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12 de febrero de 2018

Cuadernos germánicos (XV): catedral de Colonia

La catedral de Colonia (Kölner Dom en alemán) es el principal reclamo turístico de la ciudad: recibe nada menos que unos 6 millones de visitantes cada año. Y por supuesto nosotros le hacemos un hueco en nuestra agenda el día que vamos a Colonia; dejamos el coche en un aparcamiento público que localizamos en la zona sur de la ciudad, y desde allí vamos caminando. Ya hemos atisbado las torres de la catedral al llegar, cuando hemos cruzado el puente Hohenzollern sobre el Rin, y sólo con eso no puedo evitar emocionarme. Con las ganas que tengo, desde hace años, de conocer por fin esta catedral, casi no me puedo creer que este vaya a ser el día.

Desde el aparcamiento echamos a andar en dirección al centro, como indican las señales. Es un paseo de lo más agradable y al tiempo que callejeamos vamos viendo todo tipo de edificios, parando a hacer fotos, incluso desviándonos porque hay una calle en obras... Llega un punto en el que tomamos Hohestrasse, que resulta ser la zona más comercial de Colonia. Y al final de esta calle desembocamos en una plaza en la que ya sí, por fin, nos topamos con la catedral en toda su magnificencia. Es increíble lo pequeño que te sientes cuando estás frente a ella...


El antecedente de la actual catedral es una iglesia anterior, consagrada a finales del siglo IX y a la que tres siglos después se llevaron las reliquias de los Reyes Magos; a partir de ese momento, Colonia se convirtió en centro de peregrinaje y, con el tiempo, se vio la necesidad de construir una catedral propia para la ciudad. Las obras comenzaron en 1248 y la catedral se consagró en 1322, aunque los trabajos se pararon por falta de financiación y no fue hasta 1842 cuando se reanudaron; y finalmente en 1880 se colocó la última piedra. Durante la Segunda Guerra Mundial salió casi ilesa de los bombardeos, excepto sus vidrieras que tuvieron que ser reconstruidas; y en 1996 fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Hasta la construcción de la torre Eiffel de París, era el edificio más alto del mundo con sus 157 metros; y hoy en día es el más alto de la ciudad, ya que está expresamente prohibido que se construya nada que lo supere en altura. Como curiosidad, si por un casual llegas a Colonia en tren, la catedral será lo primero que veas de la ciudad, ya que la estación central de trenes está justo a su lado.

Merece la pena darse una vuelta para verla primero por fuera. Al rodearla vamos parando en sus portadas, que están abiertas en las fachadas norte, sur y oeste. En la fachada norte destacan sus puertas de bronce, realizadas a mediados del siglo XX; en la fachada sur hay varias esculturas románicas; y por último, en la fachada oeste, existen tres portadas en las que figuran las esculturas de los principales santos de la catedral, así como las de los tres Reyes Magos y la de la Virgen María. Pero aunque el exterior es simplemente espectacular y no nos cansamos de admirarlo, no debemos limitarnos a observar la catedral únicamente por fuera; por supuesto tenemos que verla también por dentro.

Nada más acceder al interior, nos quedamos maravillados por la grandeza del recinto, y no hacemos más que estirar el cuello porque nos parece que no vamos a ser capaces de abarcar toda la altura con los ojos. El acceso es gratuito, aunque si tienes tiempo y te apetece, para sacarle el máximo partido a la visita puedes hacer cualquiera de los recorridos guiados que se ofrecen, tanto en alemán como en inglés; si no, siempre puedes comprar un folleto explicativo de los que hay en un expositor a la entrada, que sí está disponible en varios idiomas incluido el español. Si finalmente decides recorrer la catedral por tu cuenta, como hacemos nosotros, este folleto resulta de lo más ilustrativo, ya que incluye una imagen con la planta del edificio y además tiene marcados los elementos más importantes. En nuestro caso, lo que hacemos es ir rodeando todo el interior desde nuestra izquierda, para acabar llegando de nuevo a la entrada; y nos vamos parando cada dos por tres, incluyendo también por supuesto paradas en los lugares que indica el folleto:
  • Vidrieras de la nave septentrional: son cinco, donadas a la catedral entre 1507 y 1509, y muestran diversas escenas de la Virgen María, varios santos y los Reyes Magos.
  • Capilla de la Cruz: en ella destaca el crucifijo de Gero, donado por el arzobispo del mismo nombre y tallado en madera de roble.
  • Girola: tiene una serie de capillas consagradas a diversos personajes, tanto santos como personalidades religiosas, además de a la Virgen María.
  • Relicario de los tres Reyes Magos: es un cofre de oro macizo, plata e incrustaciones de piedras preciosas y marfil; está detrás del altar mayor, data de 1190-1225, y sus imágenes están dedicadas a toda la historia de la salvación, desde el Antiguo Testamento hasta el apocalipsis. En su interior se guardan los cráneos de Melchor, Gaspar y Baltasar.
Después de recorrer el interior, decidimos que nada mejor que subir los 509 peldaños de la torre Sur para ver la ciudad desde otro punto de vista. La entrada a la torre está en el exterior, en uno de los laterales de la catedral, y para subir a ella sí hay que pagar pero desde luego merece la pena. El primer tramo es una escalera de caracol un poco estrecha, así que como siempre lo mejor es intentar subir temprano porque todo el mundo sube y baja por el mismo sitio (aunque tienen preferencia los que suben). Si necesitas una excusa para tomar un respiro, lo tienes más o menos a mitad de camino en la campana de Pedro, la mayor del mundo en funcionamiento; aunque no te olvides taparte los oídos si estás pasando por allí justo cuando suenen las campanadas, porque hasta te retumba el cuerpo.

El último tramo se me hace algo más complicado, ya que entre el cansancio acumulado y que para remate los escalones son metálicos de rejilla, y a través de ellos se ve lo que hay debajo, me entra un poco de agobio. Pero desde luego, ni que decir tiene que cuando contemplo las vistas de toda la ciudad desde lo más alto, en el mirador que hay a unos 100 metros, no puedo más que pensar que sin duda ha merecido la pena hacer ese esfuerzo. Si tenéis ocasión de ir a Colonia, no dejéis de visitar su catedral; o incluso si ya la conocéis, que tampoco está de más repetir visita. Y desde luego, yo añadiría que si por la razón que sea sólo disponéis de unas horas y no os queda más remedio que elegir sólo uno o dos lugares para visitar, que uno de los que elijáis sea la catedral. No os arrepentiréis.

14 de febrero de 2010

Cuadernos germánicos (V): Colonia

Colonia nos pilla algo más cerca de Maguncia que otras ciudades que hemos visto, así que madrugamos pero no tanto como días anteriores. Estamos a unos 179 kilómetros, con lo cual el trayecto es de algo menos de dos horas. Llegamos a Colonia sobre las 9 de la mañana, y lo primero que hacemos, como siempre, es buscar un sitio donde soltar el coche y dedicarnos a patear. Encontramos un aparcamiento cubierto con bastante buena pinta, después de cruzar el puente desde el que se ve la catedral al fondo; hay que hacerle una foto desde ahí, se ve preciosa.

Una vez que dejamos el coche vamos andando, plano en mano, hasta que llegamos a Hohestrasse; esta debe de ser la calle más comercial de Colonia, porque es peatonal y tiene un montón de tiendas de ropa, de zapatos, de discos, e incluso una tienda de Lego en la que hasta venden las piezas a granel.

Catedral de ColoniaJusto al final de Hohestrasse, llegamos a una plaza en la que directamente nos encontramos con esa espectacular catedral, la Kölner Dom. Es imposible sacarla entera en las fotos, a no ser que te vayas muy lejos. Tiene unos cuantos andamios (de nuevo los andamios que nos persiguen) y está un poco sucia, supongo que por la humedad y la contaminación, y no sé si influirá lo de que esté justo al lado de la estación...

La entrada a la catedral es gratuita, y sólo hay que pagar 1 euro si quieres coger uno de los folletos que hay junto a la puerta; están en diferentes idiomas, incluido el español. Damos una vuelta por la catedral y vemos las maravillosas vidrieras, las capillas, los mosaicos del suelo, el sepulcro de los Reyes Magos... Pero lo que realmente nos interesa es la subida a la Südturm (torre Sur), desde la que nos han dicho que hay unas vistas espectaculares de toda la ciudad.

Vistas desde la torre Sur
Como están de obras, para subir a la torre Sur hay que salir a la calle y rodear la catedral hacia su izquierda; allí hay unas indicaciones que nos hacen bajar unas pequeñas escaleras, y al final nos encontramos unas taquillas donde poder dejar las mochilas, y el mostrador para sacar las entradas. Una vez que subimos hasta la máxima altura permitida, casi 100 metros y nada menos que 509 escalones (el último tramo me cuesta un poco y llego con la lengua fuera y tembleque de piernas), me quedo un buen rato impresionada y con la boca abierta. Realmente, las vistas son espectaculares.

Luego toca bajar, y en la tienda de la torre aprovechamos para echar un ojo a las cosillas que tienen, que si no hay veces que lo de comprar regalitos lo dejas para el último momento y es un estrés. El señor que nos atiende nos habla en inglés, y en cuanto se da cuenta de que somos españoles, se dirige a nosotros en un español impecable. Qué envidia, no me importaría hablar alemán así...

Después de asomarnos a la estación de trenes, rodear la catedral andando y echar un ojillo por la plaza, paramos para enchufarnos un bocata en las escaleras que hay junto a la réplica de los rosetones que rematan las torres. Es una escultura a tamaño natural, y mide nada menos que 9'40 metros. Impresionante... Luego echamos un ojo a la oficina de turismo, que también tiene tienda de recuerdos, y a varias tiendas más que hay por allí cerca. Se nota que Colonia recibe muchísimos turistas habitualmente, porque hay tiendas así por todas partes.

El-De Haus
Seguimos andando y nos acercamos a El-De Haus, una antigua cárcel de la Gestapo en la que se ha habilitado un centro de documentación sobre el Tercer Reich. Dentro de los muros de este edificio se interrogó, torturó y asesinó a un gran número de personas, y la verdad es que pone los pelos de punta ir andando por allí y ver, entre otras cosas, las inscripciones que escribían los prisioneros en las paredes del sótano. Al contrario que en el centro de documentación que visitamos en Nuremberg, que trataba sobre la misma etapa histórica pero era algo más "descafeinado", aquí hay un momento en el que me entra un poco de mal rollo paseando entre las celdas, los bunkers y los aseos de la antigua prisión. En las dos plantas superiores encontramos todo tipo de muestras de la Alemania nazi (propaganda, fotografías, páginas de periódicos, etc.).

Museo Municipal
Enfrente de El-De Haus se encuentra el Kölnisches Stadtmuseum (Museo Municipal de Colonia), que ofrece un recorrido por la historia de la ciudad. Alberga exposiciones sobre el Carnaval (no sabíamos que los alemanes fueran tan aficionados a esto del Carnaval, pero por lo visto celebran unos fiestorros que paqué), la Kölsch (cerveza típica de Colonia que, igual que la ahumada típica de Bamberg, tampoco probamos...), el agua de Colonia y otros elementos característicos de la ciudad. El edificio llama mucho la atención porque tiene en el tejado un coche con alas.

Iglesia de San Martín
Caminamos un poco más, y nos acercamos al Altes Rathaus (ayuntamiento antiguo), que se encuentra muy cerca de la catedral, en el casco antiguo. Sólo pudimos verlo por fuera, ya que justo se estaba celebrando una boda y nos pilló toda la comitiva nupcial en la puerta. Un poco más adelante, nos encontramos la Gross St Martin (iglesia de San Martín), que es la más famosa de las iglesias románicas de Colonia por tener el exterior más bello y destaca por sus cuatro torreones que se agrupan alrededor de una torre central.

Cervecería del valeroso soldado Schwejk
En la misma plaza donde está la iglesia de San Martín, nos encontramos una cervecería con la que simplemente nos topamos, ya que no aparecía en ninguna guía (supongo que es difícil mencionar en cualquier guía todas las cervecerías típicas que hay en Alemania; la lista sería interminable). Esta cervecería en concreto, con un cartel en la puerta en el que se observa a un soldado con una jarra en la mano, me recordó a la novela Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, de Jaroslav Hašek, porque el soldado que aparece en el cartel es el mismo que aparece en la novela, al menos en la edición que yo tengo.

Interior de la catedral
Volvemos hacia Hohestrasse para ir al aparcamiento en el que hemos dejado el coche, y de paso entrar de nuevo en la catedral. Cuando llegamos por la mañana estaba un poco nublado, así que las fotos de las vidrieras no han quedado muy allá, por lo que decidimos repetir la operación, ahora que el día se ha despejado y ha salido el sol. Hacemos una parada técnica en la tienda de Lego para comprarle un par de cosillas a Stefan, que es forofo, y al salir de la ciudad nos quedamos un poco chafados porque no hay manera de parar en el mismo puente por el que habíamos llegado, para hacer una foto desde allí a la catedral. Otra vez será...

Como son las 3 y algo de la tarde y hemos visto en el mapa que para volver a Maguncia nos pilla de paso una pequeña ciudad que se llama Remagen, decidimos parar allí para visitar el Friedensmuseum Brücke von Remagen (Museo de la Paz Puente de Remagen).

Para aparcar en Remagen
Remagen es un sitio bastante pequeño y lo único que visitamos allí es el museo. Increíblemente, en un sitio tan pequeño hay una oficina de turismo, y nos dirigimos allí para preguntar si hay alguna cosa más para ver, y de paso para que nos expliquen cómo funciona lo del aparcamiento, porque hay zona azul pero no encontramos ninguna maquinita en la que echar monedas. La chica que nos atiende nos cuenta que no hay máquinas ni monedas, sino unos cartones azules con una rueda en la que pones la hora a la que has dejado el coche; a partir de ahí, puedes aparcar dos horas gratis en el mismo sitio. Supongo que, para hacer honor a nuestra fama, habrá más de un español pensando en la manera de no hacer ni caso a que sean dos horas las que te dejan aparcar gratuitamente; cada uno que haga lo que quiera, nosotros colocamos el cartón en el cristal delantero del coche y miramos la hora para estar allí de vuelta dos horas después...


El Museo de la Paz fue construido en lo que queda del antiguo puente Ludendorff, destruido por el avance de las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. Es un museo no muy grande con fotografías, maquetas e incluso carteles de la famosa película El puente de Remagen, basada en estos hechos. El museo cierra a las 6 de la tarde y nosotros llegamos sobre las 5 y media; cuando le pedimos dos entradas a la señora de la taquilla, nos suelta una parrafada de la que no entendemos nada más que sechs (seis); suponemos que nos está diciendo que cierran a las seis, porque se toca el reloj. Como ve que aun así queremos las entradas, nos las da pero cuando nos da las vueltas, nos damos cuenta de que nos ha cobrado la mitad y vuelve a tocarse el reloj y a soltar otra parrafada. Rebaja por llegar a última hora, supongo.

Después de la visita al museo que, inevitablemente, no nos lleva más de media hora, volvemos de nuevo hacia Maguncia. Creo recordar que este es el día que cenamos en La perla, el restaurante que tenemos justo debajo de casa. El dueño es italiano pero habla cualquier idioma que se le ponga por delante, así que esta vez no tenemos problemas para entendernos. Tras una cena bastante abundante y nada cara, nos vamos a dormir. Mañana nos espera un día completo en Heidelberg.

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