4 de junio de 2018

Cuadernos holandeses (II): museos e iglesias de Ámsterdam

Edificio del Rijksmuseum
Si vas a pasar en Ámsterdam varios días y tienes tiempo para recorrer algo más que el centro, una buena opción en caso de que te interese este tipo de visitas son los museos y las iglesias; y además tendrás para un buen rato, porque hay unas cuantas cosas que ver en este sentido. Para ver los museos más típicos, deberás dirigirte a la zona conocida como Museumsplein (es decir, plaza de los museos). En nuestro caso, al llegar allí empezamos el recorrido por el Van Gogh, que desde luego no te puedes perder si te gusta la obra de este pintor; no es que sea de mis favoritos, pero el museo me gustó muchísimo. Está dividido en tres plantas y expone unas 700 obras suyas entre pinturas y dibujos, además de una colección de cartas escritas por él.

La distribución del edificio me pareció muy original, porque en la primera planta han ordenado las obras cronológicamente; así que es muy interesante ir observando la evolución artística y las diferencias entre las pinturas de los primeros tiempos y de los últimos, cuando Van Gogh ya andaba un poco mal de la cabeza. La segunda planta está dedicada más bien a las diversas investigaciones que se han llevado a cabo históricamente sobre la obra del pintor; y también se nos habla de algunos cuadros que no se sabe con seguridad si fueron pintados por él. Y por último, la tercera planta expone una muestra de obras de artistas contemporáneos a Van Gogh. Aunque donde yo me volví loca del todo fue en la tienda de recuerdos, porque es increíble la cantidad de cosas que puedes comprar allí, a cuál más bonita.

De Nachtwacht
Otro museo, que además está muy cerca de este y al que le tenía unas ganas locas desde que oí hablar de él en las clases de Historia del Arte, ya desde mis años de instituto, es el Rijksmuseum, dedicado al arte, la artesanía y la historia holandesas; es decir, es el museo nacional, considerado el mejor de Holanda. Ya desde fuera el edificio es muy chulo, y me recordó al de la estación central (luego me enteré de que el arquitecto fue el mismo). Alberga nada menos que 7 millones de obras de artistas holandeses de los siglos XV al XVII, así que ya os podéis imaginar que si no se dispone de un mes para verlo todo, lo suyo es filtral por lo que más os interese. Lo que yo más ganas tenía de ver es entre otras cosas los cuadros de Rembrandt, y desde luego me quedo con su obra La ronda de noche (De Nachtwacht, en holandés), que fue una maravilla poder verlo por fin en persona (me temo que mi foto no le hace justicia). Y por cierto, para los interesados en la vida de este artista, está la posibilidad de visitar en pleno centro la casa museo de Rembrandt, el lugar donde vivió.

También muy cerca de aquí, aunque esto se puede saltar perfectamente (nosotros lo visitamos porque estábamos al lado y la entrada estaba incluída en la Amsterdam Card), es la fábrica de diamantes. No es un museo propiamente dicho, porque aunque tienen expuestos varios tipos de diamantes y te explican cómo distinguirlos, cómo se trabajan, etc., el objetivo que tienen es que al final de la exposición acabes comprando algo; y lógicamente, los precios de un diamante no es que sean baratos precisamente. Pero como curiosidad, y si tenéis tiempo, es interesante de ver.

También como curiosidad, aunque si no sois cerveceros como es mi caso puede que no os llame la atención, es Heineken experience, un museo de la cerveza que está alojado en una antigua fábrica. Aquí podemos conocer todo lo relativo a la marca Heineken, desde los primeros edificios en los que se alojó la fábrica, allá por mediados del siglo XIX, hasta la evolución tanto de la marca como de la propia cerveza, y hasta podremos probarla allí mismo. Ya digo que yo no es que sea muy entusiasta de la cerveza, pero lo cito por si a alguien le interesa.


Fachada del museo Hermitage
Recorrer el resto de museos (al menos los que vimos nosotros, ya que alguno nos faltó) es bastante práctico porque es casi como hacer un círculo rodeando el centro, y casi te los vas encontrando por el camino según callejeas. El siguiente es el museo Van Loon, una casa que perteneció a la familia que lleva este apellido y que data del siglo XVIII. Es una visita de lo más llamativa porque se puede recorrer la casa como si uno estuviera en la suya propia, viendo casi todas las habitaciones, las cocinas y los jardines. Cerca de esta casa encontraremos el museo Hermitage, que yo ni sabía que tuviera aquí una sede porque el que me sonaba es el de San Petersburgo (ciudad que está en mi lista de destinos pendientes desde la primera vez que estuve en la URSS, allá por el siglo pasado). Está a orillas del canal Amstel, y en él se exhiben por un lado todo tipo de objetos que hacen referencia a las relaciones entre Rusia y Holanda, y por otro referencias a la historia del edificio Amstelhof, el antiguo palacio donde se encuentra el museo. De vez en cuando organizan también exposiciones temporales.

Otros dos museos que por lo general se suelen visitar juntos (más que nada porque a los que les interesa el tema siempre se les antoja visitar los dos) son por un lado el museo histórico judío, que se encuentra en el entorno de cuatro sinagogas que quedaron casi intactas después de la Segunda Guerra Mundial y que para mi gusto se puede saltar perfectamente porque no me parece una visita imprescindible; teniendo además casi al lado de casa la sinagoga del Tránsito, en Toledo, que también incluye una exposición sobre los judíos y su historia, me quedo con ella sin dudarlo. Y por otro lado tenemos la casa de Ana Frank, el sitio en el que Ana estuvo escondida con su familia y donde escribió su famoso diario; aquí es casi obligatorio comprar las entradas con antelación, porque hay tantos visitantes que si vas a la aventura es bastante probable que te quedes sin poder entrar.

Nieuwe Kerk junto al palacio real
Hay unos cuantos museos más, pero sólo los cito de pasada por si a alguien le interesan, que a nosotros ya no nos dio la agenda más de sí como para poder visitarlos; algunos son el museo de la Resistencia Holandesa, el museo NEMO de la Ciencia, u otros tan curiosos como el museo del Queso o el museo del Sexo.

En cuanto a edificios religiosos, en la ciudad hay unos cuantos que podemos ver (sin ir más lejos las cuatro sinagogas en las que mencioné que se aloja el museo histórico judío), pero las iglesias más típicamente visitadas son cuatro. Una de ellas es Nieuwe Kerk (iglesia nueva), en pleno centro. Data del siglo XV y es uno de los edificios más importantes de Ámsterdam; en ella se han celebrado las bodas de los reyes holandeses y también sus ceremonias de coronación.

En contraposición tenemos la Oude Kerk (iglesia vieja), que con su fecha de construcción en 1302 tiene el honor de ser el edificio más antiguo de toda la ciudad. En sus primeros tiempos era una simple capilla de madera, que se fue ampliando hasta llegar a alcanzar la forma de enorme basílica gótica que tiene hoy día. Esta iglesia es bastante sencilla, pero no hay que perder de vista sus espectaculares vidrieras, y también el artesonado de su techo, en el que todavía podemos ver pinturas originales del siglo XV.

Oude Kekr
Por su parte, Wester Kerk (iglesia del oeste) es renacentista, también muy sencilla, pero con una torre de casi 100 metros de alto, desde la cual ni que decir tiene que las vistas sobre la ciudad son increíbles. Como en el caso de la visita a la casa de Ana Frank, para subir a la torre es mejor hacer la reserva con antelación, o bien apuntarse a la entrada de la propia iglesia, porque los grupos que se forman son de muy pocas personas y si vas a la aventura te puedes eternizar esperando para subir.

Y por último, Zuider Kerk (iglesia del sur) data del siglo XVII y fue la primera que se construyó para los fieles de creencias protestantes. Como curiosidad, la casa en la que vivió Rembrandt se encuentra muy cerca de esta iglesia, y tres de los hijos del pintor están enterrados en su cementerio. En la actualidad no se utiliza como iglesia pero se puede visitar igualmente, ya que el edificio se ha rehabilitado y lo usan como centro municipal de información y suele albergar además diversas exposiciones temporales.

Aunque por supuesto hay muchas más cosas que ver en lo referente a museos e iglesias, estos son los lugares que nosotros tuvimos tiempo de visitar. Pero si os apetece explorar y la agenda os lo permite, tenéis para entreteneros un buen rato.

6 comentarios:

  1. A nosotros nos encanta visitar las iglesias y los museos a las ciudades que vamos, creemos que, en especial los museos, muestran parte de la historia de esa ciudad y de todo lo importante que hay en ella. Las iglesias, según el lugar que sea, pueden resultar todas iguales en su interior. Muy buen recorrido por Ámsterdam. Besos.

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    1. La verdad es que sí, sobre todo si están bien organizados, pueden ser perfectos para aprender un pedacito de historia de los lugares a los que se va. Las iglesias, según de qué estilo sean, sí es cierto que en el interior puede que no las encontremos tan diferentes.

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  2. Me ha encantado hacer recorrido por Amsterdam a traves de tus letras, me has recordado muchas cosas de las que vi. El museo de Ana Frank me dio bastante tristeza, aunque lo vi mas emotivo que cultural :(. Un besito wapa.

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    1. Sí, hay algunas cosas que te dejan un nudo en la garganta cuando las ves...

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  3. Que buen repaso a los museos de Amsterdam :-)

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    1. Y eso que me faltaron unos cuantos... Pero así hay excusa para volver.

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