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21 de febrero de 2018

Cuadernos germánicos (XVI): crucero por el Rin

Esto de viajar está muy bien, pero hay veces en las que te pegas tantas palizas pateando y viendo cosas que te apetece tomarte algún que otro rato de relax. Esto es lo que decidimos hacer uno de los días que pasamos en Alemania; tenemos nuestro campamento base en Maguncia y desde allí nos hemos ido moviendo cada día a un sitio, y unos días antes hemos descubierto que muy cerca de nuestra casa está uno de los puntos en los que hacen parada los barcos que organizan cruceros que recorren el Rin.

Hay varias empresas, y nosotros elegimos Köln-Düsseldorfer simplemente porque además de a los cruceros turísticos también se dedica al transporte regular de viajeros, con lo cual los horarios que tiene son bastante más amplios. Y como durante el trayecto regular puedes bajar y subir del barco todas las veces que quieras, nos parece mejor opción ir a nuestro aire que con un crucero ya organizado. El trayecto completo que ellos realizan es el que separa las ciudades de Colonia y Maguncia, pasando por Coblenza (algo más de 200 kilómetros); nosotros ya hemos estado en Colonia y tenemos pensado visitar las otras dos y alguna más que hay a lo largo del recorrido, así que decidimos hacer el trayecto que hay entre Maguncia y Sankt Goarshausen; son algo menos de 70 kilómetros, pero como el barco va parando en los pueblecitos que hay por el camino y además el viaje de vuelta se hace a contracorriente, entre unas cosas y otras echamos todo el día en hacer este pequeño viaje (en líneas generales, el trayecto de ida se suele hacer en unas 3 horas y el de vuelta en algo más de 5).

Nuestro barco tiene dos pisos, el inferior con una cafetería y mesitas, todo muy cuco, y la cubierta con una zona acristalada y otra al aire libre. Este día hace sol, poca cosa para nuestros estándares españoles, así que fuera se está bien; y decidimos quedarnos en la zona descubierta para ir viéndolo todo mejor al mismo tiempo que, por megafonía, nos van explicando la ruta en alemán, inglés y japonés. Cuando nos subimos a bordo en Maguncia somos todavía poquísimos pasajeros, pero en Wiesbaden, muy conocida principalmente por sus balnearios y su casino, ya se empieza a subir un montón de gente. Aquí se nos une un matrimonio alemán con el que pegamos la hebra enseguida, y es que cuando nos oyen hablar español nos cuentan que han estado en España varias veces y que les encanta nuestro país; y hasta nos regalan unas chocolatinas típicas riquísimas, rellenas de yogur de fresa.

Rüdesheim
Un poco más adelante hacemos una parada en Rüdesheim, famosa sobre todo por su vino de Riesling, que por lo visto es buenísimo. Aprovecho para indicar aquí que algunos de los pueblecitos en los que para el barco están en la orilla contraria del río; en ese caso no hay ningún problema si quieres bajarte en cualquiera de ellos, ya que en cada parada hay además unos pequeños barquitos, tipo ferry, que te cruzan al otro lado. Muy cerca, precisamente en la orilla contraria, se encuentra Bingen, en la confluencia de los ríos Nahe y Rin; gracias a esta posición estratégica, siempre fue codiciada por guerreros y mercaderes desde que los romanos la fundaron en el siglo XI a.C. Desde el barco se puede ver su famosa Mäuseturm (torre del ratón), donde según una leyenda unos ratones se comieron vivo al arzobispo de Maguncia Hatto II, como castigo a su dominio opresivo. Sin embargo, parece que la realidad es que el nombre se debe a una mutación de Mauttutm (torre de peaje), que era la función de este edificio durante la Edad Media.

Castillo de Rheinstein
En el siguiente tramo nos encontramos cuatro pueblitos pequeños que destacan por ser vitícolas; en realidad durante todo el trayecto iremos viendo que estamos rodeados de kilómetros y kilómetros de viñedos, y de vez en cuando aparece algún que otro castillo. Uno de estos cuatro pueblos es Eibingen, famoso por sus vinos y también porque es lugar de peregrinación, ya que allí se encuentran los restos de Santa Hildegarda; los otros tres son Assmanshausen, Niederheimbach y Lorch, todos ellos muy pequeñitos. A continuación, en Bacharach, un pueblo medieval, se conserva una muralla del siglo XIV. Su calle principal, con numerosas mansiones construidas en madera, discurre paralela al Rin. Y muy cerca, prácticamente a las afueras de Bacharach, está Kaub, cuyo monumento más conocido es su castillo Pfalzgrafenstein, situado sobre una roca en mitad del Rin. Este castillo se utilizaba en la antigüedad como prisión y también como aduana para los comerciantes de la zona.

Castillo Pfalzgrafenstein
Sieben Jungfrauen, uno de los siguientes lugares por los que pasamos, es un mirador en la roca, en la localidad de Oberwessel. Cuenta la leyenda que en un castillo de la zona vivieron siete hermanas muy hermosas (siete doncellas, que es el nombre del mirador) pero también muy altivas, que rechazaban a cualquier pretendiente. Hasta que un día fueron convertidas en piedra y lanzadas al Rin. Justo al lado se encuentra Oberwessel, que también tiene una muralla; el resto de pueblos de la zona corona, cada año en abril, a la reina del vino; pero en Oberwessel son más originales y a quien coronan es a la bruja del vino. Y un poco más adelante llegamos a Loreley, el sitio más mencionado en las fábulas que rodean al Rin. Es una enorme roca de pizarra que debe su fama a una doncella que embaucaba con sus cantos a los marineros, llevándolos a una muerte segura en las traicioneras corrientes del río. Cuando el barco llega a este punto, por megafonía suena la canción de Loreley y todos los pasajeros se arrancan a cantarla a voz en grito.

Loreley
A estas alturas ya estamos a punto de llegar al final de nuestro camino, y la siguiente parada la hacemos en Sankt Goar; este pueblecito tiene un castillo, construido en el siglo XIII, que actualmente está en ruinas pero que en su día fue la fortaleza más imponente del Rin. Pero aunque está medio derruido, aún hoy se pueden explorar sus galerías y túneles subterráneos. El trayecto continúa, aunque nosotros ponemos punto y aparte a nuestra ruta, ya que nos bajamos en la siguiente parada: Sankt Goarshausen. Esta pequeña ciudad, de menos de 2.000 habitantes, tiene dos castillos. Uno de ellos es el Peterseck, construido por el arzobispo deTréveris para contrarrestar las prácticas recaudatorias del peaje impuesto por el conde Dieter; en respuesta, el conde mandó construir un castillo mucho más grande al que llamó Burg Katz (castillo del gato). Y para poner de manifiesto la desigualdad entre el conde y el arzobispo, el castillo Peterseck pasó a llamarse Burg Maus (castillo del ratón).

Aunque hemos salido de Maguncia bastante temprano, entre las paradas del barco y subir y bajar para ver cosas se ha pasado toda la mañana, así que como es la hora de comer decidimos hacerlo en Sankt Goarshausen. Después nos damos una vuelta por el pueblo y acabamos cogiendo el último barco que pasa de nuevo por Maguncia; ciertamente hemos tenido un día de lo más relajado, porque aunque hemos visto cosas, nos lo hemos tomado con muchísima calma y no hemos ido corriendo a ningún sitio ni con hora porque hubiéramos sacado entradas para acceder a algún monumento, ni nada parecido. Además, aunque no nos suele importar que llueva y ya nos habían advertido que en Alemania puede llover en cualquier momento aunque sea pleno verano, al final no ha hecho falta usar ni paraguas ni impermeable porque el sol nos ha acompañado durante todo el trayecto. Así que, con la misma calma con la que hemos hecho la ida, procedemos a hacer la vuelta. Llegamos de nuevo a Maguncia cuando ya está atardeciendo, y después de una cena ligera nos vamos a dormir, que al día siguiente volvemos a tener un programa bastante apretado.

12 de febrero de 2018

Cuadernos germánicos (XV): catedral de Colonia

La catedral de Colonia (Kölner Dom en alemán) es el principal reclamo turístico de la ciudad: recibe nada menos que unos 6 millones de visitantes cada año. Y por supuesto nosotros le hacemos un hueco en nuestra agenda el día que vamos a Colonia; dejamos el coche en un aparcamiento público que localizamos en la zona sur de la ciudad, y desde allí vamos caminando. Ya hemos atisbado las torres de la catedral al llegar, cuando hemos cruzado el puente Hohenzollern sobre el Rin, y sólo con eso no puedo evitar emocionarme. Con las ganas que tengo, desde hace años, de conocer por fin esta catedral, casi no me puedo creer que este vaya a ser el día.

Desde el aparcamiento echamos a andar en dirección al centro, como indican las señales. Es un paseo de lo más agradable y al tiempo que callejeamos vamos viendo todo tipo de edificios, parando a hacer fotos, incluso desviándonos porque hay una calle en obras... Llega un punto en el que tomamos Hohestrasse, que resulta ser la zona más comercial de Colonia. Y al final de esta calle desembocamos en una plaza en la que ya sí, por fin, nos topamos con la catedral en toda su magnificencia. Es increíble lo pequeño que te sientes cuando estás frente a ella...


El antecedente de la actual catedral es una iglesia anterior, consagrada a finales del siglo IX y a la que tres siglos después se llevaron las reliquias de los Reyes Magos; a partir de ese momento, Colonia se convirtió en centro de peregrinaje y, con el tiempo, se vio la necesidad de construir una catedral propia para la ciudad. Las obras comenzaron en 1248 y la catedral se consagró en 1322, aunque los trabajos se pararon por falta de financiación y no fue hasta 1842 cuando se reanudaron; y finalmente en 1880 se colocó la última piedra. Durante la Segunda Guerra Mundial salió casi ilesa de los bombardeos, excepto sus vidrieras que tuvieron que ser reconstruidas; y en 1996 fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Hasta la construcción de la torre Eiffel de París, era el edificio más alto del mundo con sus 157 metros; y hoy en día es el más alto de la ciudad, ya que está expresamente prohibido que se construya nada que lo supere en altura. Como curiosidad, si por un casual llegas a Colonia en tren, la catedral será lo primero que veas de la ciudad, ya que la estación central de trenes está justo a su lado.

Merece la pena darse una vuelta para verla primero por fuera. Al rodearla vamos parando en sus portadas, que están abiertas en las fachadas norte, sur y oeste. En la fachada norte destacan sus puertas de bronce, realizadas a mediados del siglo XX; en la fachada sur hay varias esculturas románicas; y por último, en la fachada oeste, existen tres portadas en las que figuran las esculturas de los principales santos de la catedral, así como las de los tres Reyes Magos y la de la Virgen María. Pero aunque el exterior es simplemente espectacular y no nos cansamos de admirarlo, no debemos limitarnos a observar la catedral únicamente por fuera; por supuesto tenemos que verla también por dentro.

Nada más acceder al interior, nos quedamos maravillados por la grandeza del recinto, y no hacemos más que estirar el cuello porque nos parece que no vamos a ser capaces de abarcar toda la altura con los ojos. El acceso es gratuito, aunque si tienes tiempo y te apetece, para sacarle el máximo partido a la visita puedes hacer cualquiera de los recorridos guiados que se ofrecen, tanto en alemán como en inglés; si no, siempre puedes comprar un folleto explicativo de los que hay en un expositor a la entrada, que sí está disponible en varios idiomas incluido el español. Si finalmente decides recorrer la catedral por tu cuenta, como hacemos nosotros, este folleto resulta de lo más ilustrativo, ya que incluye una imagen con la planta del edificio y además tiene marcados los elementos más importantes. En nuestro caso, lo que hacemos es ir rodeando todo el interior desde nuestra izquierda, para acabar llegando de nuevo a la entrada; y nos vamos parando cada dos por tres, incluyendo también por supuesto paradas en los lugares que indica el folleto:
  • Vidrieras de la nave septentrional: son cinco, donadas a la catedral entre 1507 y 1509, y muestran diversas escenas de la Virgen María, varios santos y los Reyes Magos.
  • Capilla de la Cruz: en ella destaca el crucifijo de Gero, donado por el arzobispo del mismo nombre y tallado en madera de roble.
  • Girola: tiene una serie de capillas consagradas a diversos personajes, tanto santos como personalidades religiosas, además de a la Virgen María.
  • Relicario de los tres Reyes Magos: es un cofre de oro macizo, plata e incrustaciones de piedras preciosas y marfil; está detrás del altar mayor, data de 1190-1225, y sus imágenes están dedicadas a toda la historia de la salvación, desde el Antiguo Testamento hasta el apocalipsis. En su interior se guardan los cráneos de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Después de recorrer el interior, decidimos que nada mejor que subir los 509 peldaños de la torre Sur para ver la ciudad desde otro punto de vista. La entrada a la torre está en el exterior, en uno de los laterales de la catedral, y para subir a ella sí hay que pagar pero desde luego merece la pena. El primer tramo es una escalera de caracol un poco estrecha, así que como siempre lo mejor es intentar subir temprano porque todo el mundo sube y baja por el mismo sitio (aunque tienen preferencia los que suben). Si necesitas una excusa para tomar un respiro, lo tienes más o menos a mitad de camino en la campana de Pedro, la mayor del mundo en funcionamiento; aunque no te olvides taparte los oídos si estás pasando por allí justo cuando suenen las campanadas, porque hasta te retumba el cuerpo.

El último tramo se me hace algo más complicado, ya que entre el cansancio acumulado y que para remate los escalones son metálicos de rejilla, y a través de ellos se ve lo que hay debajo, me entra un poco de agobio. Pero desde luego, ni que decir tiene que cuando contemplo las vistas de toda la ciudad desde lo más alto, en el mirador que hay a unos 100 metros, no puedo más que pensar que sin duda ha merecido la pena hacer ese esfuerzo. Si tenéis ocasión de ir a Colonia, no dejéis de visitar su catedral; o incluso si ya la conocéis, que tampoco está de más repetir visita. Y desde luego, yo añadiría que si por la razón que sea sólo disponéis de unas horas y no os queda más remedio que elegir sólo uno o dos lugares para visitar, que uno de los que elijáis sea la catedral. No os arrepentiréis.

5 de febrero de 2018

Cuadernos germánicos (XIV): Dokumentationszentrum Reichsparteitagsgelände

Zeppelinfield
Ya cité un poco de pasada este sitio, cuyo nombre en español se traduciría como "centro de documentación de la sede de las concentraciones del partido nazi", cuando escribí sobre nuestro paso por Nuremberg; en realidad fue este lugar el primer sitio que visitamos en la ciudad nada más llegar a ella, pero la visita es tan densa que creo que sin duda se merece una entrada individual dedicada tanto al centro de documentación como a toda la zona en la que éste se encuentra, que no es otra que la que está compuesta por las tribunas de piedra y las enormes avenidas (la principal es Zeppelinstrasse) en las que los nazis llevaban a cabo sus reuniones y sus multitudinarios desfiles.

A principios de los años 30, Hitler pensó en construir un espacio exclusivo para las actividades de su partido; fue así como nació este gigantesco complejo, que en realidad nunca terminó de construirse. Estaba previsto que albergara un espacio para desfiles, una sala de congresos que superaría en tamaño al coliseo romano, tribunas para los desfiles y los mítines (esto sí se conserva), un recinto de instrucción militar y un estadio, que no pasó de las primeras excavaciones. Sin embargo, y a pesar de que la mayor parte de las construcciones resultaron destruidas durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, lo que hoy día podemos ver nos sirve para hacernos una idea bastante aproximada de lo grandioso que Hitler pretendía que llegara a ser este lugar.

Mapa general
Y para comprender el contexto histórico de las instalaciones, nada mejor que visitar su Dokumentationszentrum, en cuyo interior se alberga la exposición titulada Fascinación y terror, que muestra el ascenso del partido nazi y analiza la figura de Hitler, la realidad de las concentraciones del partido y los juicios de Nuremberg; y que uno no debería perderse si está interesado en todo lo referente a la Segunda Guerra Mundial en Alemania. El Reichsparteitagsgelände se encuentra a las afueras de Nuremberg, a unos 4 kilómetros del centro; para llegar aquí se puede hacer en tranvía desde la estación de trenes, o bien como hicimos nosotros, en coche, ya que en toda la zona hay sitio de sobra donde poder aparcar sin problemas, y en nuestro caso nos venía mejor así porque llegamos directos desde Reims y paramos aquí antes de acercarnos al centro de la ciudad.

Si nos queremos empapar bien de todos los detalles, necesitaremos cómo mínimo un par de horas (nosotros estuvimos 3 horas largas). Hay un total de veinte salas, cada una de ellas dedicada a un momento concreto de la historia de Hitler y del partido nazi, y en todas podremos ver fotografías, objetos, paneles informativos, pantallas de televisión en las que se proyectan entrevistas, películas, maquetas, etc. La distribución es la siguiente:

Maqueta del centro
  • Sala E: Introducción. Es una sala pequeña en la que se encuentra una maqueta del palacio de congresos y, dentro de él, dónde está situado el centro de documentación. La audioguía (que está en español, entre otros idiomas) te hace un breve recorrido sobre lo que vas a poder ver en el centro, y también te da las instrucciones oportunas para manejarla (aunque, como todas las audioguías, es bastante intuitiva). 
  • Sala 1: El nacimiento del NSDAP (Partido Nacional Socialista Obrero Alemán).
  • Sala 2: La toma del poder.
  • Sala 3: Los comienzos de la dictadura.
  • Sala 4: El führer y la Comunidad Nacional.
  • Sala 5: El mito del führer.
  • Sala 6: La ciudad de las concentraciones nazis.
  • Sala 7: La construcción de los terrenos para el partido nazi.
  • Sala 8: Trabajos forzados en Nuremberg.
  • Sala 9: Las concentraciones del partido: análisis de un ritual.
  • Sala 10: Organización de las concentraciones del partido.
  • Sala 11: Las concentraciones del partido: una experiencia inolvidable.
  • Sala 12: Las reacciones en el extranjero. En esta sala hay una selección de noticias publicadas en la prensa internacional, entre ellas la española.
  • Sala 13: Las concentraciones del partido, filmadas para el cine. La sala está prácticamente dedicada a la figura de la directora de cine Leni Riefenstahl, conocida por ser simpatizante de Hitler y por haber rodado, entre otras películas, la famosa El triunfo de la voluntad, que es el máximo exponente de la propaganda nazi.
  • Sala 14: Racismo y antisemitismo.
  • Sala 15: La trayectoria hacia la guerra.
  • Sala 16: La guera de aniquilación contra la URSS.
  • Sala 17: La resistencia alemana.
  • Sala 18: Los juicios de Nuremberg.
  • Sala 19: Los terrenos del partido nazi después de 1945.

Interior del recinto
Cuando entramos en el centro de documentación no pensé que sería tan grande; pero al ver en el plano que nos dieron en la entrada que había tantas salas, me imaginé que tardaríamos en verlo un poco más de lo previsto, como así fue. La verdad es que me pareció un sitio muy interesante, pero acabé un poco saturada porque no estoy demasiado puesta en detalles sobre la Segunda Guerra Mundial y tuve que procesar muchísima información en poco tiempo. Así que creo que no estaría de más poder visitarlo de nuevo. Como documentalista que soy de profesión, he tenido oportunidad de visitar centros de documentación de lo más variopinto, pero nunca había estado en ninguno de las características de este; y además debe de suponer todo un reto crear desde cero un centro de documentación, y más en este caso en el que el tema que trata es bastante peliagudo. Lo que me pareció interesante es que, aunque en Alemania en general, por lo que hemos visto, a la mayoría de la gente no le gusta demasiado hablar sobre Hitler y los nazis, no les importa recordar lo que pasó y deciden utilizarlo para algo; sucede aquí con este centro de documentación, o con el museo de la paz que han construido en lo que queda del puente de Remagen, o con los campos de concentración que aún quedan en pie y que nos recuerdan toda esta época.

¿Hay que recordar la historia para no repetirla, o por el contrario la historia se repite de manera cíclica, hagamos lo que hagamos? Esta fue mi reflexión después de haber visitado este lugar tan diferente.

7 de junio de 2010

Cuadernos germánicos (XII): Maguncia

Con todo el dolor de mi corazón, el día que según nuestra agenda nos toca visitar Maguncia es también el día que se termina nuestro viaje por Alemania... Ya nos habíamos dado un pequeño rulo por la ciudad el día anterior, después de recoger a Mapi en el aeropuerto, pero cuando salimos era de noche y vimos pocas cosas, porque de todas formas teníamos previsto alargar la visita el jueves desde por la mañana hasta la hora de comer, en que volveríamos a España (haciendo noche en Francia).

Como de costumbre, dejamos el coche en un parking y recorremos la ciudad andando; además todo el Altstadt (centro histórico) es peatonal, así que las posibilidades de moverse por allí en coche son más bien pocas. Hay una curiosidad, y es que las placas con el nombre de las calles están pintadas en dos colores: unas son de fondo rojo y otras de fondo azul. Nunca recuerdo cuál es el color que indica cada cosa, pero por lo visto se pintaron así para que, durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados supieran si la calle en la que estaban era paralela o perpendicular al río. Precisamente junto al río es donde aparcamos, muy cerca del muelle desde el que salen los barcos que hacen las excursiones por el Rin.
Mainzer Dom
Una de las cosas imprescindibles para ver en Maguncia es, por supuesto, su famosa Dom (catedral): es uno de los templos más imponentes de Alemania, y está construida en piedra arenisca roja, con multitud de detalles, y coronada por una torre octogonal. Tuvo su bautismo de fuego, nunca mejor dicho, en 1009, cuando se incendió por completo el mismo día de su consagración, y posteriormente se incendiaría unas cuantas veces más. Lo que hoy vemos es una muestra del arte románico del siglo XII, y la entrada al edificio es gratuita; si lo que queremos visitar el museo diocesano, que se encuentra justo al lado, sí deberemos pagar.
Heiliggeist Kirche
Más que nada como curiosidad, pasamos por la Heiliggeist Kirche (iglesia del Espíritu Santo). Actualmente no se utiliza como iglesia sino que fue remodelada y se ha convertido en un bar de copas, con su terracita y todo. Además de la catedral, una de las cosas que me apetecía visitar en Maguncia era sin duda el Gutenberg Museum (museo Gutenberg). Precisamente en esta ciudad fue donde nació, allá por el año 1398, Johanes Gutenberg, el supuesto inventor de la imprenta. Esto de si fue realmente él quien inventó la imprenta daría para muchas horas de conversación, porque según los expertos no está tan claro que fuera Gutenberg, que por lo visto era un poco espabilado y se copió del invento de otros... En cualquier caso y mientras los estudiosos no se aclaren, oficialmente fue él el artífice del invento, y fue gracias a él y a la asignatura "Historia del libro" por lo que Maguncia me sonaba y era una de las ciudades que quería visitar.

Gutenberg Museum
El museo Gutenberg es bastante grande, y ocupa varias plantas de un edificio, con numerosas salas que muestran la historia de la imprenta desde sus inicios hasta la impresión como la conocemos en la actualidad. Hay prensas históricas, máquinas tipográficas antiguas, salas dedicadas a la imprenta en otros países, así como manuscritos y obras de arte impresas. La estrella del museo es la famosa Biblia de las 42 líneas, que es la obra cumbre de Gutenberg. Yo ya la había visto en otra exposición que hubo en Madrid hace un montón de años, y aquí la vemos a duras penas porque está en una sala especial, y no para de entrar y salir gente todo el tiempo, y de amontonarse junto a las vitrinas. También se pueden ver demostraciones de cómo funcionaba la imprenta en la antigüedad. Como nosotros vamos por libre no tenemos guía que nos lo explique, pero pillamos a un grupo de turistas noruegos y, como la teoría ya me la conozco, mientras la guía lo explica en noruego yo se lo voy explicando a Juan. Por cierto, descubro que algunas palabras en noruego se entienden y todo, jaja.

La visita al museo la puedes hacer todo lo larga que quieras; nosotros estamos allí dentro unas dos horas, pero es que no puedo dejar de curiosearlo todo... La pena es que dentro no se pueden hacer fotos, ni con flash ni sin él, así que la única foto que tengo es de la entrada al museo. Si además de ver el museo quieres probar por ti mismo la tecnología de Gutenberg, puedes acceder a la Druckladen (imprenta), que allí te plantan una bata y te dejan una prensa para que hagas tus pinitos. Eso sí, esto hay que hacerlo previa cita, así que lo de plantarse allí a la aventura no puede ser. A la salida del museo tenemos la tienda, en la que casi me vuelvo loca porque hay tantas cosas que no sé qué comprar: imprentas en miniatura, imanes para el frigorífico, postales, láminas, cuadernos, material de papelería... Al final me decido por una reproducción de una página de la Biblia de las 42 líneas, concretamente la que habla del apocalipsis. Toma ya.

Marktplatz
Al salir del museo nos damos una vueltecilla por el casco antiguo, y entre otras cosas vemos la Marktplatz (que no puede faltar en toda ciudad alemana que se precie; es como nuestra plaza Mayor) y la fuente del Carnaval, además de callejear un poco y quedarnos alucinados al ver en el escaparate de una tienda un HK G36; supongo que es de pega, aunque lo mismo resulta que en Alemania las armas están así de fácilmente al alcance de cualquiera...

Después del paseo, decidimos buscar un sitio donde comer para, a continuación, poner rumbo a Francia. Esto de visitar una ciudad con alguien que la conoce está muy bien, porque Mapi nos lleva a un sitio que no puedo dejar de recomendar. El lugar en cuestión es la cervecería Eisgrub, que está muy cerca del centro histórico, concretamente en Weissliliengasse 1. Aprovechando que nuestra última noche en Alemania la pasamos con ella, habíamos ido a cenar a este sitio el día anterior y hoy también comemos allí.

En Eisgrub sirven toda clase de comida típica alemana, pero su especialidad o platos estrella son dos, así que uno lo probamos para cenar y el otro al día siguiente para comer:

* Salchicha: pero no una salchicha cualquiera, no. En este sitio la especialidad es la salchicha de medio metro, y además acompañada de col y patata asada.
* Codillo: he probado el codillo varias veces, pero en ningún sitio tan rico como aquí. Siempre había comido el codillo digamos normal, sin más floritura que el repollo y las patatas. Pero en este sitio, además, te lo ponen con una capa crujiente por fuera que está de muerte. Por cierto, con una sola ración de codillo comemos los tres. Además de que comemos bien, el sitio no resulta nada caro. ya que tanto la cena como la comida (incluyendo también las ensaladas y las bebidas) nos sale a unos 10 euros por persona las dos veces que hemos ido.

Aprovecho también para hacer algunas aclaraciones que nunca está de más tenerlas en cuenta: en Alemania, si para beber pides agua, te la suelen poner con gas porque es bastante típico. Así que si no lo especificas, te la servirán con gas. Si la quieres sin gas, deberás pedir "ohne Gas Wasser, bitte" (el "gracias" y el "por favor" para todo, que desde luego da gusto lo correctos que son los alemanes).

Lo que más barato suele salir es siempre la cerveza, a ser posible en jarras de medio litro en adelante; no sé por qué pero tengo la sensación de que si pides una jarra más pequeña te mirarán raro. El agua no es tan cara, pero si pides alguna otra cosa como cocacola, fanta o cualquier otro refresco, prepárate para un buen rejonazo.

Cuando quieras pedir la cuenta, bastará con que le digas al camarero "Bezahlen" (pagar, así en infinitivo). Normalmente te preguntará: "Zusammen?" (¿juntos?). Siempre tienen la costumbre de preguntar si cada uno pagará lo suyo o si por el contrario lo pagarás todo junto. En cualquier caso, prácticamente todo el mundo en Alemania, salvo raras excepciones, suele defenderse bastante bien en inglés.

Y con esto y un bizcocho, se termina nuestro viaje por tierras germánicas... Después de comer empezamos nuestro viaje de vuelta, en el que tenemos previsto parar a dormir una noche en Orleans y la siguiente en Oiartzun (los hoteles en San Sebastián, que es nuestra última parada, estaban imposibles de fechas y de precios).

10 de mayo de 2010

Cuadernos germánicos (XI): Frankfurt

Este es nuestro último día completo en Alemania, ya que al día siguiente volvemos a España. Decidimos visitar Frankfurt este día porque Mapi llega esa misma tarde y vamos a ir a recogerla, así que nuestra última escala será precisamente en el aeropuerto de la ciudad. Esta vez el trayecto no es muy largo: sólo 43 kilómetros separan Maguncia y Frankfurt; comparado con los casi 300 a Nüremberg o los más de 200 a Kassel o Rothenburg, esto no es nada...

Commerce Bank
Como de costumbre, buscamos un aparcamiento cerca del centro para olvidarnos del coche durante todo el día. Esto de tener GPS es una maravilla, que él solito te busca aparcamientos y lo que haga falta. Dejamos el coche muy cerca del distrito financiero, donde están todos los rascacielos y edificios de empresas (esta zona es conocida como Mainhattan). Uno de los más destacados es el edificio del Commerce Bank, aunque no menos famoso es el del Banco Central Europeo, "escoltado" por un símbolo gigante de euro. También está por allí el edificio de Mercedes Benz, y un poco más lejos Messeturm, más conocida como "el lápiz" por su forma.

Pero sin duda, de todos estos rascacielos, el edificio estrella es la Main Tower, a la que se puede subir y desde la que se pueden contemplar unas vistas estupendas de toda la ciudad. Me recordó un poco (aunque no es tan alta y además tiene terraza al aire libre) a la CN Tower de Toronto. Como habíamos madrugado, cuando llegamos a la Main Tower todavía no estaba abierta (el horario es de 10 a 21), así que decidimos darnos un garbeo por los alrededores y volver un poco más tarde.

Alte Oper
El primer sitio que visitamos es la Alte Oper (antigua ópera), que se inauguró en 1880, en un edificio renacentista que fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el edificio se salvó del derribo total gracias a una votación popular, que (menos mal) evitó que se construyeran en su lugar unos bloques propios de la década de los 60. El exterior es bastante fiel al original, aunque el interior es moderno. Custodian la fachada las estatuas de Goethe y Mozart; para variar, nos encontramos unos andamios muy majos que quedaban genial en las fotos. Menos mal que estos eran discretos y no se notaban demasiado...

Desde allí nos vamos andando (la caminata es bastante larga, porque cruzamos media ciudad) al Palmengarten (jardín de palmeras), un enorme jardín botánico que se encuentra junto a la universidad, y al que mucha gente acude para pasear o relajarse. Tiene rosaledas y jardines, un parque infantil, un estanque con botes de remos y un tren en miniatura que recorre todo el recinto. Permanece abierto prácticamente todo el día (de hecho, no hay cartel de horario en sus puertas), y la entrada cuesta 5 euros. Ofrece, además, exposiciones temporales sobre temas relacionados con las plantas. Cerca de allí se suponía que estaba la IG-Farbenhaus, que antaño era utilizada como laboratorio en el que los nazis fabricaban el zyklon-B, que era el gas utilizado en los campos de concentración; en la actualidad, el IG-Farbenhaus forma parte de la universidad de Frankfurt. Nos quedamos con la curiosidad de ver este edificio, porque no sabeamos exactamente la pinta que tiene (la guía no lo aclaraba demasiado) y la verdad es que nos da un poco de palo preguntar por la calle. No sé cómo podría tomarse la gente que preguntáramos por un antiguo edificio nazi...

Después del paseo, volvemos de nuevo hacia el centro y de camino paramos en la puerta de la biblioteca de la universidad, más que nada por descansar un poco (sobre todo yo) y enchufarnos un bocata y algo de beber. Es increíble el sol que nos ha hecho durante todo el viaje por Alemania... Vemos de pasada el edificio de la Börse (bolsa), abierta al público interesado en ver su funcionamiento, que se hace desde una tribuna. Es conveniente reservar con al menos una hora de antelación, ya que hay bastante afluencia de gente interesada. El horario de la Bolsa es de 10 a 18 de lunes a viernes, y la entrada es gratuita.

Römerberg
Desde aquí llegamos a una plaza en la que está Katharinenkirche (iglesia de Santa Catalina), la iglesia evangélica más grande de la ciudad, y otro de los edificios alemanes que fueron destruidos por los bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. Aquí nos ponemos a mirar el mapa para ver dónde pilla el casco antiguo, y un señor muy amable nos pregunta si nos puede ayudar. Le decimos lo que estamos buscando y en dos minutos nos hace un recorrido virtual por el casco histórico. Y, como en alguna otra ocasión, cuando nos pregunta de dónde somos y le decimos que de España, se despide diciendo "adiós, amigos". Nos dirigimos hacia Römerberg, la antigua plaza Mayor de Frankfurt, cuyos edificios restaurados dan fe de su primitiva belleza. En uno de sus lados está el antiguo ayuntamiento o Römer, formado por tres casas en cuyo interior se celebraban las elecciones y coronaciones de los emperadores del Sacro Imperio Romano. Hoy día, estas casas albergan el registro civil y el despacho del alcalde. Podemos visitar el Kaisersaal (salón imperial), cuyo horario es de 10 a 13 y de 14 a 17, y cuya entrada vale 2 euros. En el centro de la plaza se encuentra la Gerechtigkeitsbrunnen (fuente de la justicia), de la cual se dice que manó vino en el año 1612, durante la coronación de Matías. Junto a esta plaza encontramos una librería en la que le compramos a Mapi, como agradecimiento por habernos prestado su casa, un libro y una película ("La catedral del mar" y "La vida es bella", eso sí, en alemán).

En la parte trasera de la plaza está la Dom (catedral), dominada por su elegante torre gótica, que data del siglo XV y tiene casi 100 metros de altura. Curiosamente, la catedral fue uno de los pocos edificios que resistió los bombardeos aliados de 1944. El acceso a ella es gratuito y el horario de apertura es de 9 a 12 de lunes a jueves, y de 14'30 a 18 viernes, sábados y domingos. En el exterior podemos visitar las excavaciones romanas y carolingias, aunque tendremos que andar atentos porque son tan pequeñas (yo me esperaba otra cosa) que igual pasas justo al lado y ni te enteras. Si además de la catedral queremos visitar el Dommuseum (museo catedralicio), deberemos abonar 2 euros; el horario del museo es de 10 a 17 de martes a viernes, y de 11 a 17 sábados y domingos.

Vistas desde la Main Tower
Ahora que hemos visto el casco histórico, volvemos de nuevo al distrito financiero para visitar la Main Tower. Para subir a ella hay que pasar primero por taquilla y pagar 4,50 euros por persona. Y a continuación nos harán pasar a nosotros por un arco detector y a nuestras cosas por un escáner. Cuando llegamos allí, los dos nos damos cuenta de que cada uno lleva su navaja suiza dentro de la mochila, y con la cara de malas pulgas que tiene la segurata vemos claro que no nos va a dejar pasar ni de coña: revisa de cabo a rabo absolutamente todos los bolsillos de las mochilas. Pero, para nuestra sorpresa, después de tanto rollo no nos dice nada y nos deja pasar. Al final mereció la pena tanto tocamiento de narices por parte de la segurata, porque desde luego es una pasada ver todo Frankfurt desde esas alturas.

Orilla de los Museos
Se acerca la hora de comer, así que nos metemos por el centro y entramos en el primer sitio que vemos. Encontramos un restaurante con terracita al aire libre y con bastante buena pinta, de estos que son tipo buffet y te puedes servir lo que tú quieras. Justo en la mesa de al lado hay dos rusos que, por lo que están hablando, uno de ellos es recién llegado a la ciudad y el otro debe de llevar más tiempo y le está dando algunos consejillos. Nos reímos bastante porque, aunque imagino que ninguno de los dos lo sospecha, cazo al vuelo absolutamente todos los tacos que dicen, que por cierto son unos cuantos. Qué mal hablados...

Después de comer vamos a recoger el coche para cruzar el río y ver, aunque sólo sea de pasada, la zona conocida como Museumsufer (orilla de los museos), debido a la cantidad de museos que alberga. Entre ellos podemos encontrar la Goethe Haus (casa de Goethe), el Städelsches Kunstinstitut (instituto de arte Städel), el Museum für Kommunikation (museo de la comunicación), el Deutsches Architekturmuseum (museo alemán de arquitectura), el Deutsches Filmmuseum (museo alemán del cine), el Ikonen-Museum (museo de iconos), el Museum für Angewandte Kunst / Museum für Kunsthandwerk (museo de artes aplicadas / museo de artesanía), el Museum der Weltkulturen (museo de las culturas del mundo), el Liebieghaus Museum Alter Plastik (museo de escultura antigua), el Haus Giersch Museum Regionaler Kunst (museo de arte regional Haus Giersch), el Museum für Moderne Kunst (museo de arte moderno), el Historisches Museum (museo histórico), el Jüdisches Museum (museo judío), o el museo interactivo Explora. Como vemos, hay museos para todos los gustos; sólo Berlín supera a Frankfurt en número de ellos.

Nuestra visita a Frankfurt toca a su fin; a las 5 hay que estar en el aeropuerto para recoger a Mapi.

21 de abril de 2010

Cuadernos germánicos (X): Wiesbaden

Después de nuestra visita a Rothenburg ob der Tauber por la mañana, nos dirigimos a Wiesbaden. El recorrido hasta allí es de 215 kilómetros, así que llegamos a media tarde. La ciudad no es excesivamente grande, al menos lo que está en el centro, por lo que se puede recorrer andando perfectamente.
Iglesia ortodoxa rusa
Como el único sitio de interés que queremos visitar está en las afueras, concretamente en el monte Neroberg, empezamos por él para luego dirigirnos hacia el centro y ver todo lo demás. Este lugar es una iglesia ortodoxa rusa, a la cual se puede llegar en coche o en un teleférico que te deja en las cercanías.

La iglesia fue erigida entre 1847 y 1855 para albergar los restos mortales de Isabel Mijailovna, esposa del duque Adolfo de Nassau, y para su construcción se tomó como modelo la iglesia de la Ascensión de Moscú (doy fe de que es prácticamente igual a ella). Se suponía, o al menos eso hemos leído en nuestra guía, que un guardián con barba, enorme (tipo monje ortodoxo), estaría en la puerta y se arrancaría a cantar para recibir a los visitantes, pero nos quedamos con las ganas porque allí no hay nadie más que el párroco, y el pobre no tiene pinta de ponerse a cantar...

En el monte Neroberg, además de la iglesia, hay también un monumento a los caídos en las dos guerras mundiales, un complejo de ocio con piscina, una cafetería y uno de los viñedos más antiguos de la zona, que está abierto a los visitantes. La zona verde que da a la piscina y se prolonga hasta la ciudad es un lugar muy frecuentado por los lugareños para tomar el sol (cuando hace sol, claro).
Marktkirche
Una vez que vemos esto, nos dirigimos hacia el centro para, como de costumbre, soltar el coche y recorrernos todo andando. Al final aparcamos en el centro centro, en la Marktplatz, y al salir de allí lo primero que vemos es la espectacular Marktkirche (iglesia del Mercado), que está dedicada al culto protestante y fue construida entre 1852 y 1862, con ladrillos rojos muy llamativos que proceden del Ducado de Nassau. Tiene tres torres neogóticas, una de las cuales es el edificio más alto de la ciudad, con casi 100 metros. Fue la primera construcción realizada exclusivamente con ladrillos procedentes del Ducado de Nassau, que tienen un llamativo color rojo. Frente a ella se encuentra un monumento dedicado a Guillermo de Oranien, y en su interior se suelen llevar a cabo conciertos de órgano y de campanas.
Altes Rathaus
Alrededor de la Marktplatz se encuentran el resto de sitios que se pueden visitar en Wiesbaden. Junto a la Marktkirche están la Marktbrunnen (fuente del mercado), el Altes Rathaus (ayuntamiento antiguo) y el Neues Rathaus (ayuntamiento nuevo), que se construyó entre 1884 y 1887, y cuya fachada renacentista fue destruida, como muchas otras cosas, por los bombardeos de 1945. En el empedrado del suelo junto al edificio se pueden ver el águila del Reich y el león de Nassau. Dentro del ayuntamiento se exponen diversas obras de arte, dedicadas principalmente a Wiesbaden y a sus ciudades hermanadas.
Parlamento
Enfrente del ayuntamiento antiguo, en la misma plaza, tenemos el Stadtschloss (castillo de la ciudad), que fue mandado construir por el duque Guillermo von Nassau hacia 1840. Es un edificio sencillo, de estilo clasicista, y durante el tiempo de los prusianos era el sitio favorito del rey prusiano y del emperador alemán. Desde 1946, este edificio es la sede del Hessischer Landtag (parlamento del estado federado de Hesse). El primer sábado de cada mes se puede acceder a él mediante visita guiada.

Uno de los últimos sitios por los que pasamos es la Kaiser-Friedrich-Therme (terma del emperador Federico), que para muchos es la mejor atracción de Wiesbaden. El edificio existe desde 1913, aunque estuvo sometido a varias obras de restauración y no volvió a abrirse al público hasta 1999. En él se ofrecen diversos tratamientos y hay que reservar porque si no es casi imposible poder entrar; como curiosidad, el martes es el día reservado sólo a las mujeres.
Jardines del casino

Alejándonos del centro, llegamos hasta el Kurhaus Wiesbaden, un edificio clásico restaurado, que data de 1907 y que se ha convertido en el teatro principal de la ciudad, así como en centro de convenciones y casino. Si se quiere visitar, es obligatorio llevar americana y corbata. Ni que decir tiene que nosotros ni nos molestamos en entrar. Eso sí, como el edificio está lleno de andamios (esos que nos persiguieron durante todo el viaje), al menos podemos hacer unas fotos en los jardines, que me sorprenden por lo bien cuidados que están.

Después de haber paseado por todo el centro de la ciudad y haber visto el casino y tiendas de Cartier, Rolex, etc., todas con cosas carísimas, me choca un montón encontrarme con un Games Workshop; no me pega nada una tienda tan friki en esta ciudad tan pija; claro que a lo mejor es por eso por lo que la tienen un poco escondida...

Por lo que podemos ver, esta ciudad está pensada para gente con dinero, más que para turistas. Y por supuesto, como casi todas las ciudades alemanas, para los aficionados al vino y a las Weinfesten (fiestas del vino, a las que los alemanes son realmente aficionados). Si sois unos viciosos de las compras, Wiesbaden será el paraíso para vosotros. Eso sí, ya podéis ir preparando las tarjetas de crédito... Nosotros nos preparamos para visitar Frankfurt al día siguiente.

19 de marzo de 2010

Cuadernos germánicos (IX): Rothenburg ob der Tauber

Son 215 kilómetros los que separan Maguncia y Rothenburg, así que de nuevo nos pegamos un buen madrugón para llegar allí temprano. Según todas las guías turísticas, como Rothenburg ob der Tauber (hay otro Rothenburg) tiene fama de ser una de las ciudades más bonitas de Alemania, suele estar bastante concurrida (es una de las principales paradas de la ruta romántica), así que decidimos llegar lo más temprano posible para no encontrar demasiada aglomeración ni de gente ni de coches.

Toda la ciudad es de calles peatonales y empedradas, y por supuesto está prohibida la entrada a los coches y autocares; por lo tanto, lo más práctico es dejar el coche en cualquiera de los aparcamientos que hay fuera de la muralla de la ciudad. Algunos de estos aparcamientos son gratuitos, y por eso es recomendable madrugar, ya que así será mucho más fácil encontrar sitio.

Marktplatz
Después de dejar el coche en un aparcamiento que está justo al lado de una de las puertas de la muralla, vamos caminando hacia el centro. La primera parada que decidimos hacer es en Marktplatz; en toda ciudad alemana que se precie no puede faltar la plaza del mercado, que siempre está situada en pleno centro y que se llena de puestecillos el día estipulado para que los vendedores expongan allí su mercancía.

En esta plaza, además del mercado, nos encontraremos dos de los edificios más conocidos de la ciudad: por un lado el Rathaus (ayuntamiento), que se comenzó a construir durante el siglo XVI y se terminó en el Renacimiento. Está compuesto por dos edificios que se unen por un patio interior, en cuyo portal se puede observar el antiguo sistema de medición de Rothenburg, que se publicaba en la Marktplat.
Vistas desde la torre del ayuntamiento
Dentro del edificio podemos subir a la Rathausturm (torre del ayuntamiento), a la que se accede desde la puerta principal. Cuando nosotros llegamos allí no encontramos taquilla ni nada que se le parezca, así que vamos siguiendo las indicaciones para subir hasta la torre. En los primeros tramos las escaleras son de piedra, muy anchas y bastante cómodas de subir, pero al poco rato aquello empieza a estar cada vez más oscuro, y las escaleras de madera y un poco más inestables. Cuando ya empezamos a mosquearnos un poco porque aquello parece una broma de cámara oculta, llegamos a un habitáculo estrechísimo en el que hay un señor que te cobra la entrada. Menudo curro, tener que subir y bajar de allí todos los días para cobrarle un euro a cada persona que quiera subir...

El caso es que desde la torre hay unas vistas estupendas de toda la ciudad y del valle del Tauber, pero sólo lo sé porque lo he visto en las fotos. El último tramo de escaleras está muy mal, es tan estrecho y yo estoy ya agobiada, y encima según vamos subiendo, Juan, que con su altura se las ve y se las desea para entrar por la escalera final, me arrea una patada en toda la cara (espero que sin querer) y lo único que veo son las estrellas, así que me doy la vuelta y lo espero abajo sin llegar a asomarme a la puñetera torre. En fin, después me cuenta que casi se ha quedado encajado en el último tramo y que luego arriba hay un montón de gente y aquello es un agobio.

Taberna de los concejales
El segundo edificio destacable en la Marktplatz es Ratstrinkstube (taberna de los concejales); en su fachada, a las horas en punto, se abren dos ventanas con figuras que reproducen la leyenda del Meistertrunk (trago magistral). Esta leyenda se remonta al año 1631, cuando las tropas católicas ocuparon la ciudad (que era protestante). El general católico Tilly amenazó a la población con saquearla y llevar a cabo acciones violentas contra ella, a no ser que algún concejal consiguiera beber de un solo trago un cántaro de casi un litro de vino. Según esta leyenda, el antiguo alcalde Nusch consiguió superar el reto y salvar así a la ciudad.

Al lado de Marktplatz se encuentra Georgsbrünnen (fuente de San Jorge). Es la más grande de la ciudad, con 8 metros de profundidad y una capacidad de 100.000 litros. Sus adornos proceden del Renacimiento tardío.

Si seguimos caminando por el casco antiguo llegamos a Jakobskirche (iglesia de Santiago), de estilo gótico, y el mayor lugar de peregrinaje de la ciudad. Su principal atracción es el Heilig Blut Altar (altar de la sangre divina), que tiene un cristal de roca que se supone que alberga en su interior una gota de la sangre de Jesucristo. La iglesia se puede visitar todos los días, y si accedemos durante los oficios podremos hacerlo de manera gratuita.

Nuestra siguiente parada es Burgtor (puerta del castillo), situada en uno de los tramos de la muralla y que es, como su nombre indica, una de las puertas que daban acceso a la ciudad, por un lado a su centro histórico y por el otro a los jardines del castillo. En uno de sus lados hay una máscara, a través de cuya boca se tiraba brea caliente a los malhechores que se acercaban. Seguro que se les quitaban las ganas...

Vistas desde los jardines del castillo
Al atravesar la puerta, nos encontramos con los Burggarten (jardines del castillo), cuyo nombre es un poco equívoco, ya que los castillos del siglo XIX no tenían jardín. Desde estos jardines hay unas vistas preciosas de las afueras de la ciudad y del valle del Tauber (igual que desde la torre del ayuntamiento). Además de los jardines, fuentes y un mini jardín botánico, aquí se encuentra también la Blasiuskapelle (capilla de San Blas), que se construyó como alojamiento para los invitados del rey, y que en la actualidad sirve como monumento conmemorativo a los caídos en las dos guerras mundiales.

Muy cerca de la puerta del castillo, por la que se accede a estos jardines, hay un señor muy animado tocando el violín. En el rato que estamos paseando por allí, intenta pegar la hebra con todo el que pasa; en un montón de idiomas diferentes, te pregunta qué música te gusta para hacerte la demostración de que pidas lo que pidas es capaz de tocarlo.

Museo medieval del crimen
Después del paseo, volvemos a cruzar la puerta y tomamos la primera calle a la derecha, que es la que nos lleva al Mittelalterliches Kriminalmuseum (museo medieval del crimen). El museo está alojado en el edificio que ocupaba la antigua encomienda de la orden de San Juan, y muestra en sus instalaciones unos 1000 años de la historia legislativa de Europa. Tiene una superficie de 2.000 m2, distribuidos en cuatro pisos, y en él podemos ver todo tipo de instrumentos de tortura, documentos y sellos antiguos, cinturones de castidad, maquetas, herramientas utilizadas por los verdugos, etc. Hay incluso un famoso instrumento de tortura conocido como dama de hierro, que da bastante repelús.

Volviendo hacia el centro de nuevo, llegamos hasta Markusturm (torre de San Marcos), que fue construida hacia el año 1200, cuando se levantó la primera muralla de la ciudad. Por último, vamos otra vez hacia Marktplatz y paramos en una de las muchas tiendas en las que venden el dulce típico de Rothenburg, las Schneeballen (bolas de nieve). Son unas bolas de masa dulce rebozadas en canela o azúcar; estas dos son las más típicas, pero también las podéis encontrar rebozadas en chocolate, limón, coco, vainilla, y un montón de cosas más. Las hay de tamaño mini o de tamaño familiar, y también venden latas con varias bolas. Yo no las había probado en la vida, ni sabía de su existencia, y me quedo con ganas de llevarme unos cuantos kilos. Tengo que investigar a ver si encuentro la receta por ahí, que tienen pinta de ser fáciles de hacer.

Después de comernos un par de Schneeballen (cada una de ellas de tamaño familiar) en las escaleras del ayuntamiento, nos dirigimos de nuevo hacia la muralla y recogemos el coche. Por la tarde tenemos pensado visitar Wiesbaden y el trayecto hasta allí es de 215 kilómetros, así que aún nos toca un pequeño paseo...

10 de marzo de 2010

Cuadernos germánicos (VIII): Rüdesheim

Después de la visita a Coblenza y al monasterio de El nombre de la rosa, nos dirigimos hacia Rüdesheim, una ciudad pequeñita (con unos 10.000 habitantes) que se encuentra a orillas del Rin, en su margen derecha si miramos desde Maguncia en dirección a Coblenza. Desde allí está a unos 65 kilómetros, así que en menos de una horita hemos llegado.

Drosselgasse
Tras dejar el coche en uno de los aparcamientos que hay al aire libre (que por cierto, no nos enteramos bien de lo de las horas y le echamos al parquímetro más pasta de la que tocaba; en fin...), decidimos empezar el recorrido por Drosselgasse, la calle más famosa de Rüdesheim. Se trata de un callejón tan pequeño que casi parece un túnel, con letreros por todas partes y multitud de bares llenos de gente y con la música a toda pastilla. Hace muchos años que no voy a Benidorm, pero esta zona me lo recordó, porque como no hablo alemán no tengo ni idea de lo que decían las canciones que se podían escuchar en los baretos, pero por los soniquetes me pareció que en cualquier momento se pondrían a sonar "La barbacoa", "El chiringuito" o similares.

En la parte superior de Drosselgasse tenemos Oberstrasse, otra de las calles principales de la ciudad. Esta calle también está llena de sitios donde comer y beber, y además en ella encontraremos toda clase de tiendas de recuerdos; parece la invasión de los relojes de cuco... Eso sí, si estás interesado en comprar alguno tendrás que espabilar, porque incluso en verano hay tiendas que a las 6 de la tarde ya están echando el cierre.
Subida a Niederwald Denkmal
Para ver todo mucho mejor desde las alturas, decidimos subir a Niederwald Denkmal, un monte situado junto a los viñedos. Podemos subir por los caminos que se encuentran entre las viñas (todos ellos están marcados), o bien coger el teleférico hasta la cima. Nosotros cogemos el teleférico; una vez arriba, en el chiringuito donde se coge el funicular para volver a bajar, hay una pantalla en la que puedes ver la foto que te han hecho mientras subías. Nosotros no la compramos porque la verdad es que nos parece demasiado cara y además no sé si es que estábamos contemplando el paisaje o qué, pero se nos ve a los dos mirando pa Cuenca y casi ni se nos reconoce, así que pasamos.

Germania
Al llegar arriba del todo, podemos dar un voltio por el parquecillo que hay, con bosque incluido, desde el que se tienen unas vistas estupendas de toda la ciudad y del Rin. También allí nos encontraremos con Germania, un monumento enorme (mide 38 metros de altura) que conmemora la creación del Reich alemán en 1871. La figura central del monumento es precisamente Germania, como representación del pueblo alemán. En su mano derecha sostiene una corona, y en la izquierda una espada. La inscripción que se encuentra en el pedestal del monumento dice lo siguiente: "ZUM ANDENKEN AN DIE EINMUETHIGE SIEGREICHE ERHEBUNG DES DEUTSCHEN VOLKES UND AN DIE WIEDERAUFRICHTUNG DES DEUTSCHEN REICHES 1870-1871."; es decir, "En memoria de la victoria del pueblo alemán y de la restitución del imperio germánico 1870-1871". Parece ser que algunos interpretan esto como un mensaje contra los invasores franceses.

Después de estar un rato por allí, cogemos de nuevo el teleférico para volver a bajar al centro, y una vez ahí paramos otra vez en Drosselgasse para sentarnos en una de las Biergarten a tomarnos un refrigerio; es que parece mentira el calor que pasamos en este viaje. Para que luego digan que en Alemania no hace sol, que el día del crucero por el Rin volvimos con la cara como dos mapaches...

Y con esto y un bizcocho, termina nuestra visita a Rüdesheim. La cosa ha sido breve, pero es que tampoco da mucho más de sí. Volvemos hacia casa (estamos casi al lado, a unos 34 kilómetros) y nos acostamos pronto, que al día siguiente toca madrugar para ir hasta Rothenburg ob der Tauber; según nos han dicho, es una de las ciudades más bonitas de toda Alemania...

1 de marzo de 2010

Cuadernos germánicos (VII): Coblenza

Columna de la historia
Uno de los días de este viaje nos lo tomamos totalmente de relax y dedicamos la jornada completa a realizar uno de los típicos paseos en barco por el Rin, en nuestro caso el trayecto que separa las ciudades de Maguncia y Sankt Goarshausen.

Nos separan sólo 102 kilómetros de Coblenza, así que al día siguiente salimos de Maguncia por la mañana temprano pero con tranquilidad. Llegamos allí sobre las 9 y buscamos un sitio donde dejar el coche. Esta vez aparcamos casi en pleno centro, porque el casco antiguo y casi todos los sitios de interés de la ciudad están bastante cerca unos de otros (excepto alguna cosa puntual que se encuentra a las afueras).

Echamos a andar desde un aparcamiento muy céntrico, concretamente el que está en la misma plaza en la que se encuentra la Historiensäule (columna de la historia), que es una fuente con una escultura que representa 2.000 años de la historia de Coblenza en diez escenas, situadas unas sobre otras. Junto a ella hay una pared con las oportunas explicaciones sobre cada una.

Cuatro torres
Vamos caminando en dirección al centro y pasamos por la puerta del Rathaus (ayuntamiento). Un poco más adelante llegamos a Vier Türme (cuatro torres), que se encuentra en la intersección de las dos calles más céntricas de Coblenza: Löhrstrasse (la calle más comercial) y Altengraben. Se llama "cuatro torres" porque los cuatro edificios que confluyen en este cruce de calles, que datan del siglo XVII, tienen una fachada con multitud de detalles y un mirador grabado y pintado.

Florinskirche
Un poco más adelante nos encontramos con Liebfrauenkirche (iglesia de Nuestra Señora), una iglesia muy curiosa por su mezcla de estilos: su origen es románico, su coro gótico y sus cúpulas barrocas. Lo más llamativo es su bóveda pintada, y está abierta todos los días; la entrada es gratuita. Cerca de ella se encuentra Florinskirche (iglesia de San Florin).

Nos dirigimos hacia la confluencia de los ríos Rin y Mosela y pasamos por el Mittelrhein-Museum (museo del Rin medio), que ofrece diversas muestras de la historia de la región, destacando su colección de cuadros paisajistas del Rin romántico del siglo XIX. En la fachada del museo, justo debajo del reloj, está la figura del Augenroller, que gira los ojos (de ahí su nombre) y saca la lengua en las horas en punto y en las medias. No nos da tiempo a verlo en acción, así que decidimos seguir viendo cosillas y volver un poco más tarde.

Deutsches Eck
Por último, al llegar al punto en el que confluyen los dos ríos, vemos Deutsches Eck (esquina alemana), que es un mirador construido sobre un banco de arena. Su nombre proviene de Deutscher Ritterorden (orden de los caballeros teutones, que tuvo aquí el espacio donde construyó su casa). A las espaldas de Deutsches Eck, dominando el lugar, se encuentra la estatua del káiser Guillermo I. Es una estatua enorme, como era habitual en el estilo de finales del siglo XIX, y la original fue destruida durante la Segunda Guerra Mundial. El pedestal estuvo vacío un tiempo, durante el cual sirvió de monumento a la unidad alemana hasta que se produjo la unificación real en 1990.

Basilika St Kastor
Volvemos sobre nuestros pasos, hacia el centro de nuevo, y llegamos a la Basilika St Kastor (basílica de San Castor), que data del siglo XII aunque sus orígenes más antiguos se remontan a los tiempos de los romanos. En la antigüedad, la basílica fue el principal centro cultural y religioso de la ciudad; actualmente atrae a muchos visitantes por los tesoros que alberga en su interior, especialmente lápidas y pinturas que datan desde la Edad Media hasta el siglo XVIII. La entrada es gratuita.

Junto a St Kastor se encuentra Deutscheherrenhaus (hogar de los caballeros teutones), que antiguamente llegaba hasta lo que hoy es el Deutsches Eck. En su día perteneció a los caballeros teutones y actualmente alberga el Ludwig Museum, que muestra colecciones de arte francés y alemán posterior a 1945.

Augenroller
Regresamos al coche y esta vez sí, nos da tiempo a ver al Augenroller en acción, aunque en la foto lo pillamos justo cuando acaba de meter la lengua. Habrá que volver algún día a ver si hay suerte, que se está haciendo demasiado de rogar...

Para terminar la visita, decidimos acercarnos hasta Festung Ehrenbreitstein (fortaleza Ehrenbreitstein), que está situada en la margen derecha del Rin, justo encima del Deutsches Eck, y es una de las fortalezas más grandes del siglo XIX. Ya no queda en pie nada del castillo original de la Edad Media, ya que fue destruido por las tropas francesas en 1801, pero aún se pueden ver sus restos.

Kloster Eberbach
Por la tarde tenemos previsto visitar Rüdesheim, pero de camino hacia allí decidimos parar en un pequeño pueblo, situado a unos 20 kilómetros de esta localidad, llamado Eltville; nos hemos enterado, de pura casualidad, de que allí hay un antiguo monasterio cisterciense.

El hecho de la existencia de un monasterio cisterciense no nos habría llamado la atención a priori; pero en este caso sí, porque descubrimos que es precisamente en él donde se rodaron algunas de las escenas de la película El nombre de la rosa. Empleamos un buen rato en visitar el exterior, con unos jardines cuidadísimos y en mitad de un bosque, y después decidimos ver el interior. Es aquí donde descubrimos algunos lugares que nos resultan familiares por la película; entre ellos, la iglesia y el scriptorium. Para los interesados, los folletos informativos están en español, entre otros idiomas.

Después de está interesante visita, nos dirigimos hacia Rüdesheim.

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