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2 de junio de 2018

Señorías y señoríos con calentón

Imagen: YouTube
Me da pena el gremio periodístico patrio... Sí, porque debe de ser bastante penoso ser periodista y periodisto y tener casi la obligación de tener que considerar como "fascinante" , "emocionante" , y hasta "apasionante" el panorama político que estamos viendo últimamente cuando, primero, no se distingue gran cosa del de hace 30 años atrás, que cambiar estéticas y siglas no significa que haya cambios de ningún tipo; segundo, porque la dialéctica de sus señorías y señoríos no se ha distinguido nunca por una oratoria fluida e inteligente y esto del "tú más, no, tú más, no, tú más" y los argumentos de caca, culo, pedo, pis también están muy vistos y son muy cansinos; tercero, porque es todo una payasada y para ver payasos, que es una profesión muy digna y bien reconocida, se debe ir al circo y pagar la entrada.

Sus señorías y señoríos están incurriendo en un nefasto e impropio intrusismo profesional, con lamentable resultado y fracaso total: no tiene gracia. Es decir, cambiar, lo que se dice cambiar, no ha cambiado nada ni hay nada "fascinante" ni "apasionante" ni "emocionante" en ver a quien se erige como representante de los ciudadanos recurriendo a los mismos modos de hace 30 años pero de las maneras más macarras posibles. Cosa que no tiene ningún mérito, porque todos y todas llevamos un macarra dentro y nada más fácil que dejarlo libre y que corretee. El mérito es, precisamente, lo contrario, domar con educación y erudición al macarra interior y reconvertirlo, si acaso, en algo que diga lo mismo pero con inteligencia e ingenio. Pero claro, eso exige un esfuerzo mental para el que no todos y todas sus señorías y señoríos están capacitadas y capacitados. Por tanto, si algo ha cambiado, es que parece que ahora la gente se mete a política como quien se hace socio de un club de fútbol y con la única intención de formar una peña y montar jaleo; lo de menos es el partido y el resultado, se monta jaleo y punto.

Claro que ¡qué se yo de políticas o de fútbol, si hace 30 años yo estaba muy ocupada con mis cosas de ser "preadolescente" (que ni sabía lo que era) y no me preocupaba nada relacionado con la política ni el fútbol salvo como mera observadora/oyente ocasional. Y si usted, como yo, estaba hace años en edad de no poder votar pero sí de escuchar, no encontrará grandes diferencias entre los modos políticos de entonces y los de ahora, salvo que ahora hay muchos más canales de televisión y las llamadas "tertulias políticas gritonas" proliferan de un modo nunca visto. Eso es lo que sí ha cambiado, que las cadenas de televisión han encontrado un nicho de audiencias en esto de los "debates políticos" y parece que la política ha cambiado pero no es cierto. Si usted no había nacido hace 30 años , es lógico y natural que lo encuentre todo novedoso pero ya le digo yo que no. Las pullas que se dedican sus señorías y señoríos estos días son meros berrinches de guardería con un nivel dialéctico y de una pobreza que sonroja. Y me hace pensar que si toda esta gente "nueva", que se nos presenta como representante de los ciudadanos, es producto de la enseñanza escolar y universitaria de este país de estos últimos años, no tengo más remedio que decir que viendo que se accede a ser señoría y señorío con tan pobre bagaje cultural, habiendo casi todos pasado por la universidad, eso demuestra que la educación pública, privada y concertada de este país es una pura mierda. O la gente hacía muchas pellas o papá y mamá eran muy amigos de la dirección del colegio y pasaban de curso por la pura jeta.

Hay quien se presenta como "el cambio", "el progreso" y "las ganas de hacer las cosas de otra manera", tanto de una bancada como de otra... Señoras y señores, dejémonos de tonterías, ni son tan jóvenes ni mucho menos "jóvenes promesas" porque no son "jóvenes" ya que estar rondando o ya metidos en la cuarentena no es ser joven ni sinónimo de "juventud", por mucho que nos guste a todos y todas ser y sentirnos jóvenes hasta los 70 años y más allá, que ahora no te dejan ser viejo ni aunque lo pidas por favor. ¡El nuevo castigo universal es ser joven para siempre! Dios, ¡qué pereza! Y quien está en la veintena o saliendo de ella tampoco ya es tan joven como se cree, pues a esa edad ya está o debería estar lejos de los comportamientos y lenguajes de la adolescencia y, para colmo, repiten como loritos los comportamientos, las actitudes y el argumentario viejuno y ya oído y solo imitado de sus mayores.

¿Dónde está, entonces, la gran novedad?  Pues, básicamente, en la mala educación generalizada y en el acoso como táctica política. Vaya una "novedad". Treinta años atrás también se hacía esto del acoso político pero de forma aún más agresiva y terrible, con bombas debajo de los coches, secuestros y tiro en la nuca incluido; algo que nos parece muy de tiempos remotos, casi del Imperio Romano, pero ni mucho menos, no hace tanto de todo eso. El "cambio" en este país ya se produjo el día que cesaron los tiros en la nuca en plena calle y los secuestros que fueron, por desgracia, casi habituales en el paisaje patrio durante largos años. Ese ha sido el verdadero cambio, el resto es más de lo mismo con diferentes caretos y la elevación de la mala educación al grado de loa y admiración, algo que tampoco es nuevo pues en este país siempre se ha admirado más al que pega tres gritos aunque diga una bobada que a quien se explica sin levantar la voz. Tampoco es novedoso no llevar traje y corbata, pues las mujeres no llevan ese "uniforme" y no dejan por ello de cobrar lo mismo por ser señoría y, por tanto, encuentro justo y necesario que los señoríos nos alegren la vista con nuevas combinaciones de vestuario y peinados que, por supuesto, analizaré con todo detalle y también, como se ha hecho siempre con las féminas, criticaré los mejores y peores estilismos y sus posibles cambios de humor dependiendo del color de las camisas y demás complementos que elijan, tanto sus señorías como sus señoríos. Porque, por lo demás, nada nuevo bajo el techo del Congreso. Hablan con menos gracia y menos dotes para la oratoria, aunque tampoco a las "nuevas promesas" del cine español se les entiende la mitad de lo que dicen, debe de ser lo que se llama "el signo de los tiempos".

Y no, no insista, comprendo que es molesto; ¡qué nos va a decir a Kate Moss y a servidora! Pero con cuarenta años, año más o año menos, ya no se es joven. Una pena pero también una liberación, ser siempre joven debe de ser de lo mas cansado y agotador y por eso lo de la eterna juventud no funciona ni aunque te vistas de adolescente hasta los 70. La ropa será nueva, lo de dentro no. Hay que saber aceptar que no se es joven toda la vida, o de lo contrario se cae en el infantilismo y de eso vemos mucho últimamente. Y viendo el lenguaje usado en el Congreso estos días, más bronco y acosador de lo ya habitual y que hasta los periodistas y periodistos se han visto sorprendidos en su fascinación de ver y oir peleas dialécticas más propias de niñatos y niñatas acosadores de colegio que de personas adultas, ¿qué capacidad tiene quien usa o consiente el abuso y acoso verbal en el Congreso para decirles a los jóvenes que el acoso y la violencia verbal es inaceptable? ¿Si lo hacen otros es inaceptable pero si lo hacen sus señorías y señoríos es algo normal, no pasa nada, es el calentón del momento? Pues no. Y doy un consejo general a sabiendas de que nadie me hará caso, pero hay que intentarlo: si nota que, irremediablemente, le viene "el calentón del momento", dese usted un cabezazo en una pared o en el mismo suelo, sin necesidad de romperse la cabeza pero de forma que lo note. Es mano de santo, ya verá qué rápido se le pasa. Porque el resto de la humanidad no tiene porqué aguantar ni tolerar los "calentones del momento" de nadie. Pero ya sé que es perder el tiempo pedir educación al personal.

Me voy a hacer un bocadillo antes de sacar a pasear al perro, que seguro que será mi mejor aportación a la paz mundial.

25 de abril de 2018

¿El cambio, o el cambiazo?

No paro de oir, a cuenta de todo este show mediático que nos proporcionan los medios de comunicación por las continuas y cansinas campañas electorales de cualquier parte europea y allende los mares que ya dura como un millón de años, eso de "el cambio". No hay candidato, la opción política carece de toda importancia, pero quien sea que no se presente sin el palabro como consigna básica. Pero en qué consiste o consistirá ese cambio es lo que nadie explica; y parece que tampoco nadie está muy interesado en preguntar.

Porque ¿qué cambio? ¡Si son los de siempre con idéntico equipaje pero distintos caretos! ¿Qué cambio? ¿El cambio climático?, ¿el cambio de bando?, ¿el cambio de divisas?

Si echamos un vistazo a quien más habla y enarbola las supuestas banderas de "el cambio", no hay que ser analista político para ver que el cambio es el cambio de careto, porque yo otro cambio no veo por ningún sitio. O como mucho, el "cambio" será que ahora los políticos deben ser estrellas mediáticas más que conductores y gestores de las cosas públicas; y más que de elecciones políticas parece que estemos de insospechado jurado de un premio cinematográfico y debemos valorar no nuevas ideas, que no hay ni se las espera, sino más bien quién da mejor a cámara, o quién logra mayores picos de audiencia en tal o cual programa... Y todo parece indicar que en vez de a elecciones políticas estamos votando al TP de Oro, al premio Fotogramas del año, al Oso de Berlín y al Oscar mundial.

No sé ustedes, pero yo estoy muy aburrida de todo esto. Y cuando la ciudadanía se aburre, le da por pensar maldades. Y si además de aburrirse ya se cabrea, la ciudadanía puede ser el más fiel enemigo de sí misma. Porque cuando alguien está aburrido y cabreado, se la pela todo y lo que le sale de dentro es mandar a tomar por saco a quien sea, porque ya se nota que mucho que nos están tomando el pelo con estos macro shows mediáticos que tan cachondos ponen a los periodistas y que les ayudan a hacer horas de tv y radio sin mucho esfuerzo y sí mucho regocijo personal para sus propias carreras. Y entonces a la ciudadanía, que buscando información se encuentra el Circo del Sol versión politiqueos, acrobacias y brillos sin fin pero un circo al fin y al cabo, le surge lo de "ya de perdidos al río" y putear con sus votos soberanos a esos que nos amargan la existencia. Y ver cómo se matan entre ellos. ¿Nos dan el cambiazo del circo por la política, como en tiempos de los romanos? Pues mientras no se les pase la tontería a algunos, es lo que hay. No olviden comprar palomitas o salir a dar un paseo largo, muy largo, porque como espectáculo deja bastante que desear.

No deja de ser del todo vergonzoso que la política se haya convertido en una pura telenovela y, lo que es peor, patrocinada con dinero público. Pero tampoco nada de eso es nuevo y si cada uno de estos aspirantes a la galería de premios de "político revelación del año", "mejor político de reparto" , "bocachanclas del año", "político inútil pero qué gracia tiene el jodío", "político experto en donde dije digo digo diego", "político me lo llevo calentito y encima me indigno si me pillan" y demás categorías se pagase sus cosas con sus propios ahorros o patrocinadores conocidos, tipo estrellas del deporte, pues bueno, pues vale. Pero es que ni siquiera se libran los que alardean de financiar sus carreras políticas con solo aportaciones de "anónimos" simpatizantes; pues oiga, qué bien relacionado está usted y qué bien instalados en el euro tienen que estar esos simpatizantes para poder costear una campaña electoral nacional. Porque eso cuesta muchos millones, de los cuales una gran parte está presupuestada como gasto público pagado por todos; y respecto a "generosas aportaciones de simpatizantes" pues qué quiere que le diga, que en este país, como en cualquier otro del mundo mundial, nadie da duros a pesetas y si pones dinero en algo es para que te sea devuelto y con intereses. Simpatizantes sí, tontos del culo va a ser que no.

Por otra parte ¿para qué y por qué se siguen haciendo esas macrocampañas electorales de recorrer el país como compañías de teatro itinerantes con su obra, con agravante de reparto gratuito de banderitas y banderolas, gorras y bolígrafos y regalos varios? ¿Cómo es que en el siglo de las tecnologías y la búsqueda de vida en Marte seguimos con ese modelo de campaña del siglo XIX? Pues por algo muy simple que los políticos-actores saben, y que no es otra cosa que ese gusto de las gentes por ver de cerca a quien sale y ve continuamente en la tele. Da igual que sea un político, un cantante, un concursante de Gran Hermano o un perro que toque la armónica; la curiosidad es más fuerte que cualquier otra cosa y ahí pica todo el mundo, y de ahí que el modelo de campaña electoral siga siendo el mismo de hace dos siglos. Queremos sueldos del siglo XXI pero campañas políticas del XIX. La nostalgia nos puede.

Es lo mismo que ahora se ve tanto, que es llamar a cualquier trasto viejo no por su nombre y sino por el sobrenombre de "vintage". Ahora cualquier cosa vieja es vintage y hasta se pagan fortunas por muebles rotos y apolillados que nuestros abuelos tiraron muy justamente a la basura. Es decir, lo de siempre: el cerebro humano es lo que es y no se puede luchar contra ello, y cuanto más rápido parece que se avanza y más cómoda es nuestra vida, nos entra el pánico vital y más nos empeñamos en volver a modelos ya desechados, apolillados y fracasados y, el afán de "nosotros somos más listos y ahora haremos lo mismo pero mejor " nos puede. Y si a eso le unimos la poca por no decir nula educación histórica que se recibe en los colegios (y universidades) sobre la convulsa historia de Europa y del mundo, pues ya tenemos el cóctel perfecto y de ahí que se presente n como "el cambio" cosas e ideas que son más antiguas que el asar la manteca.

Pues vale, pues bueno, pues me alegro. Bienvenidos a la "política vintage": lo mismo pero más caro.

9 de abril de 2018

Fuego o hielo

Imagen: MeMe
No en todos los sitios de este planeta se da la sucesión de estaciones, pero donde se da, una cosa que parece clara es que la preferencia sobre invierno o verano no es tan personal y voluntaria como nos parece, y sí tiene mucho que ver con ese dicho popular que dice tal que "no eres de donde naces, sino de donde paces".
Es decir, nuestro cuerpo tiene memoria de las condiciones climáticas que lo rodean, sobre todo en la infancia y la juventud, y debido a complicados sistemas bioquímicos se nos queda el termostato vital en un corto recorrido que es lo que se podría llamar "temperatura de confort", y los amplios cambios que se alejen de esa medida no nos resultarán agradables.

El clima y sus condicionantes, o lo que se llama coloquialmente "el tiempo", nos lleva a tramitar nuestras vidas y armarios por los vaivenes estacionales y, además, el invierno o el verano varían según la latitud que nos toque, ya que no es lo mismo el invierno frío de Burgos que, siendo frío, no llegará a ser tan frío como el de, por ejemplo, Helsinki; lo mismo pasa con el verano, que no es lo mismo un verano en Pontevedra que en El Cairo.

En latitudes templadas, donde los cambios de temperaturas son medianamente razonables, tiene su encanto esa transición de estaciones; y si bien a todos nos gusta el calor de veranito y lucir cuerpo y cuerpazo en camiseta o vestidos de finos tirantes, resulta que se da el axioma invariable de que hasta todo lo bueno cansa, y entonces, por mucho que nos guste tomar caipiriñas en el chiringuito de la playa o beber del fresco botijo bajo la reconfortante sombra de la casa familiar, también el calzarse las botas y ponerse un buen abrigo puede ser reconfortante. En realidad, todo tiene su encanto.

El problema de ambas estaciones es solo uno y es el viento. El viento hace que el verano no llegue a ser todo lo reconfortante que debería, y en invierno puede ser una tortura. Y hablo de viento, de ese que estás en la playa y te tienes que poner una chaqueta a la par que te quitas las arenas que se te meten en los ojos y en la boca; o el mismo, pero en invierno, que hace que se volteen los paraguas o que, la casualidad no lo quiera, caigan las tejas de los tejados sobre desprevenidos viandantes. También hay una cosa tan rara como injusta, que vemos que nos cuentan como "desgracia" en los noticiarios sobre el tiempo, y es que parece que esto de que luzca el sol a todas horas es algo maravilloso y fenomenal y el único efecto metereológico deseable y, sin embargo, que llueva es una lamentable tortura que se nos cuenta como si fuera una desgracia bíblica que hay que soportar con paciencia y resignación. Y eso cala en el respetable público que, sin pararse a pensar salvo cuando por la sequía no le sale agua del grifo de la cocina, no se da cuenta o se le olvida eso que estudian nuestros herederos en el colegio y que es tan importante como vital, que se llama el ciclo del agua. Del que dependen nuestras vidas.

No digo yo ahora que si anuncian lluvias sea obligatorio dar saltos de alegría, como sí se hace cuando se anuncia sol radiante; pero hay un realidad de la vida que no se puede obviar y es que lo de los días soleados está estupendo, nadie lo duda, pero como no llueva apañados vamos. Personalmente, soy más de cielos nublados que de grandes jornadas soleadas, ya que mucho sol me agobia y el calor no me sienta nada bien; pero tampoco el frío invernal me entusiasma nada, por lo que ni verano ni invierno. Yo me quedo en el otoño como mejor época del año, esa época en la que las horas del día son espaciosas, se van alternando días soleados y nublados, con lo que supone de belleza un paisaje otoñal, en que la naturaleza va cambiando en inauditos colores. Tampoco está mal la primavera, y eso de ver florecer los arbustos y contemplar el inexorable crecimiento de los capullos.

Ejem, por favor, que no se me ofenda nadie; por capullos me refiero a los brotes de plantas y plantitas, árboles y arbolitos y matojos varios, no es nada personal y que nadie se dé por aludido... El caso es que tanto el verano como el invierno son los periodos del año de más consolidación estacional, en los que menos cambios climáticos se producen y solo queda disfrutarlos o padecerlos mientras que, sin embargo, la primavera y el otoño son una continua transición de colores, olores, nubes, sol y chaparrones y, desde mi punto de vista, es tan entretenido como apasionante verse inmerso en esos cambios constantes. Pero todo cambio debe tener un periodo de descanso y por eso existen, donde existen, las estaciones de invierno y verano, un periodo vital donde todo parece pararse y establecerse para darnos un también merecido descanso mental a tanto cambio que nos rodea y del que muy pocas veces somos conscientes.

Aunque mi preferencia es más invernal, hay que reconocer que se pueden llevar mejor los calores veraniegos que los fríos invernales, además de ser una estación más económica y barata, pues ante el verano nos tomamos un helado y nos ponemos tres trapos y sandalias y ya estamos alimentados y vestidos, mientras que en invierno hay que hacer acopio tanto de aporte calórico alimenticio como de varias capas de ropa y todo se hace más lento, mas incómodo y, por qué no decirlo, más caro. Pero la tranquila degustación de un café irlandés frente al calor chisporroteante de una chimenea también tiene su encanto, no me digan que no. Por tanto, aunque mi particular biología y sistema bioquímico corporal se encuentran más estables en clima frío, hay que reconocer que el veranito es más cómodo y llevadero y, además, la gente está más contenta y divertida y no como cuando llueve que, no sé por qué, hay tanta gente a la que se le amarga el carácter y no te saluda ni en el ascensor, como si cada vecino con el que coincide fuera el culpable de que no luzca el sol...

Bueno, no importa; todos tenemos nuestras manías...

14 de febrero de 2018

Truco o ramo

Imagen: Gettyimages
A Maripili le pone de los nervios el día de San Valentín; y no porque no esté llena de amor, tiernos sentimientos y buenas intenciones, que ya sabemos que ella es de lo más amoroso del mundo mundial. Pero si hay justo un día en el que no quiere ni saber ni oír a nadie decir que la quiere es, precisamente, el día de San Valentín.

Ya de por sí, tampoco el resto de los días del año es Maripili mucho de decir cosas sentimentales y sí más de hacer ya que, como dice ella, con los hombres es perder el tiempo eso de hablar y para hablar ya tiene amigas. Realmente, Maripili sabe que eso no es cierto y que los hombres tienen su corazoncito sensible y que, aunque lo nieguen, les encantan todas esas tonterías amoroso-sentimentales de los regalitos y los mimitos y tampoco hay que quitarles la ilusión. Pero todo en su justa medida y en horarios razonables, que si bien hubo un tiempo en que hasta cedió al imperativo legal de ser romántica-sentimental (o intentarlo, que en ella tiene mucho mérito), le salió tan rematadamente mal que, como gato escaldado que del agua fría huye, como mucho lo puede tolerar pero, por su parte, no ha puesto nunca más interés en semejante tema.

Y hete aquí que (también es casualidad) Maripili ha tenido la sublime desgracia de atraer siempre a hombres románticos. Y no un poco románticos, no. ¡Muy románticos!, de esos que mandan flores ya a primera hora de la mañana, un terrible error para con Maripili porque si algo hay que le guste y de lo que disfruta es de poder dormir por las mañanas como un camionero con resaca, es decir, profundamente. Y no hay cosa que más la irrite que que algo la saque de ese dulce sopor, y mucho menos el sonido de un timbre. Normalmente, aunque lo oiga, no hace ni caso porque no, porque no son horas de atender ni recibir a nadie y, sea quien sea, que venga más tarde o deje el recado en el buzón. Pero hay un problema con los repartidores de flores, y es que son particular y perniciosamente insistentes. Y, para colmo, no son como los repartidores de publicidad, que molestan pero acaban por irse. No, el repartidor florista cuenta con un arma secreta temible proporcionada por el instigador de la entrega: sabe el número de teléfono de su "víctima" y no duda en usarlo y, cual correo del zar en misión suicida, no cejará en su empeño y cometido de entregar, sea como sea, el ramo.

El puto ramo, que diría Maripili. Bueno, ella diría algo mucho peor, más largo y demasiado malsonante para que yo lo refleje por escrito y con "el puto ramo" ya todos nos damos por enterados de los sentimientos encontrados que provoca el repartidor florista en la mente de Maripili que, por una parte, entiende que ese es su trabajo y el trabajo es sagrado, y nada admira más Maripili que la gente cumplidora con su actividad laboral; pero por otra, se acuerda de toda su parentela, de la del repartidor, de la del florista y de la de todos los cultivadores de flores... Y no, no para desearles felicidad. Y sí, después de más de diez minutos de insistentes llamadas al timbre de casa, de las que se entera toda la urbanización (Maripili incluida, aunque se niega a darse por aludida y mete la cabeza con desesperación debajo de la almohada para intentar volver a dormir), el repartidor florista no duda en usar su arma y sí, llama y llama por teléfono con igual insistencia. Lo que ya resulta no solo irritante sino además el modo más eficaz de que Maripili inicie el día en modo cabreo y se le quede así para el resto de la jornada sanvalentinera. Y eso es algo que luego tenemos que sufrir todos los que la conocemos, por lo que yo rogaría que los enamorados de Maripili se abstengan de tal actividad. Por favor.

Aunque todo lo que puede ir mal puede ir a peor y, dada la peculiar y variada vida sentimental de Maripili, no es nada raro que se le acumulen los ramos y si bien, aunque de muy mal humor, puede esquivar un envío floral mañanero, lo peor sería mandar un amoroso tributo floral a Maripili al trabajo, algo que algún incauto lleno de romanticismo sanvalentinero ya intentó... Y de quien nunca se volvió a saber.

—¿Tú te crees que es de gente normal que yo esté concentrada y a mis cosas, rodeada de empleados y clientes, y verme en ese horror sin fin de tener que pasar por la vergüenza de las risitas y sonrisitas del personal cuando se me aparece un repartidor de flores en medio de la sala del restaurante? ¡¡Diossanto, si hasta me aplaudieron y yo me quería morir!! Pero ¿quién se cree "ese" que soy yo, la Callas? Y aunque lo fuera... ¿Alguien se ha atrevido nunca jamás a interrumpir a la Callas mientras cantaba un aria de Norma? ¡Pues no! Y yo no canto ni falta que me hace, pero soy tan seria y profesional en mi trabajo que la diva griega o más, y ¡ni a un inspector de Hacienda le consiento que me venga a molestar en horas laborales, faltaría más! Vamos, ¡que ni el repartidor ni "ese" tienen vergüenza ni educación!

Sí, para Maripili el día de San Valentin es un día atroz, semejante a una jornada de ensayo de apocalipsis nuclear, en el que se ve obligada a desconectar timbres caseros y teléfonos móviles, bloquear WhatsApp y quedarse en casa encerrada a salvo de ramos de flores, reales o virtuales, y memes variopintos que a todo el mundo le da por enviar ese "maldito día".

No, a Maripili no le gusta el día de San Valentín.

8 de noviembre de 2016

Basura blanca

El término "basura blanca" no es nuevo ni lo ha inventado ningún periódico estadounidense; ya viene de muy lejos y servidora lo leyó por primera vez en la novela de Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó, por ser el término con el que se referían los "negros de casa", es decir, los esclavos de las plantaciones de los grandes terratenientes, a los blancos pobretones que malvivían en casas destartaladas con un pequeño terreno que apenas les daba para vivir. Ese término, con carácter peyorativo de definir a quien tenía menos y vivía peor que los esclavos, aparece y desaparece de la sociedad americana pero nunca ha dejado de existir y, curiosamente, en estos extraños tiempos que vivimos vuelve a aparecer, pero con una nueva característica de "reinvidicación".

De un tiempo a esta parte estamos descubriendo nuevos términos étnicos, de esas cosas que se pueden decir y no se pueden decir porque son o no son ofensivas y es todo muy complicado porque, hasta con la mejor intención, casi nadie se libra de decir algo que a alguien le parecerá ofensivo. Porque, la verdad, vivimos en una época del mundo en la que todo es susceptible de ser ofensivo, absolutamente todo, y nos tenemos que plantear el hablar y exponer nuestros pensamientos no como personas libres y anónimas que somos y sí como si fuéramos altos cargos de la administración, ya que tal parece que todo lo que digamos en cualquier momento nos puede estallar en la cara y podemos ser "acusados" de casi cualquier cosa terrible. Sin embargo, a los que ocupan altos puestos públicos parece que lo que les hace simpáticos a su público es, precisamente, lo contrario, y ese uso y abuso del lenguaje ofensivo y el "dale caña" ya es, desgraciadamente, una premisa fundamental para hacerse popular.

Pero a ustedes y a mí, ciudadanos tan encantadores como anónimos, no solo no nos viene bien ese tipo de lenguaje; casi todos tenemos nuestro rastro personal, como brillante baba de caracol, en las redes sociales, y cualquiera puede usarlo como "ofensa", también porque puede que esté usted de cordial y alegre conversación con las amistadas en una cafetería y alguien de la mesa de al lado le oiga y no solo ponga la oreja a la conversación; también puede grabar todo lo que se dice con un teléfono móvil y ¡quién sabe!, puede usted acabar siendo el involuntario protagonista de esa tontería que se llama "vídeo viral". Y es que vivimos en la época del mundo en que todos podemos y somos y hasta ejercemos de agentes secretos, y tal parece que todo lo que digamos en nuestra vida corriente y moliente de ciudadanos puede fiscalizarse y convertirse en arma arrojadiza o en eso que se llama "viral" , ya que están las redes sociales llenas de las cosas más cotidianas y absurdas y cualquier tontería como una nota de una madre a un profesor, un chiste inoportuno sacado de contexto, una foto de las vacaciones, una gracieta sin gracia o cualquier cosa que nos pasaría desapercibida, por arte y magia de las redes sociales se hace más conocida que el desembarco de Normandía y se convierte en "viral". Personalmente me gustaría disponer en mi ordenador de alguna tecla que bloqueara y me librara de ese tortura moderna que son "los vídeos virales".

Y sí, algo parecido al funcionamiento de los virus tienen estos vídeos, porque nos infectan a todos y nos convierten en más tontos y manejables de lo habitual, y hasta hay gentes que se dedican a eso, a buscar o hasta a crear "virales" porque algo, lo que sea, que se haga conocido y reciba muchas visitas, puede proporcionar dinero. Da igual que sea la travesura de un lindo gatito o el atropello múltiple de peatones en un paso de cebra; se comparte, se expande y nos va haciendo más indiferentes y queremos más y más de esos "virales". Y todo esto viene a cuento de la extraña sensación que produce la carrera electoral de Estados Unidos. Desde que empezaron los debates de uno y otro partido (lo habitual en las elecciones USA), algo huele a podrido en todo ello y ya sabemos que si Estados Unidos estornuda, el resto del mundo pilla catarro.

Los partidos americanos están desesperados por captar votos y nos dicen, nos cuentan, lo decisivo que es el voto de tal o cual "minoría relevante". Pero no es cierto. Por lo que se está peleando es por captar, incentivar, provocar el voto de una gran mayoría que nunca vota y nunca vota porque no le interesa un partido republicano, siempre dando vueltas y más vueltas a cuestiones religiosas, ni un partido demócrata, que solo habla de cosas que al americano medio no le interesan. Esa mayoría estadounidense no votante ni interesada por la política, porque la política nunca se ha interesado por ellos, es lo que en Estados Unidos se llama "basura blanca", población étnica más o menos blanca-caucásica que no pertenece ni puede estar incluida en ninguna "minoría relevante" y que sobrevive a todas las desventajas de un sistema social del madeyourself y sin ninguna de sus ventajas, salvo la de la libre tenencia de armas.

Es la población que no existe en los estudios sociológicos pero ahí esta, en permanente eqiilibrio con la bancarrota y no, ya no es solo la gente marginal que dio origen al término "basura blanca", ya no es solo ser ajeno a otra educación que no sean las radicales escuelas religiosas de cada estado y ser más pobre que las ratas; ni siquiera es su ampliación a los que viven en la casi imposibilidad de no poder salir de un gheto de pobreza e ignorancia, del malvivir que da depender de un empleo siempre precario. Nos suena, ¿verdad? Bien, es un amplio grupo social pero que no tiene peso ni influencia como tal, no existe un lobby de la "basura blanca" y, sin embargo, es un gran y heterogéneo grupo a quien los políticos no se suelen dirigir porque un no votante habitual no es motivo para interesarse demasiado, ya que tampoco son ni están organizados como "grupo".

Pero la crisis mundial ha traído el hecho de que mucha clase media e incluso clase media alta ha perdido su empleo, su forma de vida y se ha convertido también en "basura blanca" pero, al contrario que los habituales integrantes de esa clase social abundante pero difusa, la nueva "basura blanca" sí ha pasado por la universidad, sí tenía confortables empleos que le permitía pagar sus créditos universitarios, vivir bien y hasta muy bien y, por tanto, sabe de dónde viene y sabe que existe un tipo de vida que es a donde desesperadamente quiere volver. Y por eso será que en esta campaña electoral americana todos los candidatos, tanto los republicanos como los demócratas, han estado hablando de cosas que al ciudadano medio acomodado, no rico pero que vive en parámetros de poder pagar sus facturas y comer y vestir a diario sin grandes preocupaciones, le suenan muy raras.

Sí, los partidos USA se han dado cuenta, algo tarde y apresuradamente, de que la "basura blanca" ahora tiene conciencia de ser quien es y va a votar. Y hay que captar esos votos como sea. De ahí que la palabra "socialismo" asociada al candidato Sanders no fuese vetada ni causara el pavor y rechazo que les causaba a los del partido demócrata si era aplicada a Obama. NO, no, bajo ningún concepto se aceptaba la palabra "socialismo" aplicada a su candidato afroamericano. Claro que lo de Sanders no es socialismo ni se le parece, y el mismo Sanders no podría explicar a una clase de niños de primaria qué es y qué supone el socialismo. Pero como etiqueta para quien ha gestionado los abundantes recursos de un estado muy rico, con ciudadanos más que acomodados, como Vermont, resulta del todo inofensivo. A un socialista de toda la vida, eso de que a Sanders se le aplique la etiqueta socialista lo puede matar de la risa, pero USA is different. De todas modas ya ven, Sanders puede ser socialista dentro del partido demócrata pero Obama no, no, nunca.

En el partido republicano no hay socialismos de ningún tipo y siempre optan por el valor "religión" como nexo de unión ente sus posibles votantes, y sí, es un valor seguro porque otra cosa no habrá en Estados Unidos, pero las congregaciones religiosas son más numerosas que cualquier otro tipo de actividad, tanto pública como privada. Pero el partido republicano está ahora liderado por Donald Trump, que no es republicano ni demócrata; es simple y llanamente Donald Trump, famoso multimillonario. Y el partido demócrata está liderado por quien ya fue inquilina de la Casa Blanca y que, en su primer intento de volver como titular, perdió en las primarias de su propio partido contra el perfecto desconocido que era entonces el actual presidente. Algo del todo inaudito, porque candidato que pierde en primarias, candidato que desaparece para siempre.

Por tanto, nada de lo que antes funcionaba vale ahora, porque ambos partidos están comandados por candidatos inauditos y es tan fascinante como aterrador ver cómo los dos candidatos a la presidencia, dos personas en edad de estar jubiladas, corretean con inusitada energía de estado en estado apelando, en realidad, ambos a lo mismo, que es eso ya tan conocido de "todo debe cambiar para seguir igual". El mundo ha cambiado, sin duda, y escribo esto a apenas unas horas de saber quién va a ser el que va a alcanzar la presidencia del mundo... en la carrera electoral más extraña y loca que nadie habría podido imaginar jamás. Y con el nuevo añadido y "descubrimiento" de que "basura blanca" ya no son los marginales que malviven en caravanas y casas sin lavadora sin que a nadie le importe; "basura blanca", señoras y señores, ya somos todos.

A unas horas de saber el resultado, tenemos a dos candidatos que, sobre todo, irritan profundamente a sus propios partidos y a quienes sus partidarios no apoyan por ser la mejor opción y sí por ser menos terribles que su contrario. No es muy esperanzador. Las elecciones americanas son una mezcla única de política y show hollywoodiense, pero siempre predominaba el componente político y, aunque sabemos que de todo lo que promete cualquier político de donde sea no llegará a cumplir ni un tercio de lo dicho, y que donde dije digo digo diego, la exposición de ideas y el debate político siempre constituye un buen ejercicio. Pero estas elecciones tienen poco de político y mucho de exposición de entrañas, y ni siquiera cuenta con el componente de show de altura del gran escenario, porque se ha convertido, como casi todo lo que nos rodea, en un vulgar reality show aderezado con abundancia de "vídeos virales" y titulares vergonzantes. Y ya sabemos que los reality shows es como se llama ahora a la oportunidad de ser maleducado y bocachanclas y que te premien por ello.

A pocas horas del final de esta carrera electoral, ya no hay tiempo más que para desear que acabe cuanto antes y lo único positivo (por ver algo positivo a esa especie de carrera loca de rascar votos de donde sea con nulos argumentos de una y de otro) es que me voy a quedar con la idea de que estos dos, Hillary y Donald, Donald y Hillary, multimillonarios los dos y amigos y conocidos desde hace más de 30 años, nos demuestran que hay vida más allá de la reglamentaria edad de jubilación; y que, más que cualquier otra cosa, vamos encaminados a una sociedad donde vamos a estar trabajando hasta los 80 años para pagar nuestras deudas. Y aun así, con algo de ayuda de las industrias farmacéuticas y ese montón de pastillitas para todo que producen por toneladas, tendremos algunos años más para disfrutar del merecido descanso de la jubilación. Es decir, todos seremos "basura blanca" que arrastraremos nuestros culos trabajando hasta tres días antes de morir (y además daremos gracias por ello), que viene a ser lo mismo que en la época de nuestros bisabuelos, cuando llegar a la edad de jubilación era casi un milagro y eso que se ahorraba el erario público en pensiones. Y así va a ser de nuevo, independientemente del color de la piel y el punto del mundo donde se viva.

Y de ahora en adelante, todo candidato que quiera tener alguna oportunidad como tal, además de buscar el buen y conveniente arropado parasitario de los "massmedias" afines, se tendrá que concentrar en discursos elaborados y escandalosos, cuanto más mejor, con palabras vulgares y malsonantes de esas que todos entendemos a la primera y siempre y solo sobre lo que la gente quiere oír, olvidando cualquier programa político; y no importa que mientan porque ¿a quién le importa, si nunca cumplen lo que dicen? Pero no, no desesperemos; en la mayoría de los casos es mucho mejor que no se cumpla nada de lo que nos prometen los políticos, ¡eso sí sería una verdadera tragedia para la humanidad!

A pocas horas del final de la carrera electoral estadounidense, lo único que todos queremos es que acabe ya y que pase lo que tenga que pasar pues, la verdad, a pesar de tanto jaleo mediático, la realidad es que va a dar igual quién gane y tampoco tiene tanta importancia. Pero nos gusta, como ciudadanos anónimos pero mundanos, sentirnos importantes y hasta decisivos en los grandes asuntos de estado del mundo mundial y, con esa vana ilusión que nos reconforta cuando los políticos en campaña nos dicen a los posibles votantes a todas horas lo importantes que somos, cosa que nos hace sentirnos inteligentes y relevantes, con nuestros likes o no likes en las redes sociales nos sentimos de lo más participativos e integrados y eso siempre es gratificante para cualquier ser humano. Y para los periódicos es aún más maravilloso, ya que desde que existen las redes sociales los redactores solo tienen que echar un vistazo a los movimientos de las tales redes sociales y, tratándonos como si fuéramos pececitos en una enorme pecera, nos echan migas y miguitas de los colorines que más nos gustan para hacernos seguir sintiendo "importantes y decisivos". Y se lo pasan pipa viendo cómo nos mordemos entre nosotros, cual pirañas amazónicas, por defender nuestras migas y miguitas...

Sí, es fantástico ser basura blanca o de cualquier otro color, que es la opción general de quien no es una "minoría relevante"; esa gran masa de gente que no aparece en ningún tratado de sociología ni en los estudios de los importantes politólogos, y que resulta que somos todos nosotros, la gran masa de gente de todo tipo sin ninguna característica especial ni "relevante" por la que políticos y "massmedia" solo muestran reciente interés en las épocas de ser vistos como "posibles votantes trasversales". Y entonces ¡hay que ver cómo nos miman!, ¿no es cierto? Pues los políticos ya solo nos dicen lo que queremos oír, los periódicos nos dan la razón en todo, nos preguntan a todas horas nuestra opinión y, además, la elevan a grandes titulares y artículos de opinión... Sí, es fantástico, aunque dure poco. Porque a la semana siguiente de cualesquiera elecciones, ya dejamos de ser mimados "posibles votantes" y pasamos a ser meras estadísticas anónimas de encuesta.

Sí, a pesar de todo, es estupendo que exista esto de las elecciones y, sobre todo, las elecciones USA, que siempre son muy entretenidas y más cuando sabemos que da igual quien gane. Porque Obama era el paladín de la paz mundial y ya ven, guerras y masacres por todos sitios; por tanto ¿qué más da?

Por cierto, ayer hubo elecciones presidenciales en Bulgaria pero ¿a quién demonios le importa?

10 de diciembre de 2015

Lo que se aprende viajando (y leyendo)

Et bien, es inevitable en estos días hablar y comentar sobre los sucesos del 13 de noviembre en París. Y se seguirá hablando durante mucho tiempo. Pero me he acordado de una anécdota personal que les iba a contar y sobre la que he ido escribiendo estos días atrás a ratos libres pero, que vaya qué casualidad, aunque solo era mi mera impresión, me encuentro que la anécdota personal que les iba a contar va en un sorprendente sentido coincidente con un reciente artículo de opinión del periódico francés Liberation, artículo o crónica de opinión que ha recibido todo tipo de improperios descalificatorios en las redes sociales.

Lo voy a decir y lo digo, y es que estamos que nos la pillamos con papel de fumar, si me permiten la expresión, porque parece que todo lo que sea salirse del buenrrollismo y del todoelmundoesgüeno es recibido en las redes sociales como un ataque a la humanidad. Y creo yo, si me permiten la opinión, que hay que distinguir un poquito de lo que es un pensamiento racista y xenófobo, que lo hay y nadie niega que existe y es reprobable, de algo muy distinto, que es la expresión de ciertas dudas y hasta temores que nadie está exento de sentir, dados los últimos acontecimientos macabros que durante estas últimas semanas han copado las portadas de los periódicos.

Hace un tiempo hablaba de los barrios de las afueras de París, donde con solo coger el metro en el centro e irse a uno de esos barrios, tal parece que ha llegado usted a una ciudad en algún punto de África; y eso no es exagerar ni es ser racista ni es ser xenófobo, es contar la pura realidad de las cosas por mucho que a la alcaldesa de París le indigne que se diga y se comente. Es la paradoja que se vive en los países europeos, donde a políticos y ciudadanos no se nos cae de la boca al hablar a todas horas, con orgullo y satisfacción, sobre la defensa de los derechos humanos, el estado de bienestar y la igualdad de oportunidades, pero nos vemos trasladados a ciertos gestos y hechos que ya considerábamos superados, como la nada recomendable costumbre islámica de imponer (sí, imponer, vamos a llamar a las cosas por su nombre) esa vestimenta infame que es el niqab, que reduce a las mujeres a ser meros bultos andantes. O ¿qué me dicen de la "peculiaridad" de que en un país que forma parte de la OTAN y aspira a ser miembro de la Unión Europea no solo se permita con total impunidad, más bien se aliente, el matrimonio de hombres maduros con niñas (¡niñas, de 9 años o menos en adelante! ¿Se imaginan ustedes casando a sus hijas de 9 años con un señor de 30 o 40?) ¿Decir que eso es una terrible ignominia es ser xenófobo? ¿Debe ser considerada tal aberración como un "patrimonio cultural"? Pues si eso es cultura, arrasemos con toda la cultura, la nuestra y la de otros, que no merecen la pena.

Y ¿qué me dicen de la "ceremonia" de ablación genital a las niñas, hecho infame que no viene avalado por ningún texto sagrado de ningún tipo y solo responde a un terrible concepto de sociedad machista en extremo? ¿Condenar la ablación genital es ser xenófobo? Al ser una "costumbre ancestral" ¿no se debe decir más que es "un reprobable asunto interno de determinados países"? O ¿qué me dicen de esos países donde hay más grifos de oro y coches de alta gama que arena en el desierto pero se prohíbe por ley que las mujeres puedan conducir? Y podríamos seguir con muchos ejemplos, como recibir 100 latigazos por hacer, un grupo de jovencitos, un vídeo bailando el tan popular "Happy"?

"Occidente" no es perfecto porque aún nos estamos quitando con mucho trabajo parte de esas costumbres bárbaras que también eran muy normales por estos lares hasta no hace tanto, y sí, "occidente" no está libre de culpa de hechos no muy distintos a los que criticamos de "otras culturas", pero la diferencia es que tratamos de ir adelante y no hacia atrás. Otras culturas pueden echar en cara a "occidente" que la pena de muerte no es cuestión solo de "otras culturas", y es cierto, lo mismo que la situación de la mujer occidental no es, ni mucho menos, la que debería ser en cuanto a igualdad de oportunidades. Pero oiga, le digo una cosa que marca la diferencia: el autor de ese artículo de Liberatión puede recibir todas las críticas posibles en la redes sociales pero ningún gobierno occidental le condenará a recibir 1.000 latigazos por expresar su opinión. En el caso de que sus palabras fueran o fuesen consideradas delito, tendría un juicio con derecho a defensa. Parece una tontería pero no lo es, y eso marca una gran diferencia.

Señoras y señores, estoy harta del buenrollismo, estoy harta de que se considere casi normal que vamos a tener que sufrir y aguantar que, de vez en cuando, un grupo de pirados, solos o en compañía de otros, se dediquen a tirotear a la gente por la calle invocando falsas consignas de "nuestra cultura" o de "otras culturas" o de todo a la vez, y no poder siquiera quejarnos. Quien quiere matar, mata, eso lo sabemos, y nunca ningún motivo puede servir de excusa a quien decide organizarse para matar. Y SIEMPRE, y en cualquier lado del mundo, habrá gentes que se arroguen el poder de disponer de la vida de otros a su propio capricho y antojo, pero no por ello el resto debemos conformarnos ni resignarnos con eso de "son cosas que pasan". Sí, claro, siempre pasan cosas y es imposible controlar a todos los tarados del mundo, pero a ver si ahora, a estas alturas de la película, el pensar libremente va a ser sinónimo de "ofender" y nos vamos a tener que quedar callados y ni siquiera poder expresar en libertad las cosas con las que no estamos de acuerdo.

Y a eso venía, a contar una mera experiencia personal que ni es ni pretende más que ser lo que es, mi personal opinión de las cosas del mundo con mi propia experiencia, que es la mía y guste o no guste, en esta parte del mundo no me va a suponer más que eso, el derecho de poder hacerlo. Que hasta ahí podíamos llegar, que no se pudiera expresar la libre opinión sobre las cosas de la vida por no "ofender" a las redes sociales. Ofender nos podemos ofender todos por muy variados motivos y eso nunca justifica acciones violentas, me da igual que sea un cristiano ultraortodoxo que tirotea una clínica de planificación familiar que un musulmán que hace lo mismo en una fiesta de empresa. Acciones despreciables ambas y ambas dignas de desprecio y punibles como delito. Y lo cierto es que Francia no puede ser considerado como un "país ejemplo" en su organización de acogida de inmigrantes de "otras culturas" ya desde décadas, pues los muy cacareados principios republicanos de la laica Francia dejan mucho que desear en lo que es la realidad de la vida cotidiana francesa pero, aun así, con todos sus errores y fallos, nada justifica el vil desprecio por la vida humana y, dada la coyuntura en la que nos movemos, no me nieguen ustedes lo evidente y es que se les encoge el culo si se ven en el trance de encontrarse en el metro con un ser humano cubierto de pies a cabeza con ese atuendo negro que recibe el nombre de niqab y que no es más que una cárcel portátil. Y una cárcel, sea consentida u obligada, es una cárcel. Y no, no podemos consentirlo. Una cosa es el derecho a libertad religiosa, que nadie niega, pero poner una cárcel a las mujeres por el mero de ser mujeres y que la vista de las mujeres "ofende" o "provoca" o cualquier imbecilidad por el estilo no tiene nada que ver con ninguna religión.

Y aquí vamos y llegamos a la anécdota de la Maru. Yo no sé ustedes, pero yo, en cada una de las visitas que he hecho a París, como toda persona que se acerca a la capital francesa como turista, casi se ve una obligada al rito cuasi religioso de subir a la torre Eiffel. Les confieso que no es mi visita favorita pues las alturas y yo no nos llevamos bien, pero siempre coincide que vas con alguien o que le hace especial ilusión o que nunca ha subido o que quiere repetir la experiencia, y una, que es amable tirando a boba sin remedio, pues cede a la visita de marras y se pone a la cola, compra los tickets y sube de mala gana porque ¿qué quieren que les diga?, tampoco es para tanto pues la torre Eiffel es más espectáculo y espectacular desde fuera que desde dentro. Sí, subes por un ascensor trasparente que va en ascenso diagonal y así te ahorras los centenares de escalones (345 a la primera planta más otros 359 a la segunda, a la última planta solo se permite acceso en ascensor), y sí, vas viendo todo ese ensamblaje de hierro que la forma, y tal y pascual, y bueno, que sí, que vamos subiendo. Y durante ese pequeño ascenso da tiempo a pensar que no siempre los parisinos amaron con el tanto fervor que ahora manifiestan sin fisuras a ese enorme engranaje de hierro y tornillos, pues al poco de finalizar la Exposición Universal de 1889, para la que se construyó, coincidiendo con el 100 aniversario de la Revolución Francesa, los parisinos clamaban furiosos para que se desmontara ese "monstruo de hierro". Pero como desmontarla resultaba más caro que haberla montado y que mantenerla en su sitio, las autoridades locales no hicieron ni caso de las protestas ciudadanas y la torre Eiffel se quedó donde estaba, sobre todo porque en todo lo alto se había colocado una potente antena de radio en 1909 y eso, además de pingües beneficios, constituía un avance técnico al que no se podía renunciar, por mucho que a los parisinos les molestara la visión de una torre que iba a ser provisional. Y ya ven qué buen partido tanto estético como económico le han sacado al "monstruo de hierro". Lo cual da que pensar en que no siempre la ciudadanía acierta en sus opiniones y deseos. Y bien, te subes en el ascensor con capacidad para más de 40 desconocidos y llegas al primer o segundo piso (nunca he subido al punto más alto ni tengo la menor intención de hacerlo jamás) y sí, se ve el Sena, que está ahí delante, se ven les palais, que también están ahí al lado, la torre Montparnasse, que está hacia el otro lado, y tal y pascual; efectivamente, se ve París, pero yo recomiendo más la "vista de París" desde lo alto de la escalinata del Sacre Coeur mejor que desde la torre Eiffel. Pero sobre gustos, cada cual tiene los suyos.

Bien, a lo que iba y venía.

En todas esas visitas a la torre Eiffel, en lo primero que te fijas es en que hay un buen contingente de militares armados por toda la explanada de los accesos, sobre todo por el que viene de las cercanías del Sena. La parte posterior está (aparentemente) menos vigilada aunque también es cierto que es menos transitada (y mucho menos atractiva, no es más que una larga y ancha explanada terrosa) y la presencia militar, de soldados muy altos y con sus armas a mano, bien visibles, se intensifica en la zona de la compra de entradas. Por tanto, para quien visite París, nada de extraño tiene encontrarse con militares armados no solo en los alrededores de la torre desde hace más de una década. Y son bien visibles. Por otra parte, casualidades de la vida, siempre en mis visitas me he encontrado con un grupo de mujeres musulmanas con niños. Niños pequeños, de entre dos y ocho años. Tal parece que a las mujeres musulmanas les subyuga de forma extraordinaria eso de ir en grupo y subir a la torre Eifel.

- Y ¿cómo sabe que eran mujeres musulmanas?
- Buena pegunta, porque podrían ser mujeres como hombres como estrellas del porno de incógnito, pero apunto lo de "musulmanas" porque iban absolutamente cubiertas con esa vestimenta negra de cabeza a pies y que solo deja ver los ojos.
- Ah, ya, un niqab.
- Pues eso...

En Francia, ya desde 2011 no se permite vestir con niqab en espacios públicos, pero antes de esa fecha no era nada extraordinario encontrarte con mujeres con velo integral por todo París y, sobre todo y como les comento, en la cola de la compra de tickets para subir a la torre Eiffel; y como tal intención lleva casi siempre un buen rato, pues mientras estás en la cola te fijas en que cada grupo de mujeres con niños, que suelen ser no menos de cuatro y no más de ocho, lleva como acompañantes a dos hombres. Los hombres que van con ellas no visten de ninguna manera particular y tampoco hay conversación con el grupo, solo están con ellas. En una de esas visitas, más casualidades de la vida, me tocó estar en la cola rodeada de dos grupos nutridos de esas señoras con sus pertinentes acompañantes masculinos. Y como no hay otra cosa que hacer en ese momento que esperar en la cola, te fijas. Eran todas jóvenes, entre "veintitantos" y "treintaypocos". O al menos eso deduces por sus ojos, que es lo único que ves. Y también, usando el principio de Arquímedes en espacio terrestre, por el volumen que desplazaban, se podía deducir que eran jóvenes y más o menos delgadas. Hablaban entre ellas pero era difícil entender nada porque tampoco es que estuviera pegada al grupo ni especialmente interesada en saber qué decían, y al hablar a través de la tela se entenderían entre ellas y poco más, pero su charla era animada. Los niños se impacientaban y reclamaban jugar o irse y las señoras no les hacían mucho caso, por no decir ningún caso, hasta que los acompañantes masculinos les indicaron que se ocuparan de los críos para que no molestaran.

Y me fijé en una cosa en particular y les confieso la sensación que me produjo y lo digo en lenguaje coloquial y hasta vulgar: tuve esa sensación de cuasi pánico que hace que se te cierren todos los esfínteres del cuerpo. No por las señoras y muchachas en cuestión, no; a ellas se las notaba muy tranquilas, alegres y muy normales (dentro de lo nada "normal" que es ir tapada con una sábana negra de la punta de la cabeza a la punta de los pies). Lo que me heló la sangre era la mirada hacia las mujeres de sus dos "cuidadores": desprecio y yo diría que hasta asco. No creo que fueran familiares del grupito de mujeres y niños, más bien eran eso, "cuidadores", los preceptivos acompañantes masculinos de las mujeres musulmanas. No sé si yo o alguien que yo conozca ha mirado a alguien con esa cara de profundo asco, yo espero no haberlo hecho nunca y no recuerdo una mirada en nadie que yo conozca que fuera tan expresiva como la de los "cuidadores" hacia su objeto de cuidado: una mezcla de asco e indiferencia muy lograda, no se me ocurre poner otro ejemplo que la cara que usted o yo podemos poner al ver una rata de cloaca atropellada, te da asco y a la vez es una rata, ¿no?, tampoco tiene mucha importancia. Por favor, no se me ofendan los animalistas pero es lo que hay: una rata de cloaca es un fijo transmisor de enfermedades.

Pues esa era la mirada, pero aplicada a las mujeres. No me digan que no es para preocuparse.

Estuve en esa cola unos veinte minutos, yo, mujer "occidental" por la pura casualidad de nacer en esta parte del mundo, con mi camiseta blanca de manga corta, mis vaqueros de toda la vida y mi pelo largo recogido con una sencilla pero cómoda diadema. Yo. Mujer occidental rodeada de otras mujeres como yo (y en situaciones así eres plenamente consciente) viéndome como una absoluta privilegiada por el mero hecho de llevar toda mi vida pudiendo ir sola a donde quisiera, hablar con quien quisiera hablar y hablar con quien se me antojara y entrar donde quisiera sin necesidad de "cuidador" ni de pedir permiso a nadie más que a mí misma y mi propia capacidad económica y, qué cosa tan tonta y a la vez tan importante, vestida como me diese la gana. Pero les digo una cosa y la digo como suena: que, rodeada de esos dos grupitos, realmente la extraña parecía yo. De hecho, para redondear la situación, uno de los militares apostados justo al lado de la cabina donde se compran las entradas, un militar alto, muy alto, atractivo, fornido y de clara e inequívoca etnia subsahariana (es decir, alto, muy alto, atractivo, fornido y negro), se me quedó mirando fijamente. Y no, no con cara amigable, no se piensen ustedes que la mirada fue agradable. Que me dije yo a mí misma: ¡vaya por dior, hay que joderse que el del rifle se me queda mirando con cara de qué precisamente a mí y no a los grupitos que me rodean!

Yo qué quieren que les diga, es lo que hay. Es decir, como decía Spielberg, "ya están aquí". En realidad, ya llevan muchos muchos años entre y con nosotros. Sí, claro, hablo de los musulmanes, la segunda religión más expandida por el mundo. Y no es que yo viaje mucho y a todas horas y, desde luego, mucho menos de lo que me gustaría, pero además de hacer turismo, conviene fijarse en más cosas que hacer fotos y selfies. Y como modesta turista curiosa, me hace una gracia loca cuando los tertulianos y periodistas cantan las excelencias de la convivencia europea, la Europa multicultural, y se escandalizan de quien dice que los musulmanes europeos nunca se han acabado de integrar en las convicciones "europeístas" que los "indígenas" europeos damos por entendidas para todos y ponen el grito en el cielo si algún periodista dice la verdad o una parte innegable de la verdad de las cosas, y es que en barrios de París y de Bruselas los musulmanes celebraban su costumbre de degollar corderos para sus fiestas en plena calle o en la intimidad de su casa. Porque es cierto. Y no es ningún comentario ni racista ni nada ista, es parte de la realidad; la gente a donde va se lleva sus costumbres y muy bien que hace, otra cosa es que esas costumbres entren en conflicto con normas sanitarias de consumo de alimentos y se deban regular para el bien de la salud de todo. ¿Cuál es el motivo de "escándalo"? ¿Nos "ofende" la realidad de las cosas? Pero claro, ya sale la periodista "moderna y concienciada" de turno (sí, que casi siempre somos las mujeres occidentales quienes ponemos la nota suprema de "buenrrollismo occidental", es que nos puede el buenrollismo para todo, vaya por dior) diciendo que no, que es mentira. Y no, no es mentira y decir que esas cosas pasaban en barrios de París y Bruselas no hace tanto no es ningún insulto, no nos colguemos la medalla de la civilización, que no hace tanto lo mismo se hacía en nuestros pueblos hispanos, ni más ni menos.

De verdad, yo es que no lo entiendo, o qué pasa, ¿que ya se nos han olvidado nuestras propias poco razonables costumbres? O poco viaja la gente que contratan en las tertulias televisivas, o la que viaja no se entera de nada. Porque de París no puedo afirmarlo, pero lo de los corderos en Bruselas sí y por familiares que viven allí desde hace décadas. Y vamos a ver, que tampoco tiene nada de particular, no nos pongamos exquisitos como si nosotros tuviéramos el culo de oro, porque por estos lares sacamos a los santos y las vírgenes de las iglesias en Semana Santa y fiestas patronales y vamos todos detrás vestidos de luto. O construimos preciosas, irónicas y gigantescas esculturas de cartón que luego quemamos, que viene uno de Finlandia y lo ve y se va a su país pensando que estamos locos de atar; y qué decir de esa costumbre tan ancestral como innoble de reunirse en un amago de teatro romano para ver cómo se mata con saña a los toros. Las costumbres son las costumbres y todo es negociable.

El problema de degollar corderos en medio de la calle o en una casa particular para celebrar sus tradiciones no es mucho más grave que soltar vaquillas por las calles de pueblos y ciudades, que no me digan que no es una costumbre igualmente extraña y que se sigue haciendo; pero el degollamiento de corderos en las calles ya no se hace y no se ha legislado por un problema estético (que no lo es, que ya sabemos que el jamón york ni nace en una lata ni es una fruta que crece en los árboles) y no, no es por eso por lo que ya se prohibió que se hiciera de esa manera. ¿O acaso no tenemos por estos lares la tradicional "matanza del cerdo" o lo de tirar cabras desde un campanario? Se prohibió hacer lo de la degollación de corderos en las calles de los barrios por cuestiones higiénico-fitosanitarias, nunca por cuestiones religiosas. Pero hasta hace unas décadas atrás sí es verdad verdadera que se hacía. Y es que las religiones no tienen nada de bueno ni de malo, son como todo, según cómo y para qué se usen. Nos parecen fatal muchas cosas de la religión musulmana pero, oiga, ¿qué me dice del derecho al voto para las mujeres "occidentales", si ha sido hace nada, en la década de los años 30 del siglo pasado, y no en todos los países occidentales y "modernos"? La verdad es que si yo fuera un hombre (y los dirigentes del mundo y las grandes empresas del mundo son hombres) no prestaría gran atención a que la religión musulmana se vaya extendiendo entre nuestras occidentales y democráticas costumbres. Al fin y al cabo, para un hombre poco cambia su situación vital en cualquier religión porque las mujeres siguen siendo minoría en altos cargos, y las que trabajan suelen tener, por ley, menos sueldo que sus compañeros masculinos por mismo puesto y trabajo. De permisos de maternidades ya sabemos que se dan de mala gana y pocos hombres se animan a pedir eso de poder cuidar a la prole en sus primeros meses. Las mujeres, en cuestiones laborales, siempre tienen las de perder.

Porque ¿cómo se inició el acceso de las mujeres "occidentales" a la universidad? Pues a escondidas, lo mismo que en el mundo del deporte y casi casi en el mundo de la empresa. De no ser por la II Guerra Mundial, a nadie se le habría ocurrido que las "frágiles y femeninas" mujeres pudieran trabajar y cobrar salarios como hombres. Y fíjense ustedes en el hecho histórico y contrastable de que, después de la guerra, fueron los sindicatos socialistas los más activos en las campañas anti mujeres trabajando en las factorías de las empresas y, personalmente, puedo recordar la escandalera que se montó con las primeras mineras que, como tales, ganaron el derecho laboral de bajar a trabajar con los hombres a las minas. Y cómo las mismas mujeres, las esposas, hermanas e hijas de mineros, no se cortaban un pelo en insultar a las mujeres mineras diciendo algo tan poco "moderno" y "sindical" de "¡¡están quitando el sueldo a los hombres, el sueldo de una casa!!". Afortunadamente ya esa mentalidad de que una mujer trabajadora "le está quitando el sueldo a un hombre" va descendiendo. Me gustaría decir que ha desaparecido, pero ustedes y yo sabemos que no es cierto.
Por tanto, señores y señoras musulmanes radicales que "odian" la vida del "infiel", no se alteren ni pierdan el tiempo matando a nadie en terrazas de cafés o en salas de bailes; el "moderno occidente" solo tiene una ligera capa de "modernidad", no hace falta que nos maten ni se manchen las manos, tienen entre nosotros a muchos afines, sobre todo a los señores "occidentales y democráticos" que no saben ustedes las muchas ganas que tienen de mandarnos a las mujeres a casa a solo limpiar, cocinar y cuidar de los niños.Y, por mucho que duela reconocerlo, también muchas mujeres "occidentales" son de esa mentalidad.

¿Les extraña el "éxito" de las radicales consignas musulmanas, incluso de las que son constitutivas de delito? Pues... a mí lo que me extraña es que no tengan aún más éxito. Porque esto es lo más raro, ¿qué necesidad hay de instaurar "el terror"? Sí, terror, niegue usted lo que dice el cronista del periódico Libération y que tantas críticas negativas ha tenido, niegue usted, si tiene valor, que no se le encoge su occidental culo cuando se encuentra a una mujer con niqab o velo integral sentada a su lado en el metro. Porque, oiga, el miedo es libre. Y porque ya sabemos que los señores del petroleo árabe y afines podrían tanto destruir como comprar Europa entera 30 veces y aún les sobraría dinero. ¿Por qué no lo hacen? Ah, señores y señoras, porque el "malvado occidente" y sus perversas costumbres de "joie de vivre" son mucho más entretenidos que las leyes musulmanas y, además, oído cocina, las mujeres occidentales les resultamos fascinantes, atrevidas y encantadoras y no resisten la tentación. Mais oui, cherchez la femme.

¿Somos las mujeres occidentales la última esperanza de Occidente? Sí. Y ya habríamos logrado nuestra ansiada y legitima igualdad de oportunidades si no estuviéramos perdiendo el tiempo suspirando y peleando entre nosotras por ese maromo al que queremos hacer padre de nuestros hijos, y consintiendo que por el mismo trabajo se nos pague menos. Pero, sobre todo, son las mujeres musulmanas las que pueden salvar el mundo. Démosles tiempo y nuestro apoyo pero sin caer en la demagogia del buenrrolismo, porque no será mañana ni dentro de una década, no sé cuándo será ni si primero tendrán que pasar su propio "bautismo de fuego" como combatientes a favor de algo que las condena a ser meros bultos, pero con el tiempo, con la toma de conciencia de su propia valía, con su propia "guerra mundial", yo sí creo que como siempre, las mujeres serán las que romperán las barreras de la barbarie hacia una deseable y civilizada hipocresía social. Esa que hace que aunque no estemos de acuerdo con el vecino, no por ello le tiroteemos o colguemos de un árbol.

Los radicales musulmanes ya han cometido el primer error y es la ingenuidad de reclutar mujeres occidentales para ser madres de sus cachorros o el usar mujeres musulmanas como bombas humanas, algo que solo estaba "reservado" para los hombres como soldados-héroes. Dele usted un arma a una mujer y se encontrará al más cruel de los seres humanos. Quizás sea la forma de que las mujeres musulmanas tomen conciencia de su poder, porque una vez que una mujer se hace fuerte se acaba su dominación. Llevará tiempo, mucho tiempo y mucho sufrimiento también, pero no nos hagamos los exquisitos y los sensibles ni tampoco nos resignemos ante la tragedia, ya que la humanidad, de una forma o de otra, siempre está en guerra. El problema es que la guerra la dirigen los hombres y, generalmente, hombres que, consciente o inconscientemente, aún consideran seres inferiores a las mujeres respecto a los hombres y solo les dan poder en contadas ocasiones. Parece una extraña y trágica paradoja pero lo mismo que la II Guerra Mundial sacó por necesidad de sus casas a las mujeres para trabajar en las fábricas o defender con armas a los suyos porque los hombres estaban en el frente de la guerra y eso significó que ya no hubo marcha atrás en el acceso de las mujeres a la actividad laboral, tengo la confianza de que las mujeres musulmanas se darán cuenta de que ni necesitan ser meros bultos por no "ofender" a sus "cuidadores" y que se puede ser practicante y devoto de cualquier religión sin necesidad de que eso suponga ninguna humillación.

Pero no nos las demos de listos, que tampoco en cuestiones teológicas de respeto andamos muy finos; que ayer mismo el Papa de Roma ha dicho la tontería del siglo y tan panchos nos hemos quedado. Sí, eso de que en este y solo este año de jubileo, el Papa de Roma ha decidido "perdonar" a las pecadoras mujeres que han abortado. Oh, mira, cuánta "generosidad masculina" por parte de señores que van vestidos con faldas. Mire usted, Papa de Roma, no me toque los ovarios , que "gracias" a unas inventadas consignas religiosas, todavía hay mujeres que van a la cárcel por abortar o por querer algo tan lógico como divorciarse de un marido maltratador, y lo que es más grave, con ese "perdón" no sé si se ha dado cuenta del "detalle" de que se está santificando a los violadores y las violaciones a niñas que quedan embarazadas con 10 años. E incluso menos.

Ya saben ustedes que la Maru se enrolla como una persiana y de la torre Eiffel nos vamos a los cerros de Úbeda, pero es que no puedo con ello: pero ¡qué manía tienen todas la religiones con fiscalizar los órganos sexuales de las mujeres, qué salidorros están todos los monjes y monjas de cualquier religión que es que parece que no se quitan a las mujeres de la cabeza y todo les lleva a fiscalizar, prohibir y tapar a las féminas por el mero hecho de serlo! ¡Venga ya, a ver si salimos ya de una vez de la Edad Media, joder!

Y sí, que no me olvido, que la Torre Eiffel está en París, mide 312 metros, 324 si incluimos la antena, y en cada planta han puesto unos acristalamientos bien altos para que no se incremente en más el numero de 370 personas que se han suicidado tirándose desde alguna de sus plantas. Es el monumento más protegido de Francia, después de los edificios oficiales de gobierno y, lo mismo que otro tipo de inventos semejantes, está en constantes obras de mantenimiento y solo en pintura son necesarias 40 toneladas. Desde hace años tiene iluminación nocturna que la hace visible desde casi cualquier parte de París. Bueno, no la iluminación de la torre en sí, más bien la luz a modo de faro que sale de la cumbre de la torre y que si bien hace la función de guía si estás cerca, también ejerce una extraña impresión que a mí no me acaba de convencer, parecen las luces de aviso de bombardeo inminente que vemos en tantas películas bélicas. Es que yo soy muy mía con mis manías y esa luz fantasmagórica que sobrevuela los tejados del barrio cercano a la torre no me gusta demasiado.
Contrariamente a lo que parece que piensa todo el mundo, la iluminación no dura toda la noche y de hecho hubo alguna moción para eliminarla del todo salvo para ocasiones especiales, porque la factura de esa iluminación es comprenderán ustedes, astronómica, pero no cundió la moción porque no deja de ser un atractivo turístico más.

Hay un bonito restaurante en la segunda planta que responde al nombre de Jules Verne y que, contrariamente a lo que se podría suponer, no resulta de precio prohibitivo y la visita merece la pena, no solo por las vistas, que ya les digo que bueno, que sí, pero que París es una ciudad más para ver desde el suelo que desde lo alto; pero las patatas soufflés del restaurante, además de curiosas son deliciosas, y aunque parecen muy fáciles de hacer, yo que he hecho la prueba en casa intentando imitar tan aparentemente sencilla y original presentación y preparación, y va ser que el truco no está ni en el corte ni en la calidad de la patata, ese truco está en la doble fritura y seguiré con mis intentos pero hasta ahora mi éxito de imitación ha sido muy limitado.

El señor Eiffel murió en 1923 los 91 años y le tocó vivir la época de controversia de quienes defendían la permanencia de la construcción y de quienes denostaban y odiaban ese enorme artefacto, lo que le ocasionó no pocos disgustos personales. Seguramente nunca imaginó que su obra sería el signo más inequívocamente reconocido y reconocible no solo de París, también de toda Francia. Pero tampoco se imaginaría que necesitaría estar permanentemente protegida por militares con armas bien a la vista.

Ya ven ustedes, ¡cómo en tan poco tiempo cambian y tanto las cosas! Y los problemas.

22 de noviembre de 2015

Oh, mon Dieu!!

Vamos a ver, que ya me estoy poniendo un pelín nerviosa... Estoy escuchando y viendo en un canal de noticias a un señor que dice ser experto en muchas cosas y está el hombre muy serio diciendo que la culpa de los males del mundo la tengo yo. Así, tal cual, oiga. ¿Yo y yo misma, como seres malvados nacidos en occidente, somos responsables de que una panda de tarados drogados se hayan dado tres paseos por París matando gente? Oiga, que no; ya le digo yo a usted, señor experto, que no.

El señor insiste en la teoría de la maldad de Occidente y la sustenta en que todo tiene su origen al crear a golpe de regla y cartabón los países de Oriente Medio por el malvado occidente que, por eso y muchas maldades más que hoy no tocan, está recibiendo lo que merece por mezclar etnias y creencias religiosas en territorios árabes y blablabla. Expolio occidental, malvado Occidente... Vamos, que les resumo: que todo el mundo es bueno menos usted, estimado lector, y yo y yo misma, porque somos "malvados occidentales".

¡Venga ya, estoy hasta los pelos de las cejas del mantra de "malvado Occidente"!

Al señor experto este se le "olvida" decir o preguntarse qué es, por ejemplo, Francia como estado. ¿Qué tienen en común, como seres vitales individuales, un señor de Pas-de-Calais, norte de Francia, con otro señor de Toulon, sur de Francia? Pues apenas nada y durante siglos ni se hubieran imaginado sus ancestros que acabarían pagando los mismos impuestos bajo misma bandera. Y ¿no es precisamente el concepto de civilización, por el que llevamos siglos luchando, la convivencia o tratar de llegar a una convivencia pacífica a pesar de los contrastes de etnias y demás conceptos antropológicos? Sabemos que no es perfecto ni fácil, pero oiga, se intenta.

Porque usted oye al señor experto en todo y tal parece que los países europeos, es decir, el "malvado Occidente", están "hechos" por un ser divino, sabio, justo (y pelín racista), ya que ha puesto a los franceses en Francia y no en Alemania, a los alemanes en Alemania y no en Italia, y a los italianos en Italia y no en Polonia. Y que es así porque todos los italianos son iguales, todos los alemanes son iguales y todos los franceses son iguales; y, por tanto, y gracias a vivir los franceses en Francia y no en Italia, y los italianos en Italia y no en Dinamarca, esto de Europa es una pacífica balsa de aceite de amor y paz y destinados tales estados igualitarios y uniformes a una idílica fraternidad para siempre jamás.

Pues va a ser que no, ya lo sabemos.

Europa se construyó como se construyó y fue ardua labor, y ni se lo voy a contar a ustedes que seguro que lo saben y, en todo caso, para algo están los libros de historia. Pero de lo que no se percata el señor experto en tantas cosas es de que, al decir que la construcción de los países de Oriente Medio, en que en un mismo espacio geográfico se cometió el "tremendo error" de mezclar distintas etnias y conceptos religiosos y eso es lo que trae tantos problemas inacabables en la zona, eso, señor experto en tantas cosas, es darle la razón a Donald Trump y a Antonio Recio en lo de "yo no soy racista, soy ordenado. Si Dios nos separó en continentes, por algo sería.". Creo recordar que Hitler tampoco era nada partidario de la convivencia pacífica de mezclas raciales y culturales...

Por lo que tenemos que el experto parece que no se está dando cuenta de que, culpando de todo al "malvado Occidente", está poniendo a los ciudadanos de esos países de Oriente Medio de incivilizados racistas, incapaces de vivir juntos por no ser de la misma etnia y concepto religioso. Lo cual, dicho sea de paso y aunque no creo que sea la intención del "experto", no deja de ser verdad. Si el problema de Oriente Medio es que en el mismo país no saben, no quieren y no les da la gana convivir distintas etnias y religiones y no están dispuestos a dejar de matarse entre ellos tras décadas y décadas de convivencia que ni quieren ni aceptan, pues eso tiene un nombre y es racismo y segregación. Lo de toda la vida en todas las partes del mundo hasta que llega el momento, aunque sea por puro agotamiento, en que se acepta que mejor convivir que matarse.

Por tanto, menos rollo con el "malvado Occidente", que en todos sitios se cuecen habas racistas y xenófobas, y los musulmanes en concreto llevan siglos matándose entre ellos ¡y sin la ayuda de nadie! Porque desde el comienzo de su propia historia están discutiendo y peleando sobre quién es o quiénes son los descendientes legítimos del profeta. Le recuerdo al experto que Abderraman I llegó a la Península Ibérica como único superviviente de la masacre de toda su familia por sus propios coetáneos musulmanes. Y en aquel entonces, ni existían Francia, Alemania o Italia ni nada parecido al "malvado Occidente", que bastante ocupados estaban por tierras europeas con otros menesteres que eran, sobre todo, matarse entre ellos mismos y a quien se acercara de otros sitios. Y eso mismo que les pasa ahora a los musulmanes, de pelearse por todo y contra todos, es algo que por estos lares ya lo hemos pasado y aún seguimos en ello, aunque de forma diferente. Si antes era la religión o los botines de guerra, ahora todo es discutir, en el "malvado Occidente", que yo tengo RH negativo y tú no, que yo como fabada y tú té con limón, que patatín y patatán, que es que el ser humano si no pelea por algo se aburre e inventa lo que sea por matar, humillar, defenestrar y machacar al vecino.

Esa es la historia de la humanidad, de TODA la humanidad.

Y cuando los "malvados occidentales" ya estábamos tratando y casi consiguiendo lo de mal disimular y desterrar en lo posible esas ganas ancestrales y antropológicas de cargarnos todo lo que no fuera "lo nuestro", pues éramos pocos y parieron los líos orientales del mantra "¡malvado Occidente, pagaréis por vuestro desprecio!" y vamos de listos pero somos más tontos que las piedras porque ¡nos lo creemos!
¡Como si los "occidentales" fuésemos una masa compacta y acorde sin fisuras de iguales ideas! ¡Es que si la cosa no fuese de tan graves consecuencias, sería un mal chiste! ¡Como si antes de la llegada de los "occidentales" a cualquier sitio todo fuera el dulce paraíso terrenal de todo amor y paz... Es que... De verdad... ¡Lo que hay que oír! ¡Como si la cultura oriental hubiera estado quietecita sin moverse ni expandirse nunca y fuese un prodigio de paz y amor, amosnomejodas!

Mire usted, señor experto en muchas cosas, usted es muy libre se sentirse culpable de lo que quiera y le apetezca pero, en este tema concreto que hoy nos ocupa, ya le advierto de que nadie de mi familia participó en la distribución del territorio del extinto Imperio Otomano en distintos países. Nadie. Se lo aseguro y, de hecho, le informo de que he sido la primera y hasta ahora la única que de toda mi estirpe familiar ha puesto un pie en territorio de Oriente Medio donde, efectivamente, el tan alabado concepto por estos occidentales lares de "sociedad multicultural" como ejemplo de civilización, brilla por su completa ausencia pues los únicos seres "multiculturales" que se podía usted encontrar por allí... éramos los integrantes de variadas nacionalidades llevados de un lado para otro como panda de turistas pardillos, como una servidora que no tiene reparo en confesar que tiene mucho vicio con eso de viajar, pero le aseguro que ni trafiqué con petroleo, ni con drogas ni con seres humanos, ni insulté ni maté a nadie ni me dio por pasar el rato quemando mezquitas o sinagogas; por no hacer es que ni compré nada, pues lo del regateo me da tanta pereza como dolor de cabeza y ni a los puestos de souvenirs me acerqué. Total, ¿pa qué, si casi todo es made in China? China, otro ejemplo claro de otra sociedad donde la "multiculturalidad" y eso de "los derechos humanos" les da mucha risa pero no por ello paramos de comprarles, y compramos con mucha alegría y cero remordimiento, todas esas porquerías, imitación de nuestras propias porquerías "occidentales", que ellos producen sin parar.

Con esto ¿qué quiero decir? Pues que se abstenga, señor experto, y otros "expertos" como usted, en echarme a mí la culpa de las desgracias de la vida y sobre todo de las que causan los tarados del mundo a los que les da por drogarse y matar gente. Bajo ningún concepto se lo voy a consentir, que hasta ahí podíamos llegar. Porque a las buenas ya no soy muy simpática pero a las malas pues no va a ser usted, señor experto, el único que pueda decir cosas.

Que digo yo que si este experto y otros tantos en tantas cosas saben de los problemas del mundo, causas, origen y consecuencias, ¿qué demonios hacen perdiendo el tiempo en un programa de la tele o escribiendo libros? ¿Cómo es que no están en el meollo del conflicto solucionándolo todo? Es que no puedo con los "expertos" televisivos , esos expertos "de todo" que dan pretendidas lecciones magistrales señalando culpables con dedito acusatorio... Como si ellos fueran seres inmaculados de otro planeta destinados a no se sabe qué labor divina cuando, sobre todo, su labor más señalada es la de estar sentados en sus despachos y cobrando un sueldo por pensar mucho e ir a la tele a contarlo y hablar de su libro. Entonces va a ser que yo también soy "experta", aunque sea de andar por casa, porque pensar pienso muchísimo; ¡es un no parar de pensar lo mío! Es que no se lo pueden ni imaginar lo mucho que yo pienso, que hasta dormida pienso ¡y hasta acierto algunas veces! Pero ¿solucionar problemas del mundo? Cero.

Ergo, soy una experta.

Y si salir por la tele es lo que da pedigrí de "experto", eso se arregla pronto porque monto un canal propio en Youtube que lo van a ustedes a flipar. ¿La Maru contando en Youtube todo lo que piensa? Es que ni Fidel Castro ni Hugo Chávez con sus discursos de siete horas, ¡eso no es nada!; aquí servidora puede estar catorce horas diarias y seguidas hablando sin parar, se lo aseguro. Y arreglar no iba a arreglar nada, pero en eso parece que consiste en ser "experto de todo": hablar mucho y no arreglar nada. Y encima cobrar por ello.

Malvados no se si seremos los "occidentales" pero tontos somos un rato, que entre discutir quién es el más listo y la adoración a los futbolistas y a los "expertos", así nos luce el pelo.

29 de septiembre de 2015

Champán sin remordimientos

Imagen: Hola.
Las elecciones autonómicas catalanas me han liberado del compromiso personal de consumir determinados productos porque, en aras de mejorar la economía patria, una siempre se decanta por productos "de los nuestros" antes que "de otros". No sabía yo de lo erróneo de mi planteamiento y, aunque mis acciones pasadas ya son irrecuperables, y bien que lo lamento porque fue un autentico sacrificio gustativo, hoy por fin me veo liberada.

En este 27-S, que es como un mal chiste porque resulta que han ganado todos y han perdido todos, y Convergencia y Esquerra juntos han conseguido menos escaños juntos que por separado (parece increíble pero es cierto); es decir, tres años tirados a la basura para conseguir peores resultados que solo sirven para ver y vivir, en vivo y en directo, una utópica teoría sociopolítica de cómo sería, por ejemplo, un gobierno conjunto del PP y UI. Que es lo que es esa alianza extraña entre Convergencia y Esquerra. En ese sentido, es todo un privilegio ser espectador de tal cruce contra natura, y ver qué sale de ese apareamiento va a ser entretenido.

Pero si alguien ha salido ganando en esta jornada electoral, ni lo duden: he sido yo.

En medio todo este show mediático, oí a un señor y a su hija, dos personas muy educadas que expresaban libremente su opinión sobre su voto por "La extraña coalición", explicar que la base principal de su opción electoral era que "durante 300 años España ha oprimido a Cataluña". ¿Qué me dice, buen hombre? ¡Ah, bueno, bueno, bueno! Eso no se puede consentir, ¿no es cierto? Y si es por eso, tranquilo, que aunque yo no estaba enterada de tal cosa, pues que aquí menda no quiere verse involucrada en ningún tipo de opresión. ¡¡Hasta ahí podríamos llegar!! Y por mi parte pueden estar tranquilos los catalanes, que prometo solemnemente que de mi bolsillo particular no sale ya ni un céntimo que constituya ni contribuya a ningún tipo de "opresión". Porque si bien no es agradable sentirse persona non grata y "opresora", pues oiga, este buen hombre me ha quitado un enorme peso de encima.

Llevo toda mi vida de adulta, en las ocasiones de fiesta y celebración, brindando con y libando ese líquido infecto que se llama "cava catalán". En mi ingenuidad, no sabía que estaba contribuyendo a la opresión de un pueblo y, encima, bebiendo algo que en realidad no me gustaba na-da. Y ya que hoy me siento liberada de todo remordimiento, lo tengo que decir y lo digo: el cava catalán es mediocre por no decir rematadamente malo, y no aguanta ni punto de comparación con el más torpe champán francés. ¡Señor, señor, la de veces que me he comprado una botella de champán francés casi como un placer clandestino! Sí, champán francés, de los franceses que nos quemaban los camiones de fresas, los mismos que tan mal llevan que los españoles les ganen sus trofeos "patrios" delante de sus narices, y encima sean declarados los mejores deportistas por aclamación mundial. Que nunca se ha visto que los franceses insinúen nada "raro" sobre los grandes triunfos de un incombustible y suizo Féderer, o que duden de la capacidad deportiva de las selecciones de baloncesto de Rusia o Serbia y, sin embargo, ya sabemos de las "bromitas" a costa de Nadal o Pau Gasol.

Por tanto, mi afición al champán francés ha sido siempre una especie de placer prohibido que me causaba grandes remordimientos por comprar un "producto extranjero", existiendo algo similar "no extranjero". Pero ¡es que el champán está taaaaaaan bueno...! Cosa que no puedo decir de ningún cava. Pero ha sido oír a ese buen señor y a su hija y lo de la opresión española y, oiga, que se me han quitado los remordimientos de golpe y, si pudiera, les mandaría a padre e hija una tarjeta de agradecimiento. Porque si los franceses dicen que se sienten humillados por los triunfos deportivos y los precios competitivos de los frutos españoles, eso no es nada en cuanto a saber que los catalanes se sienten oprimidos por los españoles. Y no puedo hacer nada respecto a que la selección española de baloncesto sea campeona de Europa, pero respecto a la opresión catalana sí puedo hacer algo, y es no volver a probar para el resto de mi vida ni una gota de cava. Que es algo que hacía por pura solidaridad con un producto que no me gustaba nada, en consideración a que era "de los nuestros"; pero visto lo visto y oído lo oído, pueden estar tranquilos los catalanes que se consideren oprimidos y acosados por españoles porque, por mi parte, el cava desaparece ¡por fin! de mi vida. ¡Aleluya!

Nada, nada, que no se diga que con la compra de productos catalanes contribuimos a la opresión española, porque de las ganancias de las ventas catalanas y sus cuestiones fiscales viene lo de "España nos roba" y, aunque mi intención era inocente e incluso solidaria, por mi parte no voy a contribuir a ningún opresor desajuste fiscal. ¡Válgame el cielo, no, por favor! Arrepentida me hallo de todas las botellas de cava que han pasado por mi casa, pero a la torre Eiffel pongo por testigo de que nunca volverá a pasar una gota de cava por mi gaznate. Ya he sufrido demasiado y ya era hora de quitarme esa "opresión" de encima. Y, ahora y ante mí, se abre un nuevo mundo donde el cava ya no existe y solo hay champán francés... Y no les puedo explicar la felicidad que ello supone. Y no soy la única, somos muchos los que casi a escondidas comprábamos y saboreábamos con fruición, en la intimidad del hogar, un champán francés con unos langostinos de Cádiz, en esos días alternativos a la rutina que todos nos merecemos "porque yo lo valgo", y lo comentábamos a media voz, que no se supiera mucho que nos decantábamos por lo francés en detrimento del cava.

Pero en este glorioso día de liberación, hoy mismo voy a ir a mi supermercado de confianza y comprar, con orgullo y satisfacción y de forma bien visible, una botella de champán francés. El que sea, no he probado uno que no me guste, y la variedad es infinita y con toda clase de matices. Los franceses llevan mal perder en lo deportivo, pero esto de los espumosos es que lo bordan, ¡mon dieu! Y lo haré todas las veces que me apetezca, lo comentaré y hasta lo publicaré en mi Facebook, Pinterest, Twitter, Instagram, y hasta pondré una nota informativa en el tablón de anuncios de mi comunidad.

¡¡Me gusta el champán francés y detesto el cava!! ¡Qué gusto da poder decirlo! ¡Por fin!

Que yo sí que estaba "oprimida" y se me ha quitado de golpe. ¡Gracias, gracias, gracias a esos ciudadanos, padre e hija, que me han abierto los ojos (y recuperado el paladar)! Porque ya que los franceses nos tienen manía y los catalanes también, fuera remordimientos y vamos a lo que vamos, y es que el espumoso francés es infinitamente mejor que el español, ¡perdón!, catalán y yo, como Rafael Nadal, no soy rencorosa y ya siempre brindaré con champán francés. Ya si los gallegos también nos dicen que se sienten oprimidos por el resto de españoles, pues me va a costar mucho más dejar de tomar un Albariño; no les digo que no porque los hay estupendos pero, oiga, el mundo es muy grande y hay unos vinos chilenos extraordinarios que nada tienen que envidiar a los gallegos.

De momento, liberados de nuestro concepto "solidario" con productos que creíamos "de los nuestros" y que, sin saberlo, estábamos contribuyendo con nuestro consumo al malestar y opresión de ciudadanos catalanes, pues estoy en disposición de dar la enhorabuena a los catalanes porque, además de que se van a hartar de tomar todo el cava que no van a vender en el resto de España, seguro que eso de no tener que compartir sus productos con los opresores los llenará de alegría y entusiasmo y así dispondrán de más cantidad para exportar a quien quieran.

Todos contentos.

6 de septiembre de 2015

Mujeres masoquistas

© Terra.
Hacía tiempo que no salía con las amigas una noche de sábado y la conclusión de nuestras charlas en la cena es que seguimos siendo un país machista, y que el 90% de los maridos, compañeros, novios (póngase el nombre que se quiera) se desentiende o se escaquea en todo lo posible de los compromisos de pareja y sobre todo de lo respectivo al cuidado intensivo de los niños. Y que quien tiene abuelos disponibles, tiene un tesoro.

En líneas generales, es siempre la mujer la que carga (del verbo cargar, con todo lo que ello conlleva) con el llevar adelante la vida familiar. Y cuidado, no es una crítica a los hombres; bien al contrario, somos las mujeres las que nos ponemos en primera línea de fuego porque nos creemos capaces de todo y más. Hay dos casos bien diferenciados: la mujer que no tiene trabajo remunerado, por lo que sea, pero que generalmente es porque si hay niños alguien en la pareja tiene que asumir la principal responsabilidad de su cuidado; y las que tienen trabajo remunerado y quieren conciliar trabajo y familia.

Pocos hombres se plantean seriamente lo de la "conciliación", y sobre todo va a ser porque a mismo puesto de trabajo y misma cualificación profesional, misteriosamente las féminas ganan menos. ¿Por qué? Tenemos las mujeres un cierto toque masoquista para aceptar ciertas cosas inaceptables y estar siempre preocupadas, por todo. Porque una mujer que no se preocupa es una ¿mala madre?, y si te preocupas, ¿eres una histérica?

Aclaremos las cosas.

Cuando uno tiene estabilidad para formar una familia, la cosa acaba por joderse, sí o sí. O como mal menor se transforma en algo muy distinto a la idea original. Los matrimonios acaban siendo meras empresas con un no siempre equitativo reparto de puestos de responsabilidad y méritos. Y es que son pocas las casas, que han criado a los que ahora somos padres y madres, en las que se haya inculcado a los hijos e hijas la idea de compartir responsabilidades. Y de respeto mutuo.

No, no nos engañemos.

Todos sabemos o podemos conducir, todos podemos estudiar y trabajar, pero a la hora de la verdad no hay cosa más desastrosa para una mujer que formar una familia. El tener hijos corta las alas profesionales de una mujer pero no de un hombre. Porque el hombre (y también la mujer) "asume" que si alguien va a tener el peso de la crianza va a ser la parte femenina de la pareja, de forma voluntaria o porque el hombre gana más y no hay más remedio que tirar por ahí, o porque sí, o porque qué va a pensar la gente.... Seguimos mucho con la bobada esa del qué dirán, sobre todo en los pueblos. Yo nunca he vivido en eso que se denomina "pueblo", pero sí te cuentan cómo funciona la historia. Y desde luego, no hay peor pueblo que la propia familia, esa institución fundamental de la sociedad que consiste en que hasta ese primo lejano de tu madre, que no te conoce más que por foto, se permite el lujo de opinar sobre tu vida personal y se atreve a juzgar vidas ajenas blandiendo la bandera de "la familia".

Pero ese no es el tema.

El tema es que el machismo existe y cada vez más. No el machismo de no dejar estudiar a las chicas o vigilar cómo se visten, sino otro más sibilino y, en mi opinión, mucho peor. Es el machismo emocional, que consiste, sorprendentemente, en que ahora las chicas más jóvenes se "cuelgan " de manera inaudita de los chicos, a los que hay que demostrar que eres perfecta. Es el síndrome Angelina Jolie, pillar al príncipe azul después de vivir la vida a tope y cargarse de hijos sin dejar de ser sexy, deseable y hasta solidaria. Joer, qué estrés y qué pereza. Pero las yogurinas que te encuentras los fines de semana de fiestuki con las pandillas es para echarse a llorar. Las chicas van vestidas, y decir vestidas es ser muy generoso, con unas pintas que dan miedo, Y frío, mucho frío; esos minishorts con tacones de aguja dan, más que nada, mucho frío. Las hay que lo lucen, pero en general, los minishorts con tacones de aguja no favorecen nada a la adolescente típica española.

Pero no es que me parezca mal el cómo vayan vestidas, eso me parece estupendo; por mí como si es moda llevar una fregona atada en el pelo; eso es lo de menos. Lo malo, desde mi punto de vista de mujer, es que exhiben cacho y no siempre con buen gusto, y no porque les guste vestir así sino para "pillar" chicos, para crearse un "historial" previo al definitivo hombre de su vida, que está a punto de llegar y con el que serán felices para siempre jamás.

Yo es que siempre he sido rara, de yogurina salía a pasarlo bien y bailar, nunca a pillar nada y mucho menos a enrollarme en los baños de una discoteca con un absoluto desconocido, por muy bueno que estuviese. Es decir, ahora a las chiquilinas les da por imitar el peor de los supuestos comportamientos masculinos, que es el follar con quien sea sin mirar quién es. Bueno, eso no tendría nada de malo si de verdad esa fuera la única intención, pero no es cierto. Resulta que si no eres una chica "deshinibida total", no ligas, pero si ligas por ser tan guay, los tíos pasan de ti al minuto siguiente. Es todo demasiado complicado, y de ahí viene el que da igual que ahora se tenga toda la información del mundo sobre métodos anticonceptivos: los embarazos juveniles aumentan, y todo lo que ello conlleva.

Naturalmente, no es una conducta absoluta, pero sí es lo que, por lo visto, ahora predomina. Los chicos, ante tanta oferta de chicas con feroz ganas de marcha, se lo toman como un regalo y punto. No nos es ajeno que los cerebros masculinos y femeninos funcionan de distinta manera, y lo que para una chica puede ser el comienzo de una relación, para un chico es solo un fin de semana más. Y eso es así y no hay Ministerio de Igualdad que lo cambie. Luego tenemos la misma historia en años siguientes: las parejas se rompen, y mientras un divorciado con ganas de eso que se llama "rehacer" su vida lo tiene más o menos fácil, la divorciada lo lleva peor, porque el "mercado" se reduce y la competencia es temible. Hay divorciadas de veintipico hasta edad indefinida luchando por llevarse a casa un hombre que ayude a pagar las facturas y que arregle esa lámpara que siempre se funde.

Vamos, lo que yo defino como "machismo emocional", ese "tragar" con lo que sea con tal de no estar sola en la vida... Y cada vez más se da ese triste espectáculo. Ya sabemos que la adolescencia siempre es una etapa complicada, pero ahora mismo lo debe de ser aún más, y encima la adolescencia se prolonga hasta los cincuenta años en muchos casos.

Los chicos, ídem. Hay dos tipos bien diferenciados: el que va con los pantalones por los tobillos y cuidado desaliño, como sucio pero sin ir sucio, que es una cosa que debe de llevar mucho tiempo preparar y no luce nada; y el que va súper alicatado, camisa ajustada con pezoncillos marcados y moreno de lámpara.Yo no sé qué es peor, sinceramente. Pero el caso es que da igual la estética cuando no hay ética. El caso es que los años tontos de la adolescencia acaban pasando y llega el momento de "reloj biológico", otra tontería que se nos ha inculcado. Esa edad no definida en la que ya solo te apetece compartir cama con la una sola persona y que te mimen y mimar. No dura mucho porque... Porque no, porque la vida, la hipoteca, el trabajo, el maldito despertador, se empeñan en molestar el idilio eterno, pero siempre que apetezca mimar y ser mimado, algún rato bueno habrá.

Y avanzando avanzando, el caso es que si el niño se pone malo en el colegio, a quien primero llaman es a mamá sí o sí, sea ama de casa o cirujano cardiovascular. A los padres no se les molesta con cosas de colegio, que es lo que parece que es práctica generalizada. O el señor marido se va de congreso o de lo que sea una semana o tres meses sin ningún remordimiento, porque es su trabajo, y ya su mujer se arregla. Y sí, te arreglas, pero te estresas. Aunque da igual que nadie te lo va a agradecer. Eres mujer y puedes con todo. O algo más tonto que me pasado hace poco y que no quiero dejar de contar, porque es alucinante.

En un curso al que asisto, con mayoría aplastante de mujeres, en una proporción de 20/5 se nombra "delegado" a uno de los escasos chicos asistentes... Eso ya da idea de cómo funciona la cosa. Yo no estaba ese día, pero aluciné no poco con el resultado de la elección. A pesar de los pesares, somos las mujeres las que acabamos aupando a los hombre sobre nuestras cabezas. Y otro detalle, y esto es una pijada pero ya el colmo de los colmos. Esperando a entrar en clase mientras el profesor de turno se retrasaba, la profesora de la clase de al lado, que estaba dando clase con la puerta abierta (ignoro la razón), nos pide a "las chicas" que nos quitemos del ángulo de visión de sus alumnos porque los chicos no se concentran y se distraen. Y no estamos hablando precisamente de un curso de la ESO, que todos somos mayores de edad hace años.

Yo ese día me di cuenta de que este país va de fatal a peor, y fue la primera vez en mi vida que me vi en situación tan ridícula de tener que "escondernos", mis compañeras y yo, para no alterar el normal funcionamiento de un aula, cuando lo lógico sería que la profesora pusiese orden en su clase independientemente de la presencia de gente en el pasillo. Y que ninguna íbamos de minishorts... ¿Y esto va a ser que ahora las mujeres somos todas un cacho de carne disponible que por el mero hecho de existir "provocamos" a los hombres? ... Pero ¿qué demonios está pasando?

Yo no entiendo nada, de verdad. Y eso por poner pequeños ejemplos y no alargarme.

Luego habrá casos y casos, gentes y gentes, y familias y familias, pero es bien triste que el machismo existe y hay que reconocerlo, porque las mujeres lo consentimos y muchas veces lo fomentamos. No de manera consciente, pero cada vez que tengo una cena de amigas oigo las mismas historias: las mujeres siempre correteando de un lado para otro tratando de ser la mejor en todo, la más profesional, la más limpia, la más guapa, la más enterada de todo, la mejor madre... La mejor de las mejores en todo.

Envidio a los hombres, que en sus cenas ni se acuerdan de mencionar las toses de sus niños ni ese remedio infalible para que los cristales de la cocina queden brillantes e impecables, o la última crema facial milagrosa.
Lamento decirlo, pero nunca me he llevado bien con mis congéneres femeninas y con el tiempo no ha mejorado esa impresión. Me aburren profundamente las "conversaciones femeninas". Yo también tuve esa época en la que, sin que nadie me dijera nada, tenía que demostrar al mundo y a mí misma que podía con todo y además de buen humor. Hasta que me di cuenta de que no se puede hacer todo bien, y que además tampoco pasa nada.

Por eso cuando empiezan las conversaciones sobre las "penurias familiares varias" me voy al baño a retocarme el maquillaje, y a la vuelta procuro cambiar de tema a cosas más pueriles como yo qué sé, lo que sea; la crisis mundial, por ejemplo.

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