fácil, y sin que nos preocupemos demasiado por ellos ni las causas por las que no pueden regresar a su país.

Aquí el problema es el mismo pero diferente, y no se puede decir que Europa no tenga experiencia en movimientos de inmigración masiva, puesto que esos campamentos en África son gestionados por muchos países europeos. Viendo lo que vemos, que es ese movimiento a diario de centenares de personas, nadie puede decir que no se sabe o no se puede gestionar. Poder sí se puede, que se quiera hacer y, sobre todo, hacerlo bien, ya es un tema diferente. El componente por el que no hay muchas ganas de organizar una acogida provisional y eficaz no es otro que la causa del llamado "efecto disuasorio", y viene dado porque si nos atenemos a la condición de "refugiado", que es lo que reclaman esas miles de personas para acceder a la UE, más concretamente solo a Alemania o Suecia, eso es lo que mosquea a las autoridades y ciudadanos; porque no hay que ser experto jurista internacional para saber que la tal reclamación, así planteada y desde otro país de la UE, no ha lugar. El estatus de refugiado se circunscribe a persona que huye de su país por grave peligro de su integridad física por persecución militar, ideológica o de cualquier otro tipo que ponga en peligro su vida por decisiones arbitrarias de un estado que no respete la declaración de derechos humanos. Bien, si ponemos el caso de quien huye de Siria por todas o alguna de esas razones, en cuanto pase la frontera de Siria y reclame su condición de refugiado ya no está en peligro de muerte y persecución. Una vez reconocida esa condición de refugiado por el país que así lo acoja, su condición de refugiado le da ciertos derechos pero también ciertas obligaciones. Si un refugiado llega a Grecia para salvar su vida de otro estado que lo persigue, lo primero es registrarse como tal. Ya estamos en la UE, territorio seguro. Pero, claro, Grecia no cuenta con las ayudas sociales que existen en Alemania y Suecia, y ahí está el conflicto de intereses. Yo, en situación de huir de guerra y miseria, no duden que haría lo mismo y trataría por todos los medios de meter el pie en el país correcto y no en uno donde solo me van a dar los buenos días y un búscate la vida.

Pero claro, todo derecho tiene sus obligaciones (siempre se nos olvida la parte de las obligaciones), y si obviamos el registrarse como refugiado en el país a donde se llega, cosa a lo que muchos se niegan en redondo porque si te registras como refugiado en Jordania o Turquía, Grecia o Macedonia, países más cercanos al conflicto, allí debes permanecer y dar cuenta de tus movimientos. Por tanto, por muy políticamente incorrecto que suene, nadie que llegue a Grecia por los medios que sea puede, en el sentido de que el ordenamiento jurídico internacional le da a la categoría de refugiado, reclamar tal condición de refugiado si al pisar tierra griega -europea no hace ese sencillo trámite. Por tanto, no hay refugiados en Grecia, no se los puede considerar como tal. Y, además, provienen de Turquía, país que no amenaza su vida por razones políticas o ideológicas.

Pero las leyes siempre van tres pasos por detrás de todo hecho humano y el caso es que la gente de muchas nacionalidades diferentes llega a Grecia previo pago de una buena mordida de dinero por parte de las mafias que se dedican al transporte de seres humanos como si fueran bultos de mercancía. Y mientras arreglamos el mundo y le ponemos nombres a las cosas, es evidente que la realidad es la que es, y lo mismo que es tontería ponerse a discutir sobre de qué color pintamos la pared de una casa mientras la casa se cae, pues tratemos que la casa no se caiga y aplaste a quien está dentro antes de elegir el color de las paredes. La gente va a seguir llegando a Grecia. Grecia, que yo sepa, cuenta con un ejército y no debe de estar mal dotado de medios puesto que se lleva una buena parte de los presupuestos de la nación griega. Pues bien , nada más fácil que organizar esos campamentos provisionales de forma eficiente y no que la gente se agolpe sin ton ni son y sin saber cómo ni dónde. Y si el ejército griego no se ve capaz o le da pereza o no cuenta con los medios, que lo dudo, pues nada más fácil que recurrir a los profesionales de los ejércitos nórdicos, expertos en organización de campamentos en condiciones climatológicas adversas. La lluvia para los nórdicos es buen tiempo, te organizan un campamento eficaz en un fin de semana.

Efectivamente, no con eso se va a solucionar el problema, pero igual que no es lo mismo esperar de pie que sentado, ya que la gente llega y va a seguir llegando, ¿qué trabajo cuesta que a los que llegan se les proporcione un mínimo de comodidad, que no es más que habilitar ese espacio a la forma de un campamento militar con sus calles, zanjas, puntos de luz y agua, servicios higiénicos y espacios comunes de organización? No es complicado ni resulta más caro que no hacerlo. Así que no sé a qué estamos esperando o, como dice Heredero, 12.000 personas no llega ni a la mitad del aforo de cualquier campo de fútbol de mediana categoría, no puede ser tan complicado... Y en vez de repetir octavillas de falsas noticias entre toda esa gente para, me temo, proporcionar "imágenes nuevas" a los noticieros y periódicos, por no decir que reirse de ellos, nada más fácil que distribuir información veraz de cómo organizar esos campamentos y su posible situación y no mostrar a esa gente como "noticia". Son seres humanos, no animalitos de zoo ni fauna salvaje que se contempla y se fotografía desde un jeep. Y tampoco su condición de gente desplazada les inhibe de contribuir a no convertir ese entorno en un estercolero; organizar basura y excrementos es lo primero que se debe hacer y tampoco es tan complicado, te lo explica y organiza cualquier novato de los scouts.

También es verdad que convendría saber quién dirige esas mafias que cobran 2.000 euros por cabeza por una plaza en un bote de plástico, y mucho me temo que nos llevaríamos muchas sorpresas y será por eso que no conviene menearlo ni investigarlo como "noticia periodística". Y también hay que revisar eso de ser "refugiado a la carta" y solo querer llegar a Alemania o Suecia; eso tampoco es, y ya es otra cosa muy distinta a ser "refugiado" y de hecho, por estos lares, ya sabemos que tanto España como Portugal son destino non grato y solo somos territorio de paso, algo de lo que ya se quejaban alemanes y suecos con encargos de "más y mejor contención" a las autoridades españolas, italianas y griegas cuando aún veían los toros desde la barrera; y ahora que la "frontera" ya no es Lesbos, Ceuta o Sicilia, se dan cuenta de que no tienen ni idea de cómo manejar una situación que veían lejana y ajena hasta que les ha explotado en la cara.

¿Cómo se soluciona todo esto? Pues si lo supiera, estaría en la ONU contándolo y poniéndolo en práctica. No tengo la menor idea puesto que nos cuentan verdades a medias o mentiras con apariencia de verdad y, si no se conoce bien el problema, no se pueden dar soluciones eficaces, solo teorías. Y para teorías ya tenemos a Einstein, cuando se trata de personas no vale ponerse a teorizar y lo primero es solucionar problemas. Si no hay intención de saber y detener a las mafias que dirigen toda esa nueva esclavitud de trata de personas, pues lo más urgente a la par que práctico es que esos campamentos no se conviertan en guetos u otros mercadeos de personas, y organizarlo de forma eficaz. Cuesta lo mismo hacer las cosas mal que hacerlas bien, solo que cuando se hacen mal cuesta más tiempo hacerlas de nuevo y bien. ¿Y si empezáramos por hacer las cosas bien? No puede ser tan complicado pero claro, hacer las cosas bien no sería "noticia".

Y ¡por favor!, no más paseítos de "famosos" por los campamentos con docena y media de reporteros detrás, esperando a captar el momento "lágrima de conmovido y concienciado famoso"; eso queda muy bien para el currículum ético cívico del famoso, pero no soluciona nada. Ni te des paseos ni llores, manda dinero. Vende o subasta uno de tus casoplones y eso sería más útil a la par que solidario; el resto, mero show de moñeces para portada de revista. Y ¿de verdad que nadie se pregunta ni investiga quién y por qué hace que cientos de personas atraviesen un río en pleno invierno para que, sabiendo como se sabe, tengan que volver atrás por el mismo e idéntico camino?

¿A qué estamos jugando?

18 de enero de 2016

No puede ser...

Imagen: Telecinco.
No puede ser que el programa con más audiencia de las mañanas sea "esto". No puede ser; vamos, no me lo puedo creer. En realidad, no es un programa que vea lo suficiente como para poder apreciar todas sus características, pero el formato es tan malo y tan viejuno que les hago un rápido resumen de lo que me parece: deprimente.

El programa se divide en varias partes: una primera, supuestamente "seria", en la que tratan de política pero "asín" de aquella manera. Tenemos a la jefa del programa, que es Ana Rosa, que ejerce de algo parecido a "moderadora" de otros periodistas que más que analizar cosas políticas o de la actualidad, lo único en lo que están realmente interesados es en pelearse entre sí. Pero por cualquier cosa, eso es lo de menos; el caso es armar ruido y que todo parezca "intenso" y "preocupante", cosa que por otra parte es la tónica general de cualquier "tertulia política" de las que se estilan ahora, donde la pelea de egos de los participantes es lo único que se ofrece al espectador.
Hace años, el programa informativo matinal de Tele5 era bastante bueno y con buenas entrevistas, se trataba la actualidad con más rigor y se hacía interesante y ameno, hasta que un día, nadie sabe el porqué, aterrizó en ese espacio como conductora-presentadora María Teresa Campos y se cargó el formato con sus estupideces de "diva" televisiva; pero se lo cargó de tal forma que desapareció. Y hasta ahora, nunca mais.

Es decir, hubo un tiempo en que Tele5 no era la completa y rotunda mierda que es ahora.

Porque de política no te hablan apenas nada más que algún titular suelto, pero te queda ya mal cuerpo para el resto de la mañana con la cara de vinagre que traen todos y con las discusiones absurdas que se montan, además del paupérrimo nivel de retórica de los tertulianos, que traen tres frases aprendidas y puestas de casa y es lo único que saben y les interesa decir. Loritos es lo que son, y encantados de oírse graznar. No puede ser que el nivel de periodismo de este país sea tan nefasto, no puede ser que sean tan tontos; más bien creo que piensan que quien los ve sí lo son y por eso recurren al cacaculopedopis para desarrollar sus intervenciones sin molestarse en nada más... Alucinante. Cuando se acaba el tiempo destinado a esta competencia de egos de "tertulianos-loritos" políticos, te queda cara de que esta gente a lo que se dedica es a tratar al espectador como si fuera un imbécil. Lo cual a usted no sé, pero a mí no me gusta na-da.

Finiquitada esa parte, pasamos a "sucesos" y como por desgracia siempre alguien mata a alguien o similar, pues otro rato de tratar al espectador como si fuera imbécil sin remedio. Y luego llegamos a la parte de "crónica social", que no es otra cosa que hablar de los "fijos" de la cadena, que no son más que los protagonistas de los otros programas, como la Esteban y asociados, Paquirrín y familia y, por supuesto, la madre de Paquirrín que no falte. Que yo se lo digo en serio, y es que estoy tentada de pedir por escrito y ante notario al Ministerio de Interior que le den el indulto a la Pantoja ¡para que dejen de hablar de sus entradas y salidas de la cárcel! Es insufrible, oiga, qué ansia, qué tontería todo; ¿de verdad que a alguien le interesa saber qué desayuna, qué hace y a qué hora mea la Pantoja en su estancia carcelaria? No me lo creo. Que no, que no me lo creo, que hasta las fans más acérrimas tienen que estar hartas, pero como así rellenan programa sin hacer gasto, venga rollo de la Pantoja y similares.

He visto esto de Ana Rosa de forma muy ocasional y más que nada como ruido de fondo mientras hago otras cosas si estoy en casa, pero ese es el formato. Y siempre acabo cambiando de canal porque se me hace insufrible. No puede ser que esto sea un programa que tenga buena audiencia, no me lo creo. Y digo yo... A esas horas de la mañana este programa no lo puede ver mucha gente con asiduidad y a diario, salvo jubilados, enfermos y desocupados ocasionales, y solo es posible una definición y es la de absolutamente deprimente, se lo aseguro. Es un formato rancio, rancio, raaancio, como muy viejuno, de cotillas malos, de jijijis de patio de escalera y donde lo que predomina es crear "polémicas" de tonterías y tratar como tonterías cosas más importantes. Y también les digo una cosa y es que es todo un despropósito desinformativo, inventan más que informan y es todo de un ridículo que yo no acabo de entender ni comprender y no le veo el interés ni la gracia por ningún sitio.

Si esta es la televisión "informativa" y de "entretenimiento" que se hace en este país, es lamentable.

No se puede tratar al espectador de esta manera, oiga. Siempre le echamos la culpa de los males presentes a la poca educación que reciben nuestros vástagos en los sistemas educativos, pero nadie dice nada de este tipo de programas para público adulto que, además de no aportar nada interesante, disculpen que sea repetitiva, es que tratan a sus espectadores como si fueran tontos. Y no dudo que si se ve un par de semanas seguidas este programa y otros similares, la gente que lo vea se vuelva gilipollas perdida. Y el que este programa sea líder de audiencia, o eso dicen, de las mañanas, es profundamente descorazonador. Si se ven en el trance de estar en casa por las mañanas y quieren o pretenden estar informados de la actualidad, no vean este programa. Dediquen su tiempo a cosas más interesantes o aprovechen para dormir, su cerebro se lo agradecerá.

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